Ana Katzen

Consejos para escribir fantasía y reseñas de literatura fantástica

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El poder de escribir con los sentidos
2
Inspiración vs. hábito: ¿qué hace a un escritor prolífico?
3
Escribe lo que quieras, pero escribe.
4
Scrivener, el mejor amigo de un escritor
5
Los 3 errores que me ayudaron a superar el bloqueo de escritor

El poder de escribir con los sentidos

Hace un par de meses, mientras revisaba unos relatos que nunca verán la luz del sol porque moriría de vergüenza, me percaté de que algunas de mis descripciones eran innecesariamente largas. Al leer con mayor atención, me di cuenta de que se debía a que usaba muchos detalles visuales en un intento de lograr que la escena fuera más vívida. Por supuesto, era un intento fútil.
Una escena descriptiva no tiene que ser larga como la Biblia para ser efectiva y entretenida (confieso que tiendo a saltarme las descripciones largas porque me aburren). Me puse a leer y estudiar concienzudamente qué provocaba que leyera algunas descripciones y otras no y di con la respuesta: las descripciones que me gustan no usan solo la percepción visual, sino los cinco sentidos.

Eso tiene todo el sentido del mundo. ¿Cómo lograr que mis descripciones fueran vívidas, si no usaba el poder de los cinco sentidos? No percibimos el mundo sólo con los ojos. Cuando vas a ver una película en tu casa y te vas a hacer unas cotufas (palomitas de maíz en otros países), te toca meterlas en el microondas y oír el siseo del aparato y el estallido del maíz mientras el olor del suculento manjar impregna la casa antes de poder saborearlas.

La vida sería aburrida con un sólo sentido. ¿Por qué habría de ser diferente con la literatura? Los detalles sensoriales ayudan a que el lector cree una conexión más íntima con lo que está leyendo.

El oído

 
El oído es nuestro segundo sentido más usado, capaz de orientarnos en el espacio con gran efectividad y producir emociones poderosas; de seguro habrás escuchado música que te ha hecho reír o llorar.
Gracias a nuestro sentido del oído, podemos añadir textura al mundo que percibimos a través de los ojos. No basta con decir el mar estaba bravo ese día. ¿Por qué no mencionar el rugido de las olas y el incesante graznido de las gaviotas? 
El sonido también es una herramienta poderosa para añadir contexto. No es lo mismo describir a un anciano postrado en la cama que decir que oía el tic toc del reloj mientras esperaba la muerte.

El olfato

El olfato nos transporta al pasado: es el sentido con la mayor capacidad de evocar recuerdos, especialmente de la infancia. Galletas en el horno, césped recién cortado, tierra mojada, alcohol, cloaca… todos estos son olores que nos dan información de forma sutil e impactante a la vez.
Nuestro padre llegó entrada la noche, borracho como siempre.
Nuestro padre llegó entrada la noche, con el alcohol en el aliento, como siempre.
Dos formas de decir lo mismo, pero me parece que me gusta más la segunda. La primera me dice que el hombre estaba borracho, mientras la segunda me lo muestra.

El tacto

El tacto es un sentido íntimo. Preferimos estar a cierta distancia el uno del otro y evitar el contacto a menos que nos sintamos cómodos. Es por eso que los buenos amigos tienden a estar cerca cuando hablan, a darse palmadas en la espalda, y otras demostraciones de afecto.
El tacto no está restringido a las personas, por supuesto. Tocamos muchas cosas a lo largo del día, algunas sin pensarlo. Otras veces es algo inconsciente, para establecer una conexión emocional. Cuando me mudé, abrí la puerta de mi habitación y me quedé contemplando el vacío por largo rato mientras acariciaba el marco de la puerta, como despidiéndome.

El gusto

Es poco común poder usar el gusto, pues es nuestro sentido menos usado, pero es igualmente poderoso. El gusto a veces dice mucho de la gente. A algunos les gusta el café negro, mientras que otros lo prefieren con más leche que café, suficiente azúcar para inducir un coma diabético y crema batida encima. También puede evocar recuerdos, como que la torta de chocolate que hacen en la repostería de la esquina sabe igual a la de tu abuela. Usa el sentido del gusto cuando sea natural hacerlo, cuando quieras resaltar las cualidades, buenas o malas, de algún sabor.

Gracias a esto, descubrí que no es necesario añadir infinidad de detalles visuales para dar realismo a una escena. ¡Sólo hace falta escribir con todos los sentidos! Cuando te toque escribir una escena, piensa qué tus otros sentidos y usa eso para meter al lector de lleno en la historia.

Inspiración vs. hábito: ¿qué hace a un escritor prolífico?

Apenas hace una semana, expliqué los 3 errores que me ayudaron a superar el bloqueo del escritor. Como mencioné, posiblemente lo que más me ayudó fue cambiar mi percepción sobre el arte de escribir y sobre el escritor mismo.

Solía tener una idea de cómo debía ser un escritor relativamente… romántica. Me imaginaba una persona tumbada en un diván de terciopelo rojo con brocados de oro, pluma en mano y copa de fragante coñac en otra, y una hoja blanca sobre la mesita de centro, a la espera de que las musas proveyeran de la muy necesaria inspiración para embarcarse en la gran tarea que supone escribir una novela.

Me siento como una idiota confesándote esto, pero como no soy la única con esa imagen (o con otras todavía peores), creo que es hora de desmitificar esto porque los escritores más prolíficos no son así.

Si has intentado escribir una novela, te habrás dado cuenta de que la inspiración no es suficiente. Está ahí cuando trabajas, o cuando estás manejando, o cuando te estás dando una ducha. Pero tan pronto te sientas frente a la computadora a plasmar los frutos de tu imaginación, algo falla.

Y por supuesto que falla. La inspiración te da una chispa, el impulso necesario para comenzar una novela, pero dicha chispa no llega ni a la mitad. Culminar la novela queda a manos del autor, y esto sólo ocurrirá si abandona la imagen que tiene del arte y la asume como un trabajo. Sí, un trabajo. Cito a Stephen King:

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Escribe lo que quieras, pero escribe.

Suelo merodear por muchos foros, pero sólo comento en uno llamado Fantasía Épica. Participo regularmente en los juegos de la comunidad (las risas que una se lleva) y comento en relatos y adelantos de novelas. Es una buena comunidad, nos corregimos los unos a los otros, ayudamos a mejorar las cosas, y eso.
Pero todo esto dentro de sus límites. Hace unos días, vi que un usuario comentaba en el prólogo de un chico de unos 13 años y básicamente le dijo que la idea era mala. Aquí ya deja de ser una buena crítica, es simplemente destructiva y fuera de lugar.

Primero, voy a exponer mi punta de vista sobre el por qué el escritor escribe. Para mí, uno escribe porque tiene una historia en la cabeza. Sobre si estaba ahí desde un principio o si el autor la creó conscientemente, no lo sé, pero el hecho es que uno escribe esa historia porque le gusta verla en su cabeza, le gusta su susurro en los oídos y las emociones que le trae mientras se va desvelando, ella sola o con ayuda. En otras palabras, el escritor escribe para sí mismo.

También existe la esperanza de que otros lean la obra y disfruten al hacerlo, pero eso es una ocurrencia que se deriva directamente del hecho de que como el escritor disfruta  narrar la historia, debe haber otros que disfruten leerla. Puede ser una persona, diez, mil o millones. ¿Quién sabe? ¿Y a quién le importa? Si disfrutas contar esa historia, ese amor que sientes por ella impregnará sus páginas, y quizá alguien más disfrute leerla.
Personalmente, aprecio que me corrijan, que mencionen que tengo un error en la segunda línea del párrafo, que me digan de frente que hay una incongruencia en la trama… Eso lo aprecio mucho. Pero de ahí a que me digan que la idea no sirve y que la tengo que abandonar o rehacer, pues… ¿no te jode la paciencia?
Me imagino cómo se hubo de sentir ese chico cuando el primer comentario que recibió fue ese. En serio, me parece que recibir este tipo de comentarios es parte del oficio, pero hay que entender que uno escribe lo que vive. ¿Cuánto se puede vivir en 13 años? Mucho y poco; aún no se tiene la perspectiva, la experiencia, la madurez necesarias para ilustrar una historia tan larga con la pericia de alguien mayor, alguien que haya estudiado más, alguien que haya leído más, alguien que haya vivido más.
Una persona que quiera escribir tiene que limitarse a vivir, leer y escribir. Entre más se hagan las tres, más se mejorará el estilo, más se entrenará esa habilidad para narrar una historia, una buena historia. Eso opino yo.
No conforme con esto, el hombre comentó en otro relato más o menos con las mismas palabras, recomendando al autor que cambiara la historia para que él pudiera leerla. A este punto, me tuvieron que arrancar del teclado antes de que escribiera algo de lo que me iba a arrepentir. 
En fin, que alguien tenga el caradurismo de decirle a un escritor que su idea es mala o que no sirve me parece uno de los peores insultos. ¿Qué sabe él de la historia que se
retuerce en la mente del escritor? Nada. Él es un observador. Un lector.
No un  hacedor de historias, de ESA historia en particular. El escritor es el que sabe, el escritor sí. 
No te preocupes por este tipo de comentarios. Ya bastante tenemos los escritores con nuestras propias dudas. Si hay una historia que escribir, escríbela. Puede ser de cualquier cosa, pero sólo escríbela.

Scrivener, el mejor amigo de un escritor

Hace unas semanas comenté que estaba traduciendo Scrivener, un programa diseñado especialmente para escritores de cualquier tipo: desde novelistas hasta estudiantes de posgrado trabajando en su tesis. Anteriormente la versión para PC era bastante simple en comparación con la versión Mac, pero hace unas semanas salió la versión 1.5.3.0, con lo cual esta versión está bastante cerca de la original. Se ha convertido en una herramienta poderosa para planificar, escribir, revisar y publicar una novela.

Bien, ¿qué es este programa? Podrías decir que es un procesador de palabras. Y un tablón de corcho donde poner tarjetas. Y un organizador. Y una pizarra para dibujar a lo loco.

Scrivener es todo eso. Es una herramienta versátil que cuenta con todas las funciones que podría necesitar un escritor sin forzarle a usarlas. Si quieres sólo un procesador de palabras sencillo que te permita cambiar escenas de lugar con sólo un clic, puedes hacer eso. Si quieres tener un sitio donde guardar tus notas, imágenes, organizar tus escenas, hacer mapas mentales y todo lo demás, también puede hacer eso.

Aquí van algunas de mis funciones favoritas:
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Los 3 errores que me ayudaron a superar el bloqueo de escritor

El temido bloqueo de escritor. Se acerca zumbando en los oídos como un molesto mosquito y se anida en la mente, espantando las brillantes ideas del atormentado escritor. ¿Qué escritor no ha padecido de este mal incapacitante? Solía ser un problema para mí.

Ya no.

Primero, permíteme ir atrás en el tiempo. Cinco años atrás, para ser más precisa, cuando vivía mi despreocupada vida de estudiante de bachillerato. Era una de esas chicas que podía sacar buenas notas sin esforzarse mucho (salvo en matemática, mi eterna enemiga) y que vivía en su propio mundo de fantasía. Mis actividades se reducían a ir a la escuela, salir ocasionalmente y leer.

Escribir fue una afición de pequeña, pero no fue sino hasta bachillerato que tuve una idea, una idea genial, y me dispuse a escribir una novela. Todos los días me sentaba frente a la computadora y escribía por largas horas, hasta que, un día, sencillamente, dejó de pasar. Me senté y por más que miraba esa hoja en blanco, no pude escribir nada.

—Bueno, a lo mejor estoy cansada —me dije con la cabeza ladeada—. Mejor lo dejo hasta aquí y lo retomo mañana.

Lo hice. En los subsiguientes días, me senté en esa silla con la mirada fija en la pantalla, esperando que las elusivas musas decidieran hacerme una visita. Lo hicieron, muy ocasionalmente y de mala gana. Lo que mis dedos escribían era doloroso, inservible. Poco a poco comencé a pensar que, tal vez, no tenía talento, que debía abandonar aquella idea por más buena que fuera por el hecho de que no podía hallar las palabras para narrarla.

Pero sacudí la cabeza y me convencí de que solo estaba bloqueada, nada más. Mientras me llegaba la muy necesaria inspiración, debería ir revisando y corrigiendo lo que ya tenía. Gran error. Me encontré con un manuscrito lleno de agujeros argumentales, frases mal construidas y cualquier otro horror. Eso me convenció de que no tenía talento.

Por cuatro años no escribí nada que requiriera ningún esfuerzo creativo.

Entonces, en agosto del año pasado, volví a recordar esa época en la que escribí y se sintió bien. Me pregunté qué me había pasado, cómo me había metido en ese atolladero… y después de unos días, llegué a la conclusión de que el bloqueo de escritor me había atacado porque estaba escribiendo mal. ¿Qué parte había hecho mal? TODO.

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Copyright © 2016 Ana Katzen.