Categoría Opinión

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Cómo piratear libros sin joder a nadie
2
Cómo hacer feliz a un escritor
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Cómo pueden tus prejuicios ayudarte a ser mejor escritor
4
Si quieres más representación femenina en el arte, escribe tus propias obras
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El error de decir «Es mi estilo»

Cómo piratear libros sin joder a nadie

No, no estás leyendo mal ese título. Sí, esta es una entrada sobre cómo piratear libros. ¿Por qué yo, una autora, haría algo así y me arriesgaría a incordiar a todos mis colegas? Por dos motivos:

  1. Porque no hay forma de evitar que la gente piratee. Pese a esto, creo que la mayoría recurre a esta práctica porque en muchas ocasiones es más fácil o porque no tiene conocimiento de cómo perjudican al autor y los beneficios que obtienen las personas que proporcionan enlaces de descarga. Creo que la piratería NO es necesariamente dañina y que se puede realizar de tal modo que beneficie tanto al lector como al autor.
  2. Porque yo misma he pirateado libros, así que sería hipócrita si me uniera al grupo de autores que se oponen a la práctica. Prefiero ofrecer algunas alternativas a la piratería (que existen) y hacer una distinción entre la simple descarga y la descarga con consciencia. Sé que podrá parecer un concepto extraño, pero intentaré explicarlo de la mejor manera posible.

Con esta entrada no busco hacer enemigos, aunque entiendo si mis compañeros escritores se enfurecen conmigo por esto. Todo lo que pido es que mantengamos una discusión civilizada en los comentarios. Y que no insulten a mi madre, que nada tiene que ver.

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Cómo hacer feliz a un escritor

Es bien sabido que la gente es más propensa a quejarse cuando algo no le agrada que a cantar alabanzas cuando algo le sorprende y le encanta. Nada más hay que buscar en cualquier página de opinión para darse cuenta de que cuando las personas expresan sus pensamientos, usualmente es para decir algo negativo. Este efecto se ve agravado en las redes sociales, donde reinan la negatividad y el mal rollo. Son pocos los que caen en cuenta que no solo pueden usar estas herramientas para criticar una lectura que no les gustó (que es completamente válido), sino también para hacer feliz a un escritor.

¿Cuándo fue la última vez que le mandaste un tuit a tu escritor favorito dándole las gracias por escribir esa novela que tanto te gustó? Porque así de fácil es. Con un tuit puedes alegrarle el día y a lo mejor hasta lo haces bailar. Verás, si a los escritores no nos importaran las opiniones de los demás, no publicáramos. Nos contentaríamos con dejar nuestros escritos en un cajón para ahorrarnos el riesgo a obtener malas críticas y pasar un mal rato. En cambio, muchos de nosotros publicamos. Lo hacemos porque nos divertimos escribiendo las historias y tenemos la esperanza de que alguien las disfrute al leerlas.

Es por esto por lo que decidí hacer esta entrada: para cortar el mal rollo con buen rollo y fomentar una cultura de intercambio un poco más apegada a la realidad. Es imposible que todas las obras que lea una persona sean malas, como sugieren los feeds de algunos usuarios en Twitter o las calificaciones que algunos dan en Goodreads. Oye, si el puntaje promedio en tu perfil es de dos estrellas, algo va mal. Como lector, también te conviene alentar a los autores que te gustan.

Sin más, acá te dejo algunas formas de hacer feliz a un escritor.

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Cómo pueden tus prejuicios ayudarte a ser mejor escritor

Últimamente se ha hablado mucho de las formas en las que los autores nos censuramos a nosotros mismos. Krishna escribió un artículo al respecto en Pluma en acción, en el que afirma que la censura es inadmisible en la literatura, pero que lo mínimo que se espera del escritor es que afronte los temas sensibles con la seriedad que merecen. No puedo sino estar de acuerdo y me gustaría ampliar un poco sobre este tema: si dejas de censurarte a ti mismo y exploras a fondo tus prejuicios, puedes usarlos para ser mejor escritor. La autocensura es peor que inútil: es dañina.

¿Temes que nadie te vaya a leer si incorporas tabúes a tus historias? Usaré un ejemplo poco convencional para demostrar que tu peor miedo no se cumplirá: si algo he aprendido de la Internet, es que la regla 34 no aplica solo a la porno, sino a todas las áreas de la existencia. Aquí te la dejo de qué se trata esta regla, en caso de que no la conozcas: «Si existe, entonces debe haber una versión porno». Hay otras variantes de esta regla, como por ejemplo: «Si pensaste en ello, ya existe porno de eso».

¿Recuerdas esa caricatura que tanto te gustaba de niño? Pues en algún lado tiene una versión porno. Perdón por arruinarte la infancia.

¿A qué viene todo esto? La regla 34 es la quintaesencia de la internet porque demuestra que no es más que una herramienta para satisfacer toda clase de deseos de la manera más rápida posible. Todos lo sabemos muy en el fondo. Por algo hay una canción llamada The internet is for porn.

Nos encantan las historias con gente siendo machacada bajo el peso de un mazo. Es innegable también que las obras controversiales que incluyen todas las parafilias habidas y por haber pueden llegar a tener una base de seguidores gigantesca.

«Pero bueno, Ana, no quiero meter temas controversiales solo porque sí». Oye, yo tampoco. Pero si sigues aquí, es porque te interesa la idea de desafiar tus prejuicios y usarlos para convertirte en un mejor escritor, ¿no? Pues empecemos con un breve ejercicio. Un profesor mío presentó este problema para demonstrar la forma en la que nuestros prejuicios y sesgos pueden llevarnos a asumir posturas sobre temas polémicos.
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Si quieres más representación femenina en el arte, escribe tus propias obras

Esta entrada está más relacionada a los medios audiovisuales que a la literatura. Es solo que últimamente he estado pensando en escribir un videojuego (para ser más específica, una novela visual) y creí que sería interesante explorar el tema de la representación de la mujer en este medio.

Puede que hayas oído de Anita Sarkeesian. Si tienes la suerte de no saber quién diablos es, ahora tendrás el infortunio de conocerla: Sarkeesian es una especie de celebridad en la internet. Es una comunicadora social y feminista radical (tanto que a veces sospecho que es hembrista) que creó una serie documental titulada Tropes vs Women (Tropos contra las mujeres) sobre el rol de la mujer en este medio.

En verdad creo que esta serie habría sido muy valiosa… de no ser porque Sarkeesian parece analizar todo bajo un lente que solo detecta lo que ella denomina «el patriarcado heterosexual blanco» e ignora todo lo demás. Digamos que mutila las tramas de los videojuegos que trata en sus videos con el fin de reforzar sus intenciones políticas. Creo que con temas como estos se necesita decir la verdad sin tergiversar nada, pues la poca representación de la mujer salta a la vista si se señala y mentir no beneficiará a nadie.

En esta entrada analizaré algunos de los tropos propuestos por Sarkeesian para determinar si son tan cercanos al mundo de la ficción como ella cree. El objetivo no es ofrecer un tutorial sobre cómo crear personajes femeninos fuertes, sino desacreditar la noción de que ciertas situaciones reducen a un personaje a objeto, influencian la percepción que los espectadores tienen de otros personajes femeninos o que dichas situaciones desmejoran la calidad de la obra. Por último, hablaremos sobre la solución a la evidente escasez de personajes femeninos relevantes en la ficción.

Antes de comenzar, he de señalar que Sarkeesian es acosada en redes sociales e incluso ha recibido amenazas de muerte que la han forzado a huir de casa. Independientemente de lo impopular o incorrecto de sus afirmaciones, nadie merece ser denigrado por el mero hecho de expresar su opinión. Si eres de las personas que le agarra rabia a otros y luego va a Twitter a mentarles la madre y decirles que vayan a morirse, será mejor que no leas este artículo (y que busques un terapeuta).

Bueno, comencemos.
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El error de decir «Es mi estilo»

Cuando era asidua del ahora difunto Fantasía Épica, solía frecuentar un subforo llamado «Muestra tus historias» o algo así. Por lo general, yo no colgaba mis propios escritos, sino que leía los de los demás y daba mi opinión cuando el autor la pedía; en mis informes también incluía los errores que iba notando. Descubrí que los escritores tenemos una manía de lo más curiosa: cuando alguien nos señala una técnica mal empleada, defendemos su uso a toda costa.

Me explico: recuerdo haber leído el primer capítulo de la novela de un adolescente cuya historia rezumaba inmadurez, algo natural de las obras escritas por autores menores de quince. Esto no es malo. Sencillamente, es. Cuando leo historias así, mi punto de enfoque no es la complejidad de la trama o la veracidad de los personajes, sino el correcto uso de recursos como los signos de puntuación. Esto se debe a que la madurez literaria se desarrolla con la edad y la lectura, mientras que aprender cómo estructurar un diálogo correctamente es algo que se puede lograr en uno o dos días de estudio.

Volvamos a la anécdota: la transgresión más grave de la obra de este autor fue, justamente, el incorrecto uso del diálogo. Él los marcaba más o menos así, si mal no recuerdo:

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