Autora Ana

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Ideolenguas: Los Idiomas Inventados
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Cómo evitar una Mary Sue parte IV: atributos naturales
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Cómo evitar una Mary Sue Parte III: la historia
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Cómo evitar una Mary Sue Parte II: La Personalidad Núcleo (O El Verdadero Yo)
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Cómo Evitar una Mary Sue Parte I: Introducción

Ideolenguas: Los Idiomas Inventados

En esto de la fantasía y la ciencia ficción, es relativamente común que el autor invente una lengua. Tolkien inventó el Quenya y el Sindarin, las lenguas élficas, así como la lengua negra de Mordor. También está el famoso Klingon de Mark Okrand, que muchos fanáticos hablan con fluidez, y el Dovah usado por los dragones en Skyrim.

Crear una ideolengua no es tan simple como ponerse a “traducir” palabras del español al idioma inventado y añadir apóstrofes y marcas llamativas a diestra y siniestra. Un idioma, aparte de palabras, tiene reglas gramaticales que permiten su uso, además una cultura tras él, fonética y, posiblemente, escritura. Es posible hablar por completo en una ideolengua, así como traducirla. He aquí a Tolkien recitando su poema Namárië en Quenya:
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Cómo evitar una Mary Sue parte IV: atributos naturales

“Nunca en mi vida había visto a una persona cuya apariencia –¿cómo decirlo?—estuviera tan completamente definida por los ojos. Eran los ojos claros de su madre, pero su mirada en cierto modo fija y penetrante era incluso más marcada en el hijo, y tenía aún más fuerza y expresividad… Cuando vino a mi casa y le presenté a mi madre, ella me dijo esa noche, “¡Qué ojos tiene tu amigo!” y recuerdo particularmente que había más miedo que admiración en sus palabras.

Descripción de la Apariencia

La apariencia importa. Es lo primero que percibimos de alguien y, para ser sinceros, todos emitimos juicios basados en dichas percepciones. Asociamos ciertas características con rasgos de la personalidad, como por ejemplo, los asiáticos son genios, los judíos son tacaños, las rubias son tontas, etc. Es fácil caer en estereotipos… pero si nosotros como autores hacemos nuestra tarea y desarrollamos un personaje con personalidad, no hay de qué preocuparse. Podemos hacerlo todo un Adonis o una Afrodita y seguirá sintiéndose real por más que algunos digan que es Mary Sue. Si bien es cierto que una Mary Sue tiende a ser excesivamente hermosa (o apuesto), lo que la define como tal es su carencia de personalidad y el hecho de ser absolutamente perfecta.
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Cómo evitar una Mary Sue Parte III: la historia

¿Que es un hombre sino la suma de sus recuerdos? ¡Somos lo que vivimos, los cuentos contamos!” – Sujeto 16

La historia de un personaje es algo que el lector raras veces ve en su
totalidad, a menos que se trate de una especie de biografía como Crónica
del Asesino de Reyes. Cuando se hace mención de la historia previa del
personaje o se muestra detalladamente, lo más probable es que estemos
hablando del protagonista o de un personaje casi tan importante como él o
ella. Sin embargo, es mucho más común (al menos en el caso del héroe)
poner tan sólo un poco de su historia en los primeros capítulos, mostrar
lo que es normal en su vida: su entorno, sus interacciones con otras
personas y, posiblemente lo más importante, sus aspiraciones.


Tomemos por ejemplo a Frodo. Con tan sólo los primeros capítulos del
libro, ya sabemos unas cuantas cosas de él. Es un hobbit joven adoptado
por el excéntrico Bilbo. Frodo es amable, tranquilo, cortés,
generalmente reservado y callado. Muchas veces se lo ve solo, pero
sabemos que tiene amistades y quienes son, aparte de con quien prefiere
no mezclarse. Además sabemos que si por él fuera, no saldría de la
Comarca nunca; aunque tiene esa curiosidad por el mundo exterior
instigada por Bilbo, no es de abandonar todo lo que tiene en busca de
una aventura sin sentido.

Harry, un personaje cuya historia dice mucho

Podemos aprender mucho de un personaje sabiendo un trozo de su historia.
Después de todo, nuestra historia también juega un papel importante en
cómo nos desenvolvemos, pues las experiencias forjan nuestra percepción
del mundo hasta cierto punto aún no comprobado por la ciencia. A Frodo
no se le hubiera metido en la cabeza salir de la Comarca sin haber
tenido a Bilbo en su vida. Su personalidad núcleo no va con ello, pero
basta la presión del señor oscuro para que se embarque en una de las
jornadas más memorables que hayamos leído jamás.

Aunque hasta los sucesos más pequeños pueden tener repercusiones
gigantescas en el comportamiento de una persona, basta con enfocarse en
el ahora y en tener un boceto de cómo llegó ahí. Queremos saber cómo es
la vida de este héroe, cómo se comporta en público, qué piensa, cuáles
son sus valores, sus fortalezas y debilidades, con qué tipo de gente
forma amistades duraderas, y, por encima de todo, queremos saber qué
aspiraciones tiene. Queremos saber qué lo impulsa. Hay algo mágico y
maravilloso en los sueños de la gente, por más pequeños que sean.
Cualquiera puede hablar de sueños, pero cuando vemos a un personaje
trabajando por hacerlos realidad, de repente nos importa. Queremos ver
qué le hará el autor al pobre protagonista y qué hará él para vencer los
obstáculos. Lo que queremos es un personaje real que nos haga aclamar
por él en cada giro de la historia.

Pero antes de que nos importe el héroe, queremos hacernos una idea de
quién es. El autor no puede poner en la primera página “este tipo es
pobre, pero es buena gente y quiere ser médico” y después en la página
tres escribe que llegan los orcos destruyendo todo y nuestro héroe de
turno les vence a todos porque es el elegido. Ya hemos visto tantos de
esos tipos que cuando vemos uno más nos da dolor de cabeza de tanto
poner los ojos en blanco. Nos gustan personajes con fortalezas y
debilidades, con miedos y aspiraciones. El autor nos da una idea general
de la personalidad del héroe enseñándonos su vida cotidiana y luego
conminándole a tomar una aventura que pone en riesgo lo que quiere, o
por el contrario, podría concedérselo. Le propone desafíos cada vez más
difíciles, lo pone bajo presión, a veces lo quiebra. ¿Qué hace que el
héroe siga avanzando? Porque si el autor ha hecho su trabajo, tiene que
haber algo, y ese algo no fascina, nos encanta y nos engancha a
la historia porque no sólo queremos saber cómo terminará la trama, sino
cuál será el destino de nuestro héroe.

La verdad es que yo elijo la personalidad y luego trabajo en la
historia, pero de cuando en cuando me ha pasado que a partir de la
historia previa voy moldeando la personalidad. Al final, gran parte de
lo que sé no es siquiera mencionado luego. Son cosas que yo sé e iré
mostrando si considero que es un punto crucial o al menos relevante. La
idea tampoco es poner un montón de información que sólo consume páginas,
hay una trama que revelar. Es sólo que exploro el personaje a fondo
para conocerle bien y saber qué papel puede desempeñar.

Si el personaje es importante, me hago muchas preguntas sobre él. Para
descubrir su entorno, exploro su familia (¿Familia estable o separada?
¿Hijo único o el décimo hijo?), su posición social, su situación
económica, su nivel de educación, sus valores, sus amistades, sus
aspiraciones para el futuro, su percepción de su vida (¿le gusta o le
aburre? ¿Está conforme con su situación actual?), etc. Voy pensando cómo
quiero que sea y qué podría motivar a alguien de su personalidad e
historia a seguir adelante en las situaciones más desafiantes. Saco
también sus debilidades. Un personaje sin debilidades es perfecto, y
quien es perfecto no tiene posibilidades de cambio. Eso aburre, no se
siente real.

Toda esta información nos da una idea de lo que supondrá un desafío para
este personaje y lo que no tanto, y las posibles fuentes de conflicto
para él o ella. Eso es una mina de oro, porque eso es precisamente lo
que queremos: conflictos, tantos internos como externos. Somos
sadomasoquistas, ¡cómo nos gusta ver sufrir al prota y cómo nos encanta
sufrir con él!

Ya con esto tenemos un buen personaje, lo suficiente para conocer qué
hará con ganas y qué no haría ni a balazos. Podemos hacer que lluevan
conflictos sobre él o ella y en lugar de moverle como si fuera una pieza
de ajedrez sin vida para satisfacer la trama, se moverá solo: tendrá
preferencias, y cuando tenga que ir contra ellas, veremos un conflicto
en su mente, cierta resistencia que no le resulta fácil sobreponer. Ahí
sabremos que es real.

Sigue atributos naturales (apariencia física y expresión de las emociones)

Cómo evitar una Mary Sue Parte II: La Personalidad Núcleo (O El Verdadero Yo)

En biología y psicología, hay un fiero debate conocido como innato o adquirido. ¿Somos o nos hacemos? Aunque la respuesta a esa pregunta todavía no se ha hallado, es innegable que dos hermanos criados en la misma casa con los mismos principios serán diferentes, a veces muy diferentes. ¿Por qué? Porque sus personalidades, sus verdadero yo, son diferentes: perciben el mundo a través de otros mecanismos.

Dependiendo de esta personalidad, una persona puede reaccionar de mil maneras distintas, algo que puede tornarse confuso. Cuando un personaje hace algo que parece ir en contra de su personalidad o incluso en contra de sus principios morales sin sufrir ninguna clase de crisis, es obvio que el autor sólo lo está usando para satisfacer la trama y el personaje que ha creado es falso. Punto.

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Cómo Evitar una Mary Sue Parte I: Introducción

“Una idea no tiene valor sin personajes creíbles para implementarla; una trama sin personajes es como una cancha de tenis sin jugadores. El Pato Lucas es a la historia de Buck Rogers lo que Jonh McEnroe era para el tenis. Personalidad. Ese es el tono, el tambor y el flautín. Olvídate de la trama.”

No estoy de acuerdo con Chuck Jones en esta. ¿Quién lee un libro sin trama y le gusta? Pero también se puede preguntar lo opuesto: ¿quién lee un libro sin personajes creíbles con los que podamos empatizar? Por más épica que sea la trama, encontramos difícil (o al menos yo) querer a un protagonista acartonado que de alguna forma mágica termina como el factor que decide el destino del mundo. No, tampoco me importa su novia rubia con un cuerpo del pecado.

El autor podrá hacer uso de un arsenal de herramientas de doble filo para hacer que su personaje aparente tener personalidad, como darle un acento que lo haga destacar, dotarle de gran atractivo físico, colmarlo de inteligencia, imbuirlo de encanto superficial y labia; antes de darse cuenta, termina con un personaje plano bendecido por los dioses: una Mary Sue o un Marty Stu. ¡Y por todos los dioses, ya estamos hartos de las Marisús!

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Copyright © 2016 Ana Katzen.