Reseña — Golondrinas muertas en la almohada — Lucas Albor

Golondrinas muertas en la almohada es una novela underground del autor Lucas Albor, publicada por la Editorial Amarante.

golondrinas muertas en la almohada

Sinopsis

Johnny es un joven buscavidas que forma parte de una red clandestina, dedicada al tráfico de bebés muertos. Max, un agente de policía envuelto en distintas tramas de corrupción. Luz, una vendedora de almendras que se prostituye para mantener a su familia. Héctor, un alcohólico que cierra los bares junto con su amigo Henry Chinaski (alter ego del autor americano Charles Bukowski, muy presente en la obra).

Entretanto, Mercedes llora la muerte de su hijo. El Dr. Fark coordina las acciones represivas de la política local. Sandra sale de la oficina. Suena el teléfono de un alto cargo. María muerde un pedazo de magdalena. Luisa prepara café. Rubén espera la horca. Paulo acelera por la autopista, con un cadáver en el maletero.

“Golondrinas muertas en la almohada” transcurre en la ciudad imaginaria de Tucumán, un lugar en el que la legalidad, la ilegalidad, el poder y la miseria confluyen y se entrecruzan constantemente. Imágenes, acontecimientos y personajes se suceden de manera aparentemente inconexa, pero en su desarrollo irán desvelando las relaciones que mantienen entre sí.

Ficha técnica

Título: Golondrinas muertas en la almohada
Autor: Lucas Albor
Género: literatura underground
Editorial: Amarante
ISBN: 978-84-945890-2-7
176 páginas
Rústica sin solapas /eBook
Precio: 5.99 €/ 18 €

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Reseña de Golondrinas muertas en la almohada

Esta es la segunda obra nominada a los Premios Guillermo de Baskerville 2016 que reseñaré. Esta vez, se trata de una novela coral de género underground. Comienzo a creer que las obras nominadas pertenecen a los subgéneros más curiosos.

Golondrinas muertas en la almohada está ambientada en la ciudad imaginaria de Tucumán, cuyos problemas de corrupción, miseria y desesperanza me recuerdan a muchos pueblos recónditos de América, olvidados por el resto del mundo. De hecho, pienso en México cuando leo «Tucumán», o tal vez a algún país de Centroamérica.

Lo impresionante es que el autor logra una ambientación definida sin recurrir a parrafadas de descripciones; doblemente asombroso porque se trata de un autor español y no lo oculta al narrar. Sus personajes usan joderes en lugar de carajos, y gilipollas en lugar de pendejos. Me agrada esta autenticidad. Después de todo, la corrupción, la miseria y la desesperanza son temas universales. Tal vez si el libro fuera traducido al chino, los lectores no pensaran en la América que no conocen, sino en los pueblos en Guizhou o Yunnan.

Este es un libro que deja impresiones iniciales bastante poderosas, aunque pudieran no ser del agrado del lector. No lo digo porque el inicio sea trepidante, sino porque el autor hace uso del polisíndeton:

El enano es insaciable. Fredo le oye llorar y se quita las gafas de leer y deja el libro sobre la mesita y se sienta trabajosamente sobre el colchón. Apoya la mano derecha en el cabecero de la cama y ahoga un acceso de tos y agarra el bastón con la mano izquierda y se incorpora y camina renqueando hasta la habitación de la madre. Deja caer los nudillos temblorosos sobre la puerta, una, dos, tres veces. Aguanta unos segundos, acerca el oído, menea la cabeza. Mejor dejarla dormir, murmura para sí.

Hallo este recurso insoportable en la mayoría de los casos. Por suerte, el autor supo equilibrar esas oraciones plagadas de «y» con otros recursos. Contribuye a que la lectura no se haga repetitiva. En lo personal, no me pareció densa. De no ser por el trabajo, me hubiera tragado la novela en una tarde.

Otro aspecto interesante es que el autor decidió emplear los puntos de vista de distintos personajes en lugar de seguir a un único protagonista. Esto le permite al lector explorar el grado de decadencia de Tucumán y los que deben ser víctimas (o victimarios) de ella. Me encariñé con algunos y me dolieron sus muertes al tiempo que deseaba que otros murieran. ¿Qué se hace? La vida es injusta.

En cuanto al argumento, es desagradable. Esta no es una distopía adolescente tipo Los juegos del hambre, en la que unos muchachos con apenas pelo en el pubis logran derrocar a toda una maquinaria de gobierno corrupto y opresor. Golondrinas muertas en la almohada genera zozobra auténtica. El tono final pudiera interpretarse tanto como esperanzador como deprimente, dependiendo de cómo se mire.

Sin embargo, si hay algo que debo criticar, sería el final. No esperaba que el libro terminara bien, o que siquiera fuera satisfactorio. Es solo que se dejaron demasiados cabos sueltos. El que más me chirrió fue el asunto de los bebés muertos robados. El tráfico de tan extraña mercancía apunta a una decadencia social más allá de toda recuperación. Pues nunca se explica el por qué, y esto me hace pensar que el autor usó este elemento solo para decir: «Miren, así de mal está la cosa». Sin explicaciones, el acto no alcanza su máxima expresión.

No es una novela para todo público. No vayas a leerla si lo que buscas es una historia que te deje happy. Sin embargo, si te gustan las distopías clásicas como crítica social, tal vez te guste este libro. Y si estás planeando escribir una distopía, deberías leer Golondrinas en la almohada. Porque ASÍ se escribe sobre el sufrimiento humano sin que un personaje adolescente esté lloriqueando sobre lo injusto que es que los malos malotes tengan a su pueblo oprimido. Así se hace, joder carajo.

Calificación

4-gatitos

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