Cómo crear una buena dinámica entre personajes I

Una de las labores más complicadas a la hora de escribir una novela es crear buenos personajes. Cuanto más crucial el personaje, más complicado es desarrollarlo: conviene que tenga una personalidad definida, una historia, se exprese de cierta manera, ostente su propio mundo interno y más. Sin embargo, uno de los aspectos que muchas veces no se explota a cabalidad es la dinámica entre los personajes.

Cierto, nos aseguramos de que la relación entre cada quién quede bien establecida: esta chica es la novia del protagonista, este es su mejor amigo, este tipo le cae mal… pero raras veces trabajamos la dinámica en sí.

¿Que qué es la dinámica? Es la forma en la que los personajes interactúan con otros, trabajando a favor o en contra de los demás dependiendo de la personalidad, los intereses y los conflictos de cada uno. Puedes crear personajes sin que tengan una buena dinámica, pero te estás perdiendo la oportunidad de aportarles mayor verosimilitud y profundidad. La dinámica es uno de los factores que elevan a un personaje de «bueno» a «inolvidable».

¿Te has dado cuenta de que hay personajes que, por uno u otro motivo, son geniales juntos? No es que se lleven bien todo el tiempo o que se necesiten mutuamente, sino que la mutua compañía le permite al lector explorar facetas que no saldrían a la luz de otro modo.

buena dinámica shrek y burro

Shrek y Burro, dos personajes con una muy buena dinámica.

 

No es lo que suele ocurrir en la fantasía juvenil, género en el que es bastante común encontrar dúos compuestos por chicos que cumplen una función muy puntual en el grupo: el valiente e impulsivo, la analítica y taimada, etc. En estas circunstancias, es casi necesario que el autor los ponga juntos a cada rato, pues al lector le resulta evidente que ambos carecen de las cualidades que el otro posee, que están incompletos. Son casi como siameses: no los puedes separar.

En cambio, hay grupos formados por personajes que no se complementan en el sentido estricto de la palabra. Son sólidos por derecho propio. Son independientes el uno del otro. Podrían incluso funcionar solos, sin la compañía del otro, y aun así serían buenos personajes en cualquier novela. Pero las facetas que aparecen cuando están juntos los hacen grandiosos.

La mejor forma de comprender el concepto es con un ejemplo: Lee Everett y Clementine, de The Walking Dead.

(Noooo, Anaaaa, no más videojuegooos).

Al principio del juego The Walking Dead, Lee está en la parte de atrás de un auto de policía, esposado. Un oficial lo escolta a la cárcel. ¿El cargo? Asesinato. Sin previo aviso, una persona se atraviesa en la autopista y el oficial hace una maniobra que vuelca el vehículo. Cuando Lee despierta después de tal sacudida y ve que el oficial de policía está tirado en el suelo con las extremidades rotas, lo primero que hace es llamarlo y preguntarle si está bien.

Con estos sucesos, sabemos que Lee cometió asesinato, pero sabemos también que es capaz de demostrar empatía y preocupación por el bienestar de los demás. El jugador intuye que no es un asesino a sangre fría, sino una persona normal que hizo algo estúpido.

Como personaje en un juego de zombis como The Walking Dead, Lee hubiera resultado formidable: educado, amable, templado, pero capaz de hacer lo necesario para sobrevivir. No obstante, esa no era la única faceta que el escritor del juego quería mostrar. Así que tras el accidente, Lee es perseguido por una horda de zombis y logra refugiarse en una casa, donde conoce a Clementine.

Pongo la escena en cuestión. Advertencia, sangre y pedacitos de cerebro de zombi por todos lados. Oh, y no pude poner la escena en español. La traducción es horrible):

El tema principal de The Walking Dead no es la supervivencia, sino la paternidad. El objetivo del escritor era mostrar a Lee como padre, y eso solo iba a ocurrir si se encontraba con Clementine porque él no tiene hijos propios. Y a pesar de que Clementine no es su hija biológica, Lee hace lo que sea con tal de mantenerla a salvo y tan feliz como sea posible, lo cual resulta admirable y conmovedor. No muchos adultos harían lo que él hace por ella. Es más, unos cuantos adultos dejan a sus hijos biológicos, mientras que este hombre  desconocido viene y arriesga la vida por ella sin pensarlo.

A su vez, el escritor sabía muy bien que es difícil lograr una buena dinámica de padre-hijo en la ficción, y más aún en un videojuego. En muchas ocasiones, el adulto está bien construido y sus motivaciones son claras, pero el niño suele ser una caricatura. Se siente como si el adulto escoltara al menor, no como si tuvieran una relación real.

Así como el escritor de The Walking Dead dotó a Lee de todas las cualidades para ser un padre comprensivo, amoroso y dedicado, se aseguró de trabajar a Clementine con la misma minuciosidad. La niña apenas tiene ocho años, pero tiene una brújula moral que apunta a un norte claro: si el grupo considera robar, ella se opone porque esas no son sus cosas; si están pensando en botar a un miembro del grupo porque metió la pata, ella dice que no hay que olvidar lo que han pasado juntos; si alguien está en problemas, ella reacciona siempre para ayudar.

Es evidente que tanto Lee como Clementine son personajes sólidos por derecho propio y que ambos hubieran funcionado bien sin el otro, pero el nexo que los une los catapultó de ser «buenos personajes» a «personajes inolvidables». Son buenos solos.  Juntos son incluso mejores.

Y esa es la magia que logras cuando creas una buena dinámica entre tus personajes.

Ajá, ya basta de cháchara. ¿Cómo se crea la susodicha buena dinámica? Como dije más arriba, primero te tienes que asegurar de que tienes personajes sólidos, bien definidos. No digo que tus personajes deban ser ultra profundos, pero al menos deberían tener una voz propia.

Con esta base, conviene definir el tipo de relación que tienen los personajes. Luego hay que escribir un primer encuentro alucinante en el que se vislumbre el tipo de dinámica que tendrán. Por último, hay que planear otras escenas en la que los personajes interactúen, de manera tal que se mantenga la dinámica y evolucione de manera realista a la vez.

En esta entrada exploraremos solo el primer punto, porque de otro modo se hará kilométrica y ya saben que no me gusta eso.

Define el tipo de relación

Lo primero que toca es establecer el tipo de relación que tendrán estos personajes. Esto es muy importante, porque dictamina cómo se comportan el uno con el otro, el equilibrio de poder entre ellos, cómo afrontan los problemas, entre otras cosas.

Ya sé que dije que en la ficción juvenil es muy común asignar roles en una relación. A mi parecer, ese no es el problema. El problema es definir a un personaje importante solo por la relación que tiene con alguien. Trabaja a tus personajes y no tendrás ningún problema estableciendo sus relaciones, pues serán seres independientes y hasta lo harán ellos solitos por ti.

Aquí te dejo algunos tipos de relaciones con los que puedes trabajar:

Interés mutuo

Dos extraños se ven en una situación que no pueden solucionar solos, por lo que deben cooperar. Este es un tipo de relación meramente calculadora, por lo que pudiera parecer superficial. No obstante, huelga decir que muchas relaciones ficticias (y reales) comienzan de este modo y se desarrollan a medida que los personajes se involucran más. Es por este motivo que resulta una categoría bastante versátil, porque si hay buena química entre los personajes, puede evolucionar a una amistad o incluso un romance.

En la mayoría de los casos, los personajes están en igualdad de condición. Ninguno tiene poder sobre el otro, por lo que su comportamiento es variable. Depende del nivel de educación de ambos, de si se caen bien, de si se tienen respeto, etc.

Ejemplos:

Lyra Belacqua y Will Parry, de La materia oscura. Al inicio de la relación, están juntos solo porque les conviene. Will quiere investigar sobre el paradero de su padre, mientras que Lyra necesita saber más sobre el Polvo. Como ambos van en la misma dirección, permanecen juntos para cuidarse las espaldas.

Joel y Ellie, de The Last of Us. La cuestión empieza solo como un encargo más para Joel, pero la relación termina como un auténtico padre-hija, lo cual demuestra que las relaciones que empiezan por interés mutuo son harto versátiles si se construye bien a los personajes.

Booker DeWitt y Elizabeth Comstock, de Bioshock Infinite. Técnicamente, no comparten intereses. Booker fue contratado para secuestrar a Elizabeth y traerla a sus empleadores en Nueva York, mientras que ella solo sueña con ir a París. Así que Booker la engaña, diciéndole que la llevará a París. Aunque la relación no empieza con buen pie, eventualmente los dos hallan terreno común.

Amigos y parejas

Si una obra empieza con los personajes en este punto, es porque ya tienen experiencias compartidas, por lo que ven más allá del interés mutuo. En este caso, los personajes se caen bien y se tienen cariño (aunque en algunas ocasiones no lo demuestren o hasta lo nieguen). Suele haber más espacio para el altruismo y el sacrificio por el bien del otro, aunque hay que tener en cuenta que si uno da más que su contraparte, la relación será desequilibrada.

También hay que acotar que la gente traba amistades porque comparten ciertas similitudes: gustos, pasatiempos, ambiciones, valores. No resulta creíble que dos personajes sean amigos cuando no tienen nada en común y, para empeorar las cosas, sus personalidades y valores son opuestos. Lo mismo va para las relaciones románticas. No obligues a dos personajes a entrar en una relación que no tiene sentido.

En cuanto a la dinámica de poder, un personaje no debería controlar al otro. Hacerlo apunta a una relación abusiva.

El trato va a depender de la personalidad, el tiempo que lleven conociéndose y otros factores. Muchos amigos se tratan de «bastardo» y «jueputa». Hay parejas que son puro pudor, mientras que otras lanzan chistes escatológicos.

Ejemplos:

Lyra Belacqua y Roger Parslow, de La materia oscura. No logramos ver mucho de ellos, pero lo que se aprecia que tienen una buena dinámica. Son amigos y compañeros de travesuras.

Marcus y Dom, the Gears of War. Se podría decir que estos dos tienen el bromance más viril en la historia de los videojuegos. Son amigos de la infancia que se enlistaron juntos al ejército.

buena dinámica entre los personajes marcus y dom

Dios, qué bromance.

Sherlock Holmes y John Watson también podrían entrar en este grupo.

Rivales / Enemigos

Una buena dinámica no implica que los personajes en cuestión se lleven bien, o que siquiera puedan tolerar la existencia del otro. Aunque abundan los ejemplos en los grupos anteriores, es más difícil hallarlos en esta categoría. Es relativamente fácil crear a un antagonista. Ahora bien, que el protagonista y el antagonista tengan buena dinámica ya es harina de otro costal. ¿Cómo lograr que dos fuerzas opuestas sean compatibles?

Para empezar, creas dos fuerzas opuestas, mas no dos personajes opuestos. Cuando creas dos personajes opuestos, estos se complementan y corres el riesgo de que el lector los perciba como incompletos y hasta planos. En cambio, cuando creas personajes similares con disimilitudes irresolubles, es natural que se repelan y se enfrenten.

Un claro ejemplo de esto es la relación entre Harry August y Vincent Rankis, de Las primeras quince vidas de Harry August. Ambos son «kalachakra», humanos que al morir vuelven a nacer en el mismo punto y bajo las mismas circunstancias y retienen la mayoría de sus recuerdos; ambos son naturalmente curiosos; ambos quieren descubrir el secreto del por qué siguen renaciendo. Sin embargo, Vincent está dispuesto a hacer lo que sea para lograrlo, mientras que Harry sabe que las consecuencias de sus actos, aunque inexistentes para ellos porque volverán a renacer, tendrán un claro impacto en billones de vidas. Para Vincent, el fin justifica los medios. Para Harry, no, y es por eso que terminan cazándose mutuamente aunque, en el fondo, los dos se caen bien y hasta se quieren.

Otro ejemplo sería Daredevil y The Punisher, de Daredevil. Ambos quieren justicia, pero The Punisher está dispuesto a ir mucho más lejos para conseguirla.

 

Familia

Las relaciones de familia también son un poco complicadas, sobre todo cuando estamos hablando de un adulto y un niño. El adulto tendrá poder sobre el niño, y esto pudiera dificultarle al autor la tarea de mostrar que el menor también es una persona independiente con su propia personalidad y capaz de tomar sus propias decisiones.

Por lo general, cuanto mayor es la distancia entre edades, más poder tiene el mayor sobre el menor y menos independencia tendrá el último. En muchas culturas también influye el género, estando una hermana mayor por debajo de su hermano menor. En una novela de fantasía, estas dinámicas de poder pudieran dar para mucho.

Dicho esto, cabe recalcar que no todas las relaciones consanguíneas involucran una lucha de poder.

Ejemplos:

Jack y Danny Torrence, de El resplandor. La madre de Danny menciona que este siempre ha sido «el niño de papá». Mientras que ella podía pasar una hora arrullándolo para que dejara de llorar, todo lo que tenía que hacer Jack era tomarlo en brazos para que el niño parara. Este es un ejemplo de una relación familiar con dinámica de poder.

Fred y George Weasley, de Harry Potter. Son hermanos gemelos y hasta completan las oraciones del otro. Es un buen ejemplo de una relación familiar sin dinámica de poder.

Hay muchos otros tipos de relaciones, y en muchísimos casos las relaciones no están encasilladas en un solo tipo. Es posible que dos rivales tengan un interés mutuo que los lleve a colaborar al menos por una temporada, o que una hija tenga una relación de amistad con su madre (aunque la madre tenga poder sobre ella por eso de que es su madre). Ante todo, lo importante es trabajar a los personajes individualmente. Sin personajes sólidos, es imposible crear una buena dinámica.

Ya en la siguiente entrada veremos cómo escribir un primer encuentro alucinante y cómo mantener la dinámica a lo largo de la novela.

8 comentarios

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  • Me encanta tu post! se te hacía en falta. Pensé que lo mencionarías, pero una dinámica excelente se da entre Geralt y Jaskier en Geralt de Rivia! Tienen una relación relativamente similar a la de Shrek y Burro jajajaja salvando las distancias pertinentes, por su puesto.

  • Me encantan tus lecciones.
    Me gustaría comentar que Sherlock Holmes y Watson tienen más una relación de tipo primero, es decir, de interés mutuo que como pareja de conocidos. En su primer libro —AVISO: HAY SPÓILER O REVENTONES—, «Estudio en escarlata», Watson busca piso y un conocido común a ambos les pone en contacto. Watson —al final, testigo que nos cuenta la historia, ya que a Sherlock sólo lo conocemos por las impresiones del médico— ve a su futuro compañero como a alguien muy extravagante. Hace una lista de los conocimientos de Sherlock intentando saber a qué se dedica, critica un artículo sin saber que es de él, etc., con lo que se nos muestra que no se conocen de nada.
    Esta situación, siempre evolucionando, lo que es un acierto por parte del autor, se prolonga en el «Signo de los Cuatro» en el que Watson conoce a la que será su mujer y, a partir de ahí, se separa de Holmes.
    Es cierto que en los últimos relatos sí aparece una amistad forjada, con lo que la dinámica entre ambos se parece a la segunda de amigos / pareja.
    Quería simplemente agradecerte los conocimientos y experiencias que compartes con nosotros, pero al final me enrollo siempre.

    • Muchas gracias por el aporte tan completo, aunque no sé si es necesario poner un aviso de spoilers para relatos que ya rondan los 100 años XD

    • Los relatos serán mayorcitos, pero hay siempre sangre nueva en los lectores. Mis hijos tienen 12 y 10 años y el mayor ya casi puede empezar con lo más digerible de Sherlock 😉 .
      Y seguro que alguien no lo ha leído y de repente le entran las ganas. No vamos a chafárselo, ¿verdad? 😀

  • Gracias por el artículo,es bastante interesante eso de la “dinámica” y la verdad es que es bastante necesario para crear un duo que sea muy interesante y querido por el lector, espero que sea algo que ya debo hacer, porque me tomo muy en serio(o eso quiero creer) en crear mis personajes. Un saludo.

  • Hola, Ana!

    Excelente artículo y una lección muy buena.
    Empieza a ser demasiado común encontrar relaciones disfuncionales o tóxicas en las novelas, y no porque tengan que ser así —como la de Jack y Danny en El Resplandor, por seguir tu ejemplo— más bien acaban siendo así por la falta de pericia del escritor.
    He leído historias en las que parejas que “se aman con locura y son el uno para el otro” no tienen nada que ver el uno con el otro. Eso sí, suelen tener dos vertientes: no nos separamos ni para cag… o somos dos completos extraños que habitamos en un mismo plano de existencia. En ningún momento la relación de pareja parece real o “normal”. No son relaciones dinámicas, son clichés en el mejor de los casos y pastiches en el peor.
    Estoy especialmente de acuerdo en el punto sobre los personajes que funcionan bien juntos. Siguiendo con King, en IT, creo que Ritchie Tozier y Stan Uris son geniales cuando están juntos, justamente porque son completamente distintos, como el agua y el aceite.
    En fin, genial artículo, para quitarse el sombrero!
    Un saludo!
    ¡Beep, Beep, Ritchie!

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