Cómo puede un personaje vulgar enriquecer tu novela

Los escritores pasamos un montón de tiempo creando personajes de todo tipo: sarcásticos, inocentes, brillantes, introvertidos… Sin embargo, hay un tipo de personaje que no se usa tan a menudo, y cuando se usa, no se le saca todo el jugo. Me refiero, por supuesto, al personaje vulgar.

Si bien es cierto que las obscenidades muchas veces son vacías, no se pueden analizar en el vacío. El lenguaje es la expresión de la cultura, y las malas palabras no son la excepción. Una término peyorativo bien diseñado que encaje con el mundo de fantasía en el que se usa revela mucho sobre la sociedad, aportando capas de profundidad a nuestro worldbuilding.

Sin más, aquí te dejo algunos beneficios que aportan las malas palabras. Tal vez te ayude a decidir si necesitas un personaje vulgar:

Las palabras obscenas dan riqueza al mundo

El motivo de mayor peso para añadir obscenidades a un montón de obras de fantasía es que aportan mucho al worldbuilding. Piensa en las palabras más ofensivas en español. Si quisieras insultar a una mujer, las peores obscenidades en tu arsenal tendrán que ver con la promiscuidad (zorra, puta, etc.), de lo cual no escapan nuestras madres (ej: puta madre). En cambio, aquellas dirigidas a los hombres tienden a atacar su masculinidad y a poner en duda su orientación sexual (maricón, puto, etc.).

personaje vulgar enriquece novela

Como el lenguaje es la expresión verbal de la cultura, nuestros peores insultos revelan mucho sobre nuestra sociedad. Indican que la promiscuidad en una mujer es una transgresión severa, mientras que en el hombre no lo es tanto. En el caso del hombre, lo peor es ser homosexual, no promiscuo.

En otras sociedades las cosas podrían ser distintas. Cuando estudiaba de intercambio en Japón, mis amigos japoneses no entendían por qué en español se puede insultar a la madre de otro de esa forma. No hay un equivalente en su propio idioma. En japonés se suele insultar verbalmente el intelecto de una persona o su incapacidad para valerse por sí misma, no su sexualidad.

 

Por otro lado, es común que un personaje que no se atreva a decir nada frente a una mujer suelte mil palabrotas por segundo con sus mejores amigos. De este modo, el lenguaje vulgar se convierte en una especie de lubricante social y un indicador de familiaridad.

Por último, las obscenidades no solo se usan para revelar tabúes. A veces reflejan pequeñas fijaciones, como la obsesión de los estadounidenses con los culos. Si estás en una pelea, el instigador gritará Kick his ass! [Patéale el culo]. Si alguien te está fastidiando, está siendo un pain in the ass [Dolor de culo]. Si quieres decirle que te deje en paz, le dices Get off my ass [Bájate de mi culo]. Si tu madre está molesta contigo y te llama, podría gritarte Get your ass over here! [Trae tu culo para acá]. Se puede usar -ass como partícula enfática: Big-ass building [Edificio grande como el culo], Wet-ass floor [Piso mojado como el culo]. Una persona carente de inteligencia es un dumbass. Alguien que use el sacasmo constantemente para incitar la risa es un smartass. Un imbécil es un asshole o un jerkass. Si ese alguien solo es un imbécil contigo, podrías preguntarle What’s up your ass? [¿Qué tienes metido en el culo?].

Para los gringos, el culo es la vida.

Incorporar a un personaje vulgar (o una que otra obscenidad cuando sea necesario) te da la oportunidad de mostrar facetas de tu mundo de fantasía que otros personajes no te permitirían explorar. Nadie esperaba que hubiera racismo en una saga infantil de magos como Harry Potter, pero todos los fans recuerdan esa icónica escena en la que Draco Malfoy llamó a Hermione sangre sucia por primera vez. Esta expresión cumple el objetivo de anunciar que los magos de sangre pura tienen ciertos prejuicios contra aquellos nacidos de familias muggle.

Puedes aprovechar a tu personaje vulgar para revelar los tabúes de tu mundo fantástico. ¿En tu mundo el matrimonio interracial no está bien visto? Debería haber un término peyorativo para las familias multirraciales, o al menos para los mestizos. ¿Es de mala suerte tener mellizos y la culpa es del segundo hermano? Añade un término para eso.

Si no revelas un tabú, al menos podrás jugar con una obsesión que transpire en el lenguaje. Los culos son una buena obsesión. Los gringos no son los únicos que opinan eso.

Un personaje vulgar aporta riqueza a los diálogos

Es indudable que los escritores le ponemos mucho empeño a todos y cada uno de los aspectos de nuestros diálogos. Deben estar debidamente escritos y, al mismo tiempo, sonar naturales sin llegar a ser demasiado coloquiales a menos que la ocasión y los personajes lo requieran.

Esto es de por sí complicado. No obstante, cuando tienes un grupo de personajes de edad y nivel de educación similar, como es frecuente en las novelas de fantasía, lograr que todos tengan un modo de hablar propio se convierte en una labor digna de Hércules. Una de las cientos de formas de solucionar este problema sería incorporar dialectos con cierta medida de coloquialismos.

Los fanáticos de House of Cards adoran la forma de hablar de Frank Underwood, producto de su crianza en una granja en Carolina del Sur.

Lo relevante aquí no es que Frank tiene ese acento, sino que también domina el dialecto. Cuando dice I’m a white trash cracker from a white trash town that no one would even bother to piss on. [Soy un cracker1 basura blanca de un pueblo de basura blanca sobre el que nadie querría mear.], está usando toda la terminología asociada a esa región. Si me topara con esa frase en cualquier libro, inmediatamente le añadiría el acento sureño sin necesidad de nada más. Las obscenidades que soltó Underwood le dieron el toque sureño sin necesidad de un acento tan marcado.

Es normal que distintas personas usen obscenidades en mayor o menor medida. Es lo que ocurre en la vida real y se suele hacer en la ficción. No obstante, creo que no se le saca el provecho que permite una novela. Los términos suelen ser vacíos, cuando podrían ser usados para hacer worldbuilding, aportar verdadera riqueza a los diálogos o demostrar la inteligencia del personaje.

Sí, inteligencia.

Un personaje vulgar puede ser ocurrente

Por lo general, se asocia el lenguaje vulgar con los estratos más bajos de la sociedad y con las personas con escasa educación. Ya quedó demostrado más arriba con las frases de Underwood que este no es necesariamente el caso. Seguro, es fácil recurrir a los insultos de toda la vida, y un personaje que los use podría funcionar bien. Pero un personaje vulgar y ocurrente es harina de otro costal.

Supongamos que una protagonista se enfrenta a un pelotón de hombres armados y, mientras le llueven balas, grita: «—¡Malditos cabrones, les haré pagar!». Esa sería una frase estándar, es lo que el lector espera. No aporta gran cosa, salvo anunciar que el personaje está frustrado con su situación. En cambio, si grita: «—¡Tengo mejor puntería cuando meo y ni siquiera tengo verga!», la cuestión da un giro de ciento ochenta grados.

Para empezar, no es una imagen común, por lo que el lector tendrá que parar un momento para asegurarse de que leyó bien. Cuando compruebe que en verdad leyó bien, se preguntará cómo demonios se le ocurrió algo así. Por último, llegará a la conclusión de que esta mujer debe tener, al menos, agilidad mental, porque idear algo una frase de esa calaña en medio de una balacera no es tarea fácil.

¿No es esto equiparable al sarcasmo de buena calidad, ese que se aprecia tanto en cualquier novela de fantasía? Yo creo que sí. De hecho, creo que un personaje vulgar puede aportar más que uno meramente sarcástico, si se hace bien. Y hablando de eso…

Cómo crear un personaje vulgar

Lo primero es determinar si es necesario. No hay motivo por el que un personaje no pueda maldecir y blasfemar, pero como novelistas es preferible ser breves y cortar lo que no aporta nada. Soltar insultos porque sí suele entrar en esta categoría, así que si no lo necesitas o no es apropiado porque la audiencia de tu obra es muy joven, mejor nos limitamos a una que otra palabrota inventada (como sangre sucia en Harry Potter) para criticar o hacer referencia a cierto aspecto social.

obscenidades sangre sucia

Piensa en aquello que sería un tabú. No te limites a lo que tenemos en nuestra sociedad. Explora otras culturas.

En caso de tener lectores mayores, ya podemos permitirnos crear personajes auténticamente vulgares, que usen palabrotas para expresarse o para entretener. Solo hay que tener algo en mente: cuando se usa mucho una frase, deja de tener potencia. Así que es preferible que el personaje suelte una palabrota solo de cuando en cuando, si es necesario y si aporta algo.

Bueno, eso es todo por hoy. ¿Se te ocurre alguna otra idea para crear a un personaje vulgar?

P.S.: Recientemente acepté un encargo que implica crear una base de datos de términos peyorativos en español. Esta entrada no tiene nada que ver. En serio. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia…

Y mi madre decía que mis palabrotas no me llevarían a ningún lado.

  1. Cracker: término peyorativo para referirse a las personas de raza blanca.

10 comentarios

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  • Ana, gracias por este artículo. Cada vez que mi madre me oye decir un taco, se echa las manos a la cabeza y grita: “¿Para eso te hemos llevado a un colegio de pago?”. Se enciende cada vez que le contesto que fue precisamente ahí donde amplié de esa manera mi vocabulario.

    Pero tienes razón: cuesta introducir un personaje que diga palabrotas y que 1) no suene tópico y 2) pierda efecto. Lo que me ha parecido más interesante es que las vulgaridades sirven para describir la sociedad. Porque sobre lo de puta, etc. me había dado cuenta, pero no lo de los culos y los norteamericanos. Menuda fijación. Ahora entiendo que exista la Kardashian.

    Espero saber aplicar tus consejos en mis relatos. Si me sale bien te avisaré. Bueno, te avisaré me salga como me salga y ya, si eso, tú me dices qué tal ha quedado.

    • No me vayas a usar a mí también cuando busques las razones por las que tu repertorio es tan amplio, que no quiero meterme en problemas con la madre de nadie 😀

      Ojalá que mis consejos te ayuden con tus relatos.

  • Muy interesante. He recordado “El sargento de hierro”, con Clint Eastwood disparando insultos constantemente, los diálogos eran lo mejor de la película. En español, “Barrio” es una película que maneja muy bien la forma de hablar.
    No es nada fácil crear personajes ingeniosos, ágiles.

    • Para nada. El personaje que más se me dificultó crear fue, justamente, uno vulgar. Es fácil meter a un personaje que lance tacos. Pero empaparlo del mundo en el que vive ya es otra cosa.

  • Como siempre, una gran lección.
    Vienen a mi memoria Sancho Panza, «Los Santos Inocentes» —no tanto por lo mal hablados sino por caer en ese registro— y el buscón Pablos —la comida de cuatro que acaba a mamporros es la leche—. Pero también cualquier conversación de borrachos en una taberna de La Mancha —o de cualquier otro lugar del universo—. Basta con observar qué quieres de cada personaje. Y allí ahí un montón de malhablados, indicando, como bien dices, que es relevante en su mundo por lo que consideran ofensivo.

  • Qué interesante es esta entrada. Estoy corrigiendo una novela de fantasía y hace poco he empezado a introducir maldiciones específicas del mundo. En Canción de Hielo y Fuego dicen “Los Otros se te lleven”, lo que habla mucho de las creencias incrustadas en el vocabulario. En el año en el que están, nadie cree en los Otros. Aun así, la maldición persiste. Pasa en la actualidad. Es difícil sacudirse el hijo de puta aunque no creas que es malo en sí mismo.

    • No negaré que yo todavía uso el hijo de puta aunque no crea que sea malo. El otro día alguien se cambió a mi canal sin señalizar y casi me hace chocar. Si mal no recuerdo, lo llamé «Hijo de puta», así que ahí está.

  • Siempre he visto el acto de insultar al prójimo como una forma de arte equiparable a los videojuegos o la misma literatura. Puedes caer en los mismo insultos de siempre (los cuales son ideales para un personaje inculto), pero, si quieres crear un personaje sarcástico y de agilidad mental, debes de dominar tal fino y respetable arte.

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