Cómo escribir peleas increíbles: mujeres en combate

Seguimos con la serie Cómo escribir peleas (in)creíbles. Antes de adentrarnos en la narrativa de una vez por todas, quería dedicar una entrada a las mujeres guerreras, a algunos tópicos sin fundamento que suelen verse en la ficción y a ciertas cuestiones que vendría bien tener en cuenta.

¿Por qué hago esto? Porque siento que cuando un escritor incorpora a una mujer que sabe pelear, suele tener ciertas consideraciones con ella. Con frecuencia, esto da lugar a situaciones que no tienen sentido.

Sobre la condición social

En la fantasía medieval, es común que haya desigualdad económica y social entre las distintas castas. La clase baja se verá forzada a trabajar, mientras que la alta llevará una vida cómoda con escasa necesidad de usar la fuerza física.

Supongamos que tenemos a una protagonista hipotética de una novela fantástica hipotética. Es joven, hermosa y la hija de un duque, por lo que nunca le ha faltado nada y el único ejercicio que realiza ocasionalmente es la equitación. Una noche, se desata una insurrección y una banda de pueblerinos irrumpe en el palacio. La muchacha se halla sola, escondida en una sala y aferrándose a una espada que encontró colgando de la pared, cuando de pronto oye que la puerta se abre. Hay una silueta recortada contra la luz del pasillo. Temiendo por su vida, se lanza contra su enemigo cuando este se acerca.

Sería impresionante si lograra conectar aunque fuera un corte superficial. Aunque su condición física es pésima, seguramente tendrá la suficiente fuerza para lanzar algunos tajos. El problema es que no tiene la resistencia necesaria para durar en un combate prolongado ni la habilidad para usar esa espada de la manera correcta. ¿De qué sirve blandirla si no sabe distinguir el filo de la parte plana de la hoja?

Así que en esas condiciones, nuestra heroína probablemente muera en el primer capítulo aunque tenga un arma de calidad superior. Todo depende de si logra causar una herida grave al primer intento. Y los humanos son bastante difíciles de herir de gravedad a menos que sepas cómo hacerlo.

Mejor cambiamos algunas variables. Mismos atributos, pero clase social distinta. En lugar de la hija del duque, es una de las cocineras del palacio. Se la pasa todo el día levantando sartenes y ollas de hierro fundido, despedazando trozos de carne y fregando pisos bajo un calor infernal. Lo primero que hace cuando oye que hay vándalos en el castillo es agarrar el objeto más cercano, una sartén pequeña, y esconderse en un rincón oscuro, donde nadie puede verla. Prefiere esperar, pues sabe que podrían hacerle daño si la ven. Por desgracia, ya cuando cree que han robado todo lo valioso y los insurgentes se han ido, un maleante tropieza con ella. Nuestra heroína se pone en pie de un brinco y le propina un sartenazo en plena cabeza.

Ya te veo quejándote de que haya usado el viejo cliché de la sartén. Seguramente estarás pensando en esa chatarra de teflón que es tan popular hoy en día. Hazme un favor y ve a buscar sartenes y ollas de hierro fundido, de las que usaba tu abuela. Constatarás que pesan una tonelada, por lo que funcionan muy bien como armas contundentes. Hasta los utensilios más comunes pueden proporcionar una muerte rápida.

sartén armas

Esto sí es un arma.

 

Esta heroína tendrá más probabilidades de sobrevivir a pesar de que su arma sea… bueno, no es un arma per se. Su condición física es superior, producto de estar todo el día cortando ingredientes y transportando utensilios pesados. Es más fuerte, por lo que puede levantar más peso, y es más resistente a la fatiga, por lo que podrá luchar por más tiempo si el combate se prolonga.

Si quieres tener mujeres guerreras en tu novela, deben tener la condición física necesaria. Una campesina estará en mejores condiciones que una princesa, a menos que estemos hablando de un reino en el que a las mujeres de la nobleza las entrenan siguiendo parámetros muy estrictos. No vayas a escribir la historia de una delicada flor que a las dos semanas ya es She-Hulk.

Fuerza, resistencia y habilidad: hombres y mujeres

Si simplificamos mucho, hallaremos que los elementos más relevantes en una pelea son la fuerza, la resistencia y la habilidad de los combatientes.

Por fuerza me refiero a la potencia de los golpes y a la capacidad de levantar un objeto de peso determinado, como un arma. La resistencia es la capacidad de mantener la misma intensidad en los ataques por un tiempo determinado. Por último, la habilidad engloba las técnicas de ataque y defensa que permiten, entre otras cosas, el uso correcto de un arma, y la experiencia del guerrero.

Es innegable que el hombre promedio es más fuerte que la mujer promedio, y dos individuos de géneros opuestos que se sometan al mismo régimen de ejercicio presentarán resultados muy distintos. Ambos desarrollarán fuerza y masa muscular, pero el hombre lo hará en mayor medida debido a que tiene el cóctel de hormonas necesario para ello. Los huesos de los hombres también suelen ser más densos, por lo que son menos propensos a la fractura.

Dicho esto, una pelea no se decide solo mediante la fuerza bruta. Como hemos visto en casi todas las entradas de esta serie, la gran mayoría de las armas pesan menos de tres kilogramos, por lo que no hay que ser Hércules o Conan el Bárbaro para esgrimirlas.

Lo que sí hay que tener es mucha resistencia, porque lanzar estocadas y tajos con una espada de un kilo por una refriega de media hora deja a cualquiera sin aliento y dolorido. Según unos cuantos estudios, las mujeres tienden a ser más resistentes a la fatiga muscular, particularmente en las articulaciones del codo y los hombros (puede que sea una ventaja evolutiva, pues cargar bebés por varias horas es atroz). Esto sugiere que un grupo de guerreras podría durar más que un grupo de guerreros en un combate prolongado.

Sin embargo, el elemento que tal vez tiene mayor peso en un combate es la habilidad de los combatientes. Un anciano puede sobrevivir los ataques de un joven musculoso que se limite a lanzar tajos como un loco y no solo sobrevivirá, sino que lo matará si quiere. Hay una razón por la que los soldados modernos pasan meses entrenando: porque sin entrenamiento, hasta una pistola es inefectiva como arma.

En esta cuestión, hombres y mujeres son iguales. La habilidad de un individuo dependerá del tiempo que lleve entrenando y combatiendo, y de su facilidad para aprender y desarrollar memoria muscular. El luchador experimentado no solo sabe cómo atacar con las armas de su elección, sino también cómo respirar y moverse para ralentizar el avance de la fatiga. En otras palabras, sabe cómo ser más resistente.

Así que si tienes a un hombre y una mujer enfrentándose en combate, juega un poco con estas variables. Tal vez la ventaja inicial la tenga él, pero ella tome la delantera poco después.

La arquera

Volvamos al ejemplo de la cocinera. Una guerra civil amenaza la estabilidad de la nación, por lo que nuestra heroína inexperta decide huir a un refugio seguro: el bosque de los elfos. Ahí descubre que el mundo entero está en riesgo porque el Señor Oscuro está despertando de su sueño. Además, ella es la única esperanza del planeta porque es la elegida (oye, esta es una novela fantástica hipotética. Nunca dije que sería buena). Así que nuestra joven se ve forzada a tomar las armas. Pero ¿cuál debería elegir? Apenas tiene un mes para prepararse para la batalla contra el Señor Oscuro.

Decide que elegirá el arco… y aquí es cuando yo me llevo las manos a la cabeza.

El arco es un arma versátil, pero requiere de muchísima práctica para desarrollar una buena técnica y una fuerza mayor que otras armas. Como expliqué en esta entrada, la potencia de los arcos suele medirse en libras, lo cual representa el peso al que se somete el cuerpo cuando la cuerda está tensada. La mayor parte del esfuerzo se concentra en los músculos de los brazos, hombros y espalda, y en los tendones de las manos. No es raro que una persona desacostumbrada a tirar desarrolle tendonitis durante la primera semana.

Por lo general, los novatos comienzan con arcos de treinta libras y adquieren la fuerza necesaria para manejar arcos diez o veinte libras más potentes en el primer mes, pues los músculos se adaptan al nuevo ejercicio rápidamente. No obstante, el progreso se desacelera poco después. A la mayoría de la gente le tomaría al menos un año de práctica conseguir la suficiente fuerza y habilidad para manejar un arco de guerra, mucho más potente que el arco con el que se suele iniciar a los arqueros.

Así que resulta extraño ver que tantas mujeres se decantan por el arco en el género fantástico. Están casos justificables como el de Katniss, quien lo ha manejado toda la vida y lo usa para cazar; Marina, de El ciclo de la luna roja, solo usa su arco en combate más o menos cercano y de soporte, por lo que es posible que use uno de baja potencia (encima, está la influencia de la Luna Roja); y el arco de Susan Pevensie de Narnia está encantado para no fallar.

Si tu personaje no tiene experiencia ni un arco mágico, no va a aprender arquería en un fin de semana que tenga libre. Así que o le das más tiempo para aprender o le provees de equipamiento cuya curva de aprendizaje no sea tan brutal, como una lanza (la reina de las batallas) o un hacha y un escudo.

Creo que las mujeres tienden a ser retratadas como arqueras porque una flecha al pecho es un método más elegante de matar que un mazazo a la cabeza. Pero si las armas que se usan en batalla no son tan pesadas como la gente cree y las mujeres con entrenamiento son tan o más resistentes que un hombre en igualdad de condiciones, no tiene sentido que el autor las obligue a ser arqueras, solo porque sí. Hacen falta mujeres que vayan por ahí repartiendo mazazos y sartenazos.

Y hablando de equipo…

Armaduras de queso suizo

De todas las faltas, esta tiene que ser la peor. Me callaré cuando lea la historia de una princesa mimada que levanta un candelabro de veinte kilos y lo arroja sobre su enemigo; no diré nada cuando una mujer sin ningún entrenamiento aprenda a manejar el arco (o la espada) con maestría tras apenas dos semanas de entrenamiento. Me callaré cuando la muchacha que se baña en la sangre y lágrimas de sus enemigos no pueda decidirse entre el chico buenote número uno y el chico buenote número dos…

Ok, eso tampoco lo aguanto…

Al grano: aparte de que las mujeres suelen usar armas distintas en la ficción, los autores también las atavían de armaduras que se adhieren al cuerpo mediante la atracción magnética del útero.

mujeres armadura

¿Cómo? ¿Por qué?

Si una armadura tiene más huecos que un trozo de queso suizo, no es armadura. La función de la armadura es proteger, y si deja tus partes más vulnerables al aire, como el vientre, mejor sería cargar contra tus enemigos en pelotas. Al menos así irás más ligera y no te considerarán una completa idiota por gastar dinero en una armadura que ni siquiera te protege.

En ciertas ocasiones, los autores cubren todo lo necesario, pero delinean la figura femenina. No solo es esto innecesario, es también peligroso. Una coraza está diseñada para desviar los golpes hacia los lados. Cuando incorporas senos al diseño, los golpes no resbalarán hacia los lados, sino que podrían caer directo sobre el esternón. En serio, es muy mala idea.

mujeres armadura 2

Los senos están hechos de tejido adiposo, lo cual los hace bastante comprimibles. A menos que una mujer tenga un busto considerablemente grande, no necesitará un peto hecho a medida. Lo mismo ocurre con las caderas. En realidad, eran muy pocas las personas que podían permitirse una armadura hecha a medida, por lo que casi todas usaban una que fuera el compromiso perfecto entre precio y medida.

Por lo tanto, la armadura que usaría una mujer sería idéntica a la de un hombre. No hay necesidad de cambiar nada.

Otros hábitos

Las mujeres suelen agarrar objetos al azar y lanzarlos cuando se ven presionadas. También son más propensas a agarrar en lugar de golpear, y a abofetear. Esto puede ser producto de la forma en que somos criadas, alejadas de la violencia física, o tal vez incluso a cierta predisposición biológica.

Lo cierto es que una mujer que se vea forzada a entrar en un combate no tiene que saber cómo luchar. De hecho, si tu novela de fantasía está basada en la Inglaterra medieval, es muy improbable que las mujeres de tu mundo tengan entrenamiento formal. Es lo que tiene la desigualdad.

No obstante, no saber cómo usar una espada tal vez inste a tu personaje femenino agarrar el sartén y golpear con él, o a esconder un hueso de pollo en su manga y meterlo en el ojo del atacante. La experiencia ayuda a examinar todas las barajas sobre la mesa, pero hay personajes que son creativos y reaccionan bien bajo presión. En algunas situaciones, el ingenio puede ser tan valioso como el entrenamiento marcial.

17 comentarios

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  • Como de costumbre, una entrada buenísima.
    Ya es duro cuando los hombres nos encajan en toda esa cantidad de estereotipos sin ton ni son, pero no son pocas las escritoras femeninas que se siguen ciñendo a esos tópicos. Sobre todo, el de la princesita embutida en una armadura de los más sexy que, pese a ello, lucha como el mejor guerrero de la noche a la mañana sin que se le corra el rimel (😫😫😫)
    Espero que este post circule por toda la web, a ver si aprendemos.
    ¡Muchas gracias! 👏👏👏👏

    • ¡Muchas gracias! Sí, es verdad que las autoras contribuimos mucho a perpetuar tópicos sin sentido. Lo bueno es que cada vez más gente se da cuenta de que ciertas cosas no son como creían :)

  • Las heroínas instantáneas y las armaduras ridículas son un auténtico lastre. Cada vez que veo esas ilustraciones absurdas de mujeres con bikinis de cota de malla y otras tonterías similares me llevo las manos a la cabeza. Es curioso que, por ejemplo, Red Sonja, el personaje que en los comics de Conan popularizó el bikini de cota de malla, originalmente no iba vestida de forma tan ridícula. La creó Robert Howard en su relato “La sombra del buitre”. En el mismo, Red Sonja usa una camisa de cota de malla que le cubre todo el torso, una faja, pantalones y botas.

    Cuando en “La Llave y la Puerta” convertí a un personaje femenino, Evangeline “Welcome” Parker, en heroína espadachina, previamente ya había indicado que tenía experiencia y destrezas en artes marciales, por lo que era capaz de cuidar de sí misma. A continuación la sometí a un largo e intenso entrenamiento para incrementar su fuerza y resistencia y aprendió esgrima de manos de un maestro. Cuando llegó la hora de elegir un uniforme, la vestí como una guerrera vikinga, sin tonterías. Incluso otro personaje femenino que introduje, N’kari, una diosa africana de la tormenta y la pasión violenta, cuando entra en combate, va cubierta de pies a cabeza con un uniforme militar y chaleco antibalas.

    • Es que hay que ser consistente. Aunque todo el mundo tiene algunas nociones básicas de combate, no se aprende a pelear BIEN de la noche a la mañana. Para desarrollar agilidad, se necesita memoria muscular y buenos reflejos, lo cual solo se obtiene mediante la práctica. Así que muy bien por someter a tus personajes a entrenamiento, y doblemente bien por ataviarlas como se debe.

  • Para no variar, una interesante lección.
    Quisiera poner como ejemplo correctísimo a Adela de Otero, personaje de la novela de Arturo Pérez Reverte «El maestro de Esgrima».
    Por otro lado, coincido contigo por completo en las cuestiones de fuerza, habilidad y resistencia. El florete fue un arma empleada por mujeres nobles y no tanto durante los siglos XVII y XVIII hasta el punto de que era más temido el hábil que el fuerte en un callejón oscuro. Junto con la daga, que exige un combate cercano y hábil, pueden ser armas realistas en combates con heroínas o villanas de protagonistas. Pero requieren mucho entrenamiento.
    Por eso, siguiendo con tu ejemplo en un mundo en el que no es normal que una mujer sea preparada para el combate, o mejor ampliándolo, permito sugerir otro arma: La espumadera
    http://tradineur.com/media/catalog/product/cache/1/image/650x/040ec09b1e35df139433887a97daa66f/e/s/espumadera.jpg
    No es broma: Si en la temporada del menbrillo o del mostillo te toca remover estas sustancias con esa espumadera ocho horas al día durante un mes, te aseguro que fuerza coges la suficiente como para partir a una persona sin protección en dos con un arma similar a una maza de tres cuartas de largo y un quilogramo de peso.
    Y hay algo que has insinuado pero no has comentado. La actitud de los guerreros —aquí empleado como género neutro, que se nos olvida que existe en español—. Ves películas o combates deportivos en los que los «machos» vocean y amenazan, o películas en las que ellas deben hacer como que son «poco finas» y se les ve a la legua que no se han comido una «sartená de gachas» en el campo en la vida. Los guerreros griegos —vaaaale, los áticos un poco menos—, los nobles, claro, eran educado en las artes y las ciencias, los caballero medievales, acordémonos de los trovadores, participaban en en torneos poéticos además de los de «revientaburros». ¿No nos acordamos de Alfonso X o de Jorge Manrique, sin ir más lejos? No todos tienen que ir pintados de forma rara, hablar bruscamente y tirarse pedos. No tienen que perder la humanidad por ser guerreros excepto en el hecho de la guerra.
    La mujer más fuerte del mundo es también un ejemplo de humanidad:
    https://ssl.gstatic.com/onebox/media/olympics/photos/o16/live/RIOEC8C1HM9CJ_768x432.JPG
    —No sólo por el «corazoncito», hay que oírla hablando—.
    Ahora, en lo que no estoy de acuerdo es en lo de las armaduras femeninas… Tienen un morbo que hacen salir mi lado más animal: El cerdo —ibérico, eso sí—.

    PS.- Se me ha olvidado comentar los ejemplos históricos con todos sus matices: Juana de Arco, la monja alférez Catalina de Erauso, varias mujeres piratas, heroínas históricas como María Pita, Malasaña, etc.
    Hay modelos reales para elegir.

    • Es que si bien es cierto que las mujeres no solían luchar, cuando lo hacían, iban en serio. No hay espacio para errores en el campo de batalla ni para ir por ahí vestida con un bikini de cota de malla. Por ende, una mujer guerrera lucha del mismo modo y usar las misma herramientas que su contraparte masculina por el simple hecho de que eso era lo probado y comprobado.

      Excelente la acotación sobre el trasfondo cultural de algunos guerreros. Hay que recordar que durante gran parte de la historia, las posiciones más altas del ejército estaban reservadas para los nobles, y estos tenían acceso a la educación.

  • Siempre he visto las armaduras femeninas como otro fetiche, a la par de la de enfermera o la criada, incluso suelen combinarse llegando a formar armaduras en forma de “conejita”, no las he visto pero apuesto todos mis tentáculos a que a de existir. Es obvio que un cosa así no protege, creo que la única excepción vendría siendo Kill la Kill.

    Otro problema que tengo es el cuerpo, es decir, parecen modelos con harta pechuga (Hasta parecen guardar el mana en la delantera) que, en una batalla, valdrían madres. No me refiero que deben parecer hombres, solo digo que hay que ser realistas, además, un cuerpo femenino bien marcado lo encuentro atractivo e incluso adorable, ¿Viste a Lydia Valentín formando un corazón después de levantar una pesa? ¡Mando al carajo todo el grupo de Love live y su nico nico ni!

    • No me molestan tanto las pechugas (hay mujeres que por genética tienen unos senos que casi se van de boca). Me fastidian, sin embargo, los bracitos delgados que a leguas se nota que no pueden levantar una pesa de cinco kilos.

      Sé que dije que para esgrimir una espada no se necesita mucha fuerza, pero tiene que haber un mínimo verosímil

      No vi a Lydia porque en verdad no veo TV, salvo por anime, así que no seguí para nada los eventos de las olimpiadas. Pero sí, ese gesto es adorable. Se nota que es una persona ultra chévere.

  • Tengo una enorme debilidad por las mujeres guerreras de toda clase, desde las finas espadachinas nobles a las mercenarias más bestias y sudorosas. Pero todas deberían tener callos en las manos y el cuerpo moldeado en consecuencia. Si usas espada y escudo, te quiero ver con unos señores hombros como poco. Pero creo que una de las mejores armas que pueden usar las mujeres son las lanzas y bastones por motivos muy básicos: son fáciles de fabricar, son muy fáciles de utilizar y el alcance da seguridad a los combatientes no entrenados. Por cierto, otra ventaja de la mujer sobre el hombre en combate: el bajo centro de gravedad nos hace más difíciles de derribar. Al menos eso me ha dicho un amigo cinturón marrón que mide 1’93.

    Las cocineras no sólo tienen acceso a pesos continuos en su día a día que fortalecen su espalda y sus brazos, sino a cuchillos y machetes. Y sabrán trinchar y cortar donde duele, y hasta desmembrar y destripar si me apuras. Vivan las cocineras guerreras.

    • Es bastante difícil hallar físicos más o menos realistas en la ficción. Dicho esto, el desarrollo de masa muscular no solo depende del tipo de ejercicio que se haga, sino también de la genética y la dieta, sobre todo el consumo de proteína. Antiguamente los recursos eran más escasos, por lo que la población general tenía una estatura y un peso promedio menor al nuestro.

      En el caso de las mujeres en particular, tenemos un porcentaje de grasa corporal muy superior al de los hombres, lo cual dificulta observar cualquier incremento de masa muscular y a veces impide ver lo que se suele llamar “definición”.

      En fin, más que la falta de hombros cuadrados y brazos bien definidos, lo que me molesta es esto:

      http://s3.amazonaws.com/photo.goodreads.com/books/1335819760l/7896527.jpg

      Eso de estar siempre maquillada, con el pelo perfecto, en tacones porque así se ven más atractivas. Si vas a pelear, mánchate hasta la cara, que si no te van a partir en dos.

  • Genial entrada, me encanta tu página.

    Estoy muy de acuerdo contigo en lo referente a dar realismos y verosimilitud a los personajes femeninos de las obras (como detesto las “armaduras de queso suizo” por su falta de protección…).

    En cualquier caso, he de señalar un par de cosas.

    Casi al principio, comentas que “En la fantasía medieval (…) La clase baja se verá forzada a trabajar, mientras que la alta llevará una vida cómoda con escasa necesidad de usar la fuerza física”. Sin embargo, debes tener en cuenta que el propósito básico de la nobleza es proteger al pueblo llano, hecho que motivaba a los caballeros a estar preparándose continuamente para el combate, para así defender a la gente a su cargo de delincuentes, rebeldes e invasores de otras potencias (fueran estos de imperios, reinos, ducados, condados…). Quiero decir con todo esto que los nobles si que debían usar la fuerza física y mucho.

    En segundo lugar, comentas que en el hipotético caso de que una joven aristócrata fuera asaltada en su hogar, aun teniendo una espada, le sería muy difícil defenderse con ella por no saber usarla. Yo aquí estoy de acuerdo solamente al 50% contigo. ¿El motivo? Podría tener unas nociones más o menos básicas de esgrima a raíz de haber visto a los hombres entrenando una y otra vez (como comentaba más arriba). Y como ejemplo de esto te pongo un caso histórico, aunque está situado en la Edad Moderna (en la Ilustración para ser más exactos) y no en la Edad Media. Durante el asedio de 1762 del Castillo de la Inmaculada Concepción, en el río San Juan de Nicaragua, Rafaela Herrera, joven de 19 años, sabía disparar perfectamente los cañones de las murallas de tantas veces que había visto hacerlo a su progenitor (el castellano de la fortaleza) y sus subordinados. Y no solo es que disparará, sino que lo hizo con grandes daños para los sitiadores ingleses, siendo ella el alma de la defensa española.

    Por cierto, la hipótesis de la cocinera combatiendo me ha encantado.

    • Tienes toda la razón con respecto al primer punto. No supe expresarme bien. Voy a cambiarlo.

      En cuanto al segundo punto, no creo que alguien pueda aprender siquiera lo rudimentario de la esgrima con tan solo observar a otros. Sería como aprender a dar puñetazos solo porque tus hermanos lo hacen todo los días. Sí, sabrás que tienes que cerrar el puño, pero ¿habrás notado también que el pulgar no debe quedar atrapado bajo los dedos y que tienes que mantener la muñeca firme?

      Una cosa es disparar cañones y otra es manejar una espada. El primero requiere conocimiento técnico y fuerza (porque esas balas no son nada ligeras). La segunda requiere, aparte de conocimiento técnico, mucha destreza y experiencia.

  • Ana, mil gracias (por esta entrada y las que no he comentado por tiempo o mala conexión). Vaya que aprendo cosas interesantes cuando paso por tu blog.

    Aparte que tus ejemplos y tus críticas son tan divertidos como claros.

    Ahora, iré a ver que dices sobre los arcos que me encantan así que siempre se los estoy encajando a mis pobres personajes sin pensar si pueden con ellos. Al menos tuve la brillante idea de decir que mis “guerreras” improvisadas ya sabían usarlos por deporte jeje.

  • Interesante entrada. Me alegro de haber tenido en cuenta todos esos factores en lo último que estoy escribiendo. Tengo algunas puntualizaciones que iré intercalando mientras hablo de cómo cree a mi “guerrera”

    La coprotagonista de la novela es una chica bastante alta (1,80 aunque pertenece a un pueblo de estatura elevada y tiene la talla de un hombre promedio tirando a alto) cuyo sueño es convertirse en pirata. La verdad es que justifiqué cada una de sus habilidades. Comparada con otras chicas es bastante fuerte.

    Sabe tirar con arco porque su padre le enseñó, pero como es verdad que ser un buen arquero requiere años de entrenamiento, resulta que es una arquera muy ineficaz. Si se acerca lo suficiente, a lo mejor podría ensartar a un conejo despistado, pero si tuviera que vivir de lo que caza iba a pasar algo de hambre. Tiene buena forma física y sobre todo, resistencia, porque se crió en un pueblo pequeño y lo de andar por el campo le gusta.

    Sin embargo, todo lo que sabe de combatir se lo enseñó un soldado retirado (previo pago y porque ella consiguió convencerle; como estaba a punto de convertirse en una delincuente juvenil, el soldado no quería instruirla ni cobrando). Aquí es donde puntualizo que una mujer (y un hombre) pueden tener un desarrollo muscular normal o un pelín superior a la media y ser combatientes efectivos. Todo depende de la técnica.

    Ella recibió instrucción en combate con ropera y daga de vela, en un arte marcial similar al savate primitivo (sin patadas altas, nunca por encima de la cintura) y alguna técnica de lucha en el suelo y para derribar a un oponente (piensa en lucha libre, judo o aikido). La ropera es relativamente ligera y el “escudo” es la daga de vela, que es más ligera. De todos modos, la cuestión es que en dos años de entrenamiento ha avanzado algo, pero no puede ser buena en todo. Para ella, luchar con ropera y daga de vela sería el último recurso y a menudo las porta como disuasión. Y es porque ella sabe que no es experta en eso.

    En combate sin armas, en el mundo “real” a una mujer se le suele recomendar la combinación taekwondo-aikido. Se suele recomendar a las mujeres que peleen con las piernas porque son más fuertes que los brazos y pueden compensar que, habitualmente, la musculatura de la parte superior del tronco de un hombre estará más desarrollada (y a igualdad de entrenamiento, ganan los hombres, tú lo has escrito). Si la mujer es alta, aunque pierde la ventaja de un punto de gravedad bajo, una técnica basada en patadas es muy efectiva: pueden luchar desde lejos y, por pura física, mientras más larga es la pierna, más potente es el golpe. Por eso, mi personaje se siente mucho más segura en combate sin armas o combinando artes marciales con un cuchillo (una variante de las técnicas de savate con “canne de combat” o bastón de combate, que mide aproximadamente medio metro). De hecho, prefiere los cuchillos porque son fáciles de esconder y los puedes sacar cuando el oponente te infravalora y cree que te tiene dominado.

    Bien. Ni un practicante de Taekwondo o savate, ni alguien que pelea con ropera tiene por qué ser más fuerte de la cuenta. Otra cosa es si pelean con armadura, escudo y espada a una mano o con espada de mano y media. Pero, por ejemplo, la ropera se llama así porque era usada con ropa normal. La máxima armadura que se solía llevar era un chaleco de cuero. Por otro lado, te encuentras cinturones negros de Taekwondo que son bastante esbeltos.

    Por último está el entrenamiento. Escribí una escena donde dejo claro que la protagonista entrena regularmente. Ya no tiene instructor, pero puede trabajar la precisión y la fuerza con el saco (o equivalente). Hacer lo propio con una ropera es más complicado, de ahí la inseguridad.

    Aunque aquí estemos hablando de mujeres, con los hombres hay que tener el mismo cuidado. Yo lo tuve fácil: en el país del protagonista masculino el servicio militar es obligatorio. El chico está “cuadrado” y combate con escudo redondo y hacha (armamento anticuado, a conciencia) porque es habitual que los padres preparen a sus primogénitos para que lleguen a la instrucción sabiendo algo (y porque entrenar con el hacha es muy de “machotes” en su cultura).

    Y digo esto porque hay otra cuestión importante para escribir buenas luchas: la técnica preferida. Creo que eso no debe depender del sexo, sino del entrenamiento. Una mujer que esté “cuadrada” y la hayan entrenado con armas pesadas, luchará como un guerrero de la infantería pesada. La orientación de mi protagonista masculino es como en judo: ir lo antes posible al cuerpo a cuerpo y pulverizar al rival. Entrará en un intercambio de golpes con la confianza de que está “cuadrado” y aunque le peguen, él pega más fuerte y termina por imponerse. La de la chica, como en savate, se basa en la movilidad. En particular, la han entrenado para enfrentarse a hombres, así que rehuye el cuerpo a cuerpo. Su técnica es defensiva y se basa en atacar las piernas y moverse continuamente para impedir que el rival se acerque (lo facilita que sea alta). Lo ideal es que su oponente pierda los nervios y cargue. En ese caso, ella retrocederá y, de pronto, se parará para darle una patada en el bajo vientre o la entrepierna, sumando el golpe al impulso que trae el rival (esto lo he visto en combates de savate, claro, sólo marcando). Fin del combate. Ella buscará terminar el combate con un golpe definitivo o con uno que derribe al rival y le permita “rematarlo” con otro golpe.

    Lo dejo ya, que esto es kilométrico. Gracias por el artículo.

  • Me ha hecho infinita gracia lo de meter en el ojo del contrincante el hueso de pollo, sobre todo, porque al final, van a lanzar lo primero que pueda resultar efectivo. O incluso lo que creían efectivo, que lo mismo no lo es pero consiguen el tiempo suficiente para salir corriendo. A veces no es obligatorio que ganen la pelea, sino que sigan vivas para continuar la historia.

    El tema de las armaduras a mí me saca los mil demonios. En realidad, quien las dibuja así me parece que no las está viendo como guerreras, sino más como mujeres, objeto de deseo con ciertos atributos y no una guerrera pura y dura. Con ese tema, he decidido que necesito leer una historia de una heroína (sería más épico en cómic por el tema del dibujo) cuyo super poder fuera repeler balas y flechas en esas partes que van al descubierto. Sobre todo, después de la segunda de Los Vengadores, donde el escotazo de una de las chicas me cabreó sobre manera porque su hermano bien protegido que iba y a ella sólo le habían dado una chaqueta de cuero como uniforme de guerra. En fin, que me enervo sola.

    Me ha gustado mucho la entrada, y creo que me he leído alguna entrada tuya más, pero intentaré comentarte también las próximas veces.
    Igual, muchas gracias por los consejos. En algunos casos, hay cosas que uno no piensa hasta que otro se las señala, así que está guay.

    Saludos,

  • Una entrada interesante que plantea un enfoque distinto, no obstante no puedo estar de acuerdo con todo lo expuesto. Muy cierto lo de los arcos, este es un error frecuente en multitud de ambientaciones, tanto fantásticas como “realistas”, y nada que objetar con el tema de las armaduras. Es algo habitual que se da por sentado como -suspensión de la credibilidad-.
    Pero lo referente al combate cuerpo a cuerpo y la resistencia es una falta de sentido crítico y objetividad, por regla general los hombres tienen más potencia muscular, es cierto, pero ello también implica cierta resistencia y aguante. No puedes asegurar “un grupo de guerreras podría durar más que un grupo de guerreros en un combate prolongado” sin pararte a observar la realidad, un ejemplo claro son las pruebas de aptitud para acceso al ejército http://www.reclutamiento.defensa.gob.es/como_ingresar/pruebas.htm, que vienen a colación con el tema.
    No debe de caerse en el error que por demostrar que las mujeres pueden luchar al igual que los hombres, estas van a superar categóricamente a sus compañeros. Si fuera así, si hubiera una ventaja significativa al contar con un grueso de mujeres, ten por seguro que muchos tácticos hubieran recurrido a ello sin miramientos, y no es eso lo que vemos a lo largo de la historia.

    Me he parado a observar los demás comentarios para ver si alguien decía algo al respecto, pero no ha sido así.
    Tienes buena forma de escribir, concisa, clara y amena. Pero creo que era necesaria una crítica al respecto, sobretodo si este artículo pretende arrojar luz sobre las carencias de lógica de tantas y tantas representaciones de lucha en la fantasía.

    Saludos

    • Hola Fernard. Gracias por el comentario.

      Para empezar, no hablé del combate cuerpo a cuerpo en el párrafo que señalas. De hecho, en el párrafo anterior hablo de combate armado: «Dicho esto, una pelea no se decide solo mediante la fuerza bruta. Como hemos visto en casi todas las entradas de esta serie, la gran mayoría de las armas pesan menos de tres kilogramos, por lo que no hay que ser Hércules o Conan el Bárbaro para esgrimirlas». Así que no sé exactamente por qué comienzas tu réplica señalando mi falta de sentido crítico con respecto al combate cuerpo a cuerpo.

      Por otro lado, no he asegurado nada: «Esto sugiere que un grupo de guerreras podría durar más que un grupo de guerreros en un combate prolongado». Sugerir no es lo mismo que asegurar, y el uso del potencial «podría» plantea una situación hipotética.

      Así que entiendo más o menos por dónde viene tu crítica, aunque no entiendo por qué, si lo que planteé fue un hipotético basado en la lectura de varios estudios sobre fatiga muscular.

      Por último, supongamos que las mujeres en verdad son más resistentes a la fatiga muscular. Es un tanto inocente pensar que sólo porque las mujeres son más resistentes, muchos tácticos hubieran decidido permitir su entrada al ejército. ¿A cuántos se les hubiera ocurrido tomar a un grupo selecto de mujeres y darles el entrenamiento necesario para luego evaluarlas individualmente contra otros hombres?

      Los tácticos, como todos nosotros, son productos de su época. Hasta no hace mucho las posiciones de combate del ejército de los Estados Unidos estaban vetadas para las mujeres. No fue sino hasta el 2013 que se abrieron todas las posiciones, después del desempeño que las mujeres tuvieron en Iraq y Afganistán. Así que evidentemente hay un sesgo, porque como bien dices, lo lógico sería aceptar a todo el mundo que cumpliera con un mínimo de aptitud mental y física independientemente de su género u orientación sexual. Sin embargo, los ejércitos no siempre funcionan así. El de Estados Unidos es un buen ejemplo de ello.

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