Reseña — Blackwood: piel y huesos — Jaume Vicent

Blackwood es una novela de terror de Jaume Vicent y publicada por Pulpture.

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Sinopsis

Bernard Clarke es un escritor en horas bajas, lleva un tiempo retirado en el pequeño pueblo de Blackwood. Atrapado en una espiral descendente, está atravesando una crisis creativa, por lo que hacer una excursión con un experto senderista y su hijo le parece la mejor de las ideas… hasta que una espectacular nevada les sorprende y desaparecen.

Blackwood, que siempre ha sido un pueblo tranquilo en apariencia, se ve alterado por la llegada de Loraine, la exmujer del escritor, al que busca fervientemente. Además, el sheriff Cavanaugh tendrá que lidiar con otro visitante indeseado, un yonki al que se busca en todo el estado por cargos de robo y asesinato: Steward Allan Granjer, que ha llegado hasta el tranquilo pueblo buscando escapar de la policía que le está dando caza.

Todo converge cuando Bernard Clarke regresa en un estado lamentable y con evidentes signos de congelación. Pero no ha vuelto solo: algo siniestro y antiguo pretende aflorar. Algo que acecha en los viejos bosques y que llevaba años dormido. Algo que necesita saciar su hambre.

Ficha técnica

Título: Blackwood: piel y huesos
Autor: Jaume Vicent
Editorial: Pulpture
ASIN: B019H2LW08
300 páginas (libro impreso)
Precio: 3 USD

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Reseña de Blackwood

Desde hace rato que quería hincarle el diente a alguna obra de Jaume Vicent. Soy lectora asidua de su blog dedicado al terror.

Bueno, vamos con la reseña. Blackwood es una novela coral. Los personajes son arquetípicos, mas no estereotípicos. Vicent los coloca en un pueblo aislado en la espesura del bosque estadounidense, con sus minas abandonadas, y poco a poco va metiendo al agente que perturba la calma: el monstruo. Con los primeros indicios de anomalía la historia se acelera siguiendo una línea sencilla, pero lógica y satisfactoria.

El argumento no es original, pero dudo mucho que Vicent tuviera intención de traernos una novela que revolucionara el género. Más bien, sospecho que quiso hacer un homenaje a lo clásico, al culto del monstruo, al terror dentro de lo cotidiano. Esto lo ha logrado bastante bien, porque el género del terror tiene todo un repertorio de monstruos que los autores de juvenil todavía no han arruinado haciendo que brillen bajo el sol en lugar de desintegrarse.

Vicent se decantó por el wendigo. Y no, no lo hizo brillar al sol.

Diría que todos los personajes están bien elaborados, aunque no pude conectar con ninguno… salvo con el wendigo. Estoy mal de la cabeza, qué se le va a hacer.

Los diálogos me parecieron naturales, ni muy recargados ni muy coloquiales. Estaban adaptados al nivel del hablante. Ahora bien, noté que el autor tiene la costumbre de meter los nombres de los personajes a cada rato, aún cuando no es necesario. Para evitar spoilers del libro, me invento uno:

—¿Vas a la fiesta, Lorraine?
—No sé, Eddie, tengo trabajo que hacer.
—Pero Lorraine, la fiesta promete estar buenísima.
—Eddie, es que tengo que trabajar.

Vale, exagero, pero es verdad que se repiten mucho los nombres incluso cuando el lector ya saben quiénes están hablando y los personajes no están haciendo énfasis en un punto en específico.

Salvo en un caso que mencionaré más abajo, el uso la prosa me pareció el adecuado.

Ahora lo que no me gustó: el detalle prestado a la apariencia del monstruo. En lo personal, prefiero el terror atmosférico, en el que el suspenso y la tensión elevan el ritmo cardíaco porque uno no sabe lo que va a pasar a continuación. Ya los videojuegos me han hecho poco sensible a lo que los ojos pueden ver.

Y en ocasiones, Jaume me hizo ver demasiado. Como la historia está narrada desde la perspectiva de distintos personajes, cada vez que uno de ellos se topaba con el monstruo, lo describía, a veces con todo lujo de detalles. El problema con esto es que ralentiza el ritmo. Cuando el personaje está frente a un monstruo y le da tiempo de soltar cuatro párrafos de descripción, le quita urgencia al asunto. Además, con tanta descripción se corre el riesgo de ser repetitivo. No recuerdo cuantas veces se usó la metáfora «sonrisa de tiburón», pero fue más de cuatro. Ojo: me encantó la imagen. Es solo que después de la segunda vez, pierde efectividad.

A estas alturas me gustaría trazar un paralelo con Eso de Stephen King, porque me pareció advertir ciertas similitudes. Eso me dio miedo porque puede cobrar infinidad de formas; dejó de causarme terror cuando se mostró en su forma verdadera. En Blackwood ocurre algo similar: tan pronto identifiqué al monstruo, perdí la capacidad de sentir miedo.

A pesar de esto, esta es una buena novela que se lee rápido.

Calificación final

4-gatitos

4 comentarios

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  • Hola, Ana!
    En primer lugar gracias por la reseña y por recomendar la lectura!

    Tomo nota de tus observaciones, que lo sepas! Algunas cosas ya las tenía yo apuntadas, por ejemplo, el tema de los diálogos y las repeticiones. Como dijo Cris Mandarica hace poco en un artículo, cuando leer algo que has escrito hace mucho tiempo, cambiarías muchas cosas. Me pasa eso exactamente con Blackwood, hay muchas cosas que cambiaría… Tantas que la novela sería completamente diferente si la escribiera hoy —tiene 5 años ya—.

    Nunca quise revolucionar el género, ni crear nada nuevo, en eso tienes toda la razón. En fin, ¿para qué? Me gusta el terror clásico y solo quise dar mi versión oficial de los hechos. 😛

    Lo dicho, muchas gracias por la reseña! Me alegra que te haya gustado!

    Un saludo!

    • Que sepas que te entiendo. A apenas dos años de haber publicado mi novela, me gustaría cambiarle un montón de cosas. Pero sí, definitivamente me gustó Blackwood. Fue un placer leerla :)

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