Error de escritor #10: mentirle al lector

Seguimos con la serie Errores de escritores. Puede que el título te esta te haga pensar que estoy loca. Después de todo, los escritores vivimos de mentirle al lector: le mentimos cuando creamos mundos ficticios poblados de personajes ficticios que se mueven debido a conflictos ficticios.

Ahora bien, hay que reconocer que existe una diferencia entre la mentira clásica, la que el lector espera, y la que ocurre cuando el autor traiciona las expectativas de su audiencia. Cuando una persona abre un libro, continúa leyendo porque hay promesas implícitas y explícitas:

Me refiero a promesa implícita como la necesidad que busca satisfacer el lector: hay quien se satisface entretenimiento puro y duro; otros buscan adquirir nuevas ideas y cuestionar las propias; otros más anhelan la musicalidad del lenguaje. Existe un acuerdo tácito entre lectores y escritores: el lector lee; a cambio, el escritor promete satisfacer la necesidad de vivir una aventura.

Las explícitas son las que el autor mismo expresa, ya sea en la sinopsis, en sus tuits o en la propia obra. Supongamos que el autor promociona su libro como «novela de acción desbordante» y entreteje su historia de tal manera que el lector espera que haya un enfrentamiento cataclísmico al final. El lector sigue pasando las páginas como loco y, al llegar al final, el bueno y el malo se dan cuenta de que son el uno para el otro y se fugan.

Puntos por originalidad, pero con la rabia que va a traer el lector después de ese fiasco, ni loco va a concederlos.

Si prometes una novela policíaca, más te vale dar una novela policíaca. Si prometes un enfrentamiento, más te vale dar un enfrentamiento. Podrías verte tentado a traicionar las expectativas del lector y eres libre de experimentar; de eso se trata la escritura. Sin embargo, ten en mente que, a menos que ofrezcas un giro magistral, lo más probable es que te salga el tiro por la culata.

Quizá te parezca que lo que digo es demasiado obvio (que lo es), pero me siento en la necesidad de hacerlo porque yo misma he cometido este error de una u otra forma. Según mi experiencia, hay  en las que no conviene mentirle al lector.

mentirle al lector

La promesa inicial

Es la que el autor sella con la primera línea de su obra. A cada rato nos andan diciendo que la primera oración es la mejor oportunidad para enganchar al lector. De ahí que muchas novelas empiecen con un prólogo cargado de acción o en un in media res.

Imaginemos que en la primera línea el autor coloca «María contuvo el aliento al ver el brillo de un cuchillo en la penumbra». Podría funcionar como gancho. Ahora imaginemos que en el segundo párrafo el autor pone: «Despertó gritando».

Una pesadilla. Pues más vale que la pesadilla tenga algo que ver con una experiencia importante que tuvo María, porque de otro modo no veo por qué la novela debería empezar así. El colmo si la obra es de comedia. O sea, no. Es preferible no mentirle al lector tan descaradamente.

La saga

Mientras escribía Hierro fatuo, me entró el loco impulso de ignorar por completo mi esquema y llevé la historia por derroteros oscuros por los que ninguna obra debería transitar. Al concluir, tenía la impresión de que algo fallaba, pero no sabía con exactitud qué era. La historia funcionaba.

Se la envié a mi lectora beta, quien me dijo exactamente qué fallaba: Hierro fatuo era la continuación de Cazador y presa, pero no lo parecía. Durante un segmento, la novela era casi policíaca mezclada con fantasía. Además, introduje nuevos hilos argumentales que nada tenían que ver con los cabos sueltos que dejé en la novela anterior. Esto podría haber resultado si ambas obras fueran independientes, mas no siendo una la continuación de la otra.

En la primera obra le prometí al lector ciertas cosas. Debía cumplir esas promesas con la segunda. De otro modo, la saga no funcionaría.

(Gracias, Megumi, por tus sabios consejos. Y perdón por el trauma al que te sometí).

Contenido promocional

Es el que se da en la sinopsis, la portada y todo el material que se use para promocionar la obra. El mejor ejemplo que me viene a la cabeza es el de Susurros, que inicialmente fue promocionada como un spin off de Alicia en el país de las maravillas. La decepción de unos cuantos fue grande al descubrir que había un triángulo amoroso que abarcaba cien páginas de la obra.

Un lector también me dijo que la portada de Cazador y presa era engañosa porque la obra era más bien fantasía urbana. Pues ay. Perdón.

Excepciones

Siempre hay excepciones. Plantar una pista falsa es un buen mecanismo para crear sorpresa cuando se presente el momento de la gran revelación (te miro a ti, Cotrina). Por otro lado, cambiar de rumbo de forma inesperada puede dar lugar a un efecto latigazo que impresione el lector.

No obstante, estas cosas hay que hacerlas con cabeza. Mentirle al lector está bien. Traicionar sus expectativas, casi nunca.

¿Se te ocurre otra forma efectiva de mentirle al lector? ¿Qué odias que te haga un escritor? ¡Cuéntame en los comentarios!

9 comentarios

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  • Recuerdo cuando una amiga mía se fanatizó con Crepúsculo. No habían salido las películas todavía así que yo no sabía de qué estaba hablando. Me entretuve un buen rato escuchando sobre el romance, la acción, la lucha de vampiros y hombres lobo…

    … hasta que mencionó que iban a la escuela. Ahí la detuve en seco y exigí explicaciones. Si desde un primer momento hubiera sabido que la historia ocurría en una realidad actual totalmente absurda (¿quién sigue yendo a la escuela con cien años siendo que en EEUU permiten la educación en casa?), no la hubiera dejado hablar tanto. Me sentí estafada.

    • Yo la leí porque todo el mundo la leía, pero en retrospectiva, me extraña que no me hubiera sentido estafada tan pronto como vi que los vampiros iban a la escuela. Ciertamente, no tiene sentido.

  • Ya que Priscilla ha nombrado a Crepúsculo, argumentaré un poco más por qué esta saga es el perfecto ejemplo de lo que comentas en el artículo. Primero, la promesa implícita de una gran batalla final (en Amanecer), que se quedó en un plof enorme y por el que no me extrañaría que muchos lectores tiraran el libro por la ventana. Siempre, en todos los libros, la lucha había quedado a un lado porque solo teníamos el punto de vista de Bella. Al final, por fin, íbamos a presenciar una. Y no. Jugar así con las expectativas del lector está muy feo.

    Segundo, una explícita, y es la venta del libro como una historia de vampiros para adolescentes. Puede que eso venda, pero va a hacer que la mitad del público lo queme a mitad del primer tomo cuando se de cuenta de que en realidad es un romance adolescente cubierto con la purpurina de la fantasía. Que haya vampiros y hombres lobo solo sirve para poner a la protagonista en peligro, pero podría haber sucedido igual en un instituto con bandas contrarias, drogas y cosas así. He visto a editoriales argumentando que los lectores de Crepúsculo (los que les gusta Crepúsculo) no se pasan a Drácula. Por supuesto. A Drácula se pasarán los que querían ver vampiros y no los han tenido (y no todos). Los lectores de Crespúsculo se pasarán a otro tipo de lecturas juveniles románticas, pero no al terror. Porque Crepúsculo no es una historia de terror, por mucho que nos la quieran vender como tal.

    Hay que tener mucho cuidado con estas cosas porque atraer a un público al que no le va a ir tu libro puede dar más problemas que otra cosa :/

    Gracias por tus entradas, Ana :) Saludos ^^

    • En verdad que Crepúsculo parece ser el ejemplo predilecto de muchos. Yo también opino lo mismo, pero preferí no usarlo porque ya he despotricado bastante contra la serie. A pesar de las promesas rotas, es innegable que a Crepúsculo le fue muy bien. ¿Cómo? No se sabe. Meyer descubrió una fórmula que funcionaba con la lectora adolescente, por más extraña que nos parezca esa fórmula.

  • Yo soy uno de los que dijo lo de las portadas… Pero es que tu mundo es tan único que ninguna de las dos portadas consigue captar bien lo que hay. Con la del prota y las pistolas parece fantasía urbana moderna genérica y con la otra parece fantasía épica, y no es ni una cosa ni la otra >.<
    Hay ganas de leer Hierro Fatuo, a ver si poco a poco voy quitándome cosas de la lista de lecturas. Gran entrada como siempre, Ana.

    • Vaya, yo la hubiera catalogado de fantasía urbana. Menos acción y magia de lo normal, pero definitivamente es fantasía en un entorno urbano. A lo mejor hice mal catalogándola así.

  • Ana, vas a terminar traumándome de verdad si te sigues disculpando tanto XD! Me alegra mucho haberte ayudado como beta-reader y volvería a hacerlo si me lo pidieras (y contara en ese momento con suficiente tiempo disponible). Además, como escritora también aprendí muchas cosas gracias a esa experiencia.

    Todavía tengo pendiente leerme la versión final de Hierro Fatuo. No lo he hecho todavía, entre otras razones, porque quería dejar pasar un tiempo para que no se me mezclaran las diferentes versiones en la cabeza y terminara hecha un lío. En verdad siento mucha curiosidad por saber cómo retomaste las promesas de Cazador y Presa en el libro dos (especialmente la cuestión de la espada que te mencioné en mi retroalimentación).

    Pienso que como autores es importante darnos cuenta de qué promesas le estamos haciendo a nuestros lectores y hacer lo posible por cumplirlas a cabalidad. Y como bien mencionas, eso incluye no solo la obra como tal sino también la forma en que la promocionamos. Recuerdo, por ejemplo, haber visto una promoción de la película “Chicken Little” en la que el protagonista aparecía bailando todo el tiempo y yo pensé “¡Qué genial! ¡Quiero ver esa película del pollo bailarín!” y tremenda decepción me llevé cuando vi que la película no se trataba sobre un pollo que bailaba sino sobre una invasión alienígena XD!

    También me parece importante mantener el tono de la obra. Recuerdo, por ejemplo, haber empezado a ver una teleserie argentina que durante al menos la mitad de capítulos se presentaba como una comedia familiar, para terminar frustrada con el repentino cambio a tragedia que le dieron cerca del final. Uno como público a veces elige que las obras sean de cierto género o tengan cierto tono porque es “eso” lo que uno está buscando en esos momentos. Con la teleserie argentina, por ejemplo, yo quería una comedia de principio a fin, algo para relajarme y sonreir, no algo que me pusiera a llorar como una Magdalena y me hiciera ver los días más grises.

    Un abrazo.

    • Es que recuerdo la atrocidad de ese manuscrito y me da vergüenza D:

      Me pasó lo mismo con Chicken Little y recuerdo que unos cuantos se quejaron. Sé de alguien que se decepcionó con Inside Out porque solo vio este video y la película abarca más que eso. En resumen: hay que tener mucho cuidado con lo que le prometes al lector/espectador. Por más bueno que sea la obra, podría terminar no gustándole por una mala campaña.

  • El tema de este post me resulta de lo más interesante. De hecho, mi proyecto final de la carrera fue sobre este tema.
    Es cierto eso que dices de que lo más probable para quien intente romper las expectativas de su lector es que salga el tiro por la culata, pero también es cierto que todas las grandes obras artísticas juegan con la ruptura de las expectativas del lector de una forma u otra: rompiendo las convenciones del género, dándole la vuelta a algún tema trillado, jugando con el modo mismo de leer una novela (el famoso boom hispanoamericano, por ejemplo)… En tu caso, Ana, supone una grata ruptura de las expectativas, según lo que el lector medio de fantasía tiene en mente, esa buena mezcla que haces de la fantasía con lo urbano.
    Creo que hay que distinguir entre lograr engañar al lector sin mentiras, que suele ser muy valorado, y mentir al lector, una tomadura de pelo en muchas ocasiones, con honrosas excepciones como Laurence Sterne en su Tristam Shandy (que también es una tomadura de pelo, pero magistral). Se me ocurre también la síntesis de contraportada de Inferno (al menos en su versión española comercializada en España), que miente al lector para no desvelarle de forma prematura la clave de uno de los giros argumentales importantes de la novela.
    Como he dicho, buena síntesis, muy interesante. A quien quiera ahondar en el tema, le aconsejo que investigue sobre la Estética de la recepción, Reader-oriented criticism y las desautomatizaciones literarias del Formalismo ruso.

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