Cómo escribir peleas (in)creíbles: porras, mazas y martillos

Seguimos con la serie Cómo escribir peleas (in)creíbles. En la entrada pasada, estudiamos la versatilidad de las hachas y desmentimos algunas nociones erradas. En la entrada de hoy, nos adentraremos en el mundo de unas armas cuyo diseño es similar al de las hachas, pero carecen de filo: porras, mazas y martillos. Ya sabes, armas para machacar gente.

Antes de adentrarnos en las diferencias entre cada tipo, será conveniente que estudiemos sus similitudes. Las porras, las mazas y los martillos son armas de percusión, esto es, no causan daño por corte, sino por impacto. Cabe destacar que, a pesar de esto, no son muy pesadas. Al igual que las espadas, el peso raras veces excede los tres kilogramos. En realidad, la diferencia es que la mayor parte de la masa está concentrada hacia la punta del arma, lo cual le añade fuerza al golpe.

Esto implica que estas armas son excelentes para combatir contra armaduras de todo tipo. Como descubrimos en el apartado de espadas, es imposible cortar una armadura por más afilada que sea la hoja, por lo que el espadachín se ve obligado a dar estocadas en los puntos expuestos o a invertir el agarre para usar la empuñadura como martillo improvisado (mordhau). Claro, si tienes un martillo, no tienes que hacer nada para adaptar tu arma: un buen golpe a los brazos y romperás huesos; si asestas a la cabeza o el pecho, el golpe es letal 9 de cada 10 veces.

Incluso si el oponente lleva armadura de placas de acero, un golpe bien dado a uno de estos puntos sería mortal aunque la armadura no sufra mayores daños. El motivo es que la armadura es rígida y no absorbe la fuerza del golpe. Cierto, por debajo se solía llevar un gambesón, una prenda acolchada que facilitaba el uso de armaduras… pero no es ningún escudo. Piensa en los automóviles de la década de los 60, que estaban hechos de metal rígido, por lo que los que iban dentro quedaban muy mal en caso de accidente. En cambio, los automóviles modernos se deforman así para absorber la fuerza del impacto y evitar daños a los pasajeros.

Entonces, ¿qué hemos aprendido? Que las mazas y los martillos solían ser usados por gente con armadura contra gente con armadura. En combate sin armadura, es preferible usar espadas porque estas son más ágiles.

En cuanto a las porras, no son tan populares desde que inventamos herramientas más bonitas, pero su reputación de arma primitiva y torpe es desmerecida. Lo creas o no, la porra ha sobrevivido el paso del tiempo, mientras que su sucesora, la maza, no. Seguramente habrás visto una. La policía las usa. Además, a cada rato ves porras en las películas… ¿No? ¿Seguro? Piensa en la última película de zombies o de acción que viste. ¿Seguro que nadie usaba un bate de béisbol? ¿No podría considerarse eso una porra?

Y ya que es el arma más vieja en esta entrada pero, hablaremos de ella primero:

Porras y mazas

Comencemos con lo básico: ¿qué es una porra? Según la RAE: «Palo toscamente labrado, como de un metro de largo, que va aumentando de diámetro desde la empuñadura hasta el extremo opuesto, y que se usaba como arma». Básicamente, un palo con más masa concentrada hacia la punta.

Las porras podrán ser primitivas, pero tal vez esto sea una ventaja. Durante la Primera Guerra Mundial, los ejércitos se veían obligados a luchar por una zona clave durante semanas y hasta meses, con los soldados apostados en trincheras. En un jaque táctico, una de las mejores formas de desmoralizar al enemigo era atacar sus trincheras por sorpresa y matar a los soldados con cuchillos y garrotes improvisados. Este es uno de los llamados garrotes de trinchera:

escribir peleas con porras

Hablando de garrotes, ¿cuál es la diferencia entre un garrote y una porra? Según la RAE, un garrote es un «Palo grueso y fuerte que puede manejarse a modo de bastón». Tal parece que es un término más generalista, pero sospecho que también hay una diferencia regional. En Latinoamérica tendemos a usar «garrote» para referirnos a la porra.

Pero claro, con tantos avances tecnológicos (como la metalurgia) y tantas armas y armaduras brillantes saliendo de las herrerías, las porras dejaron de ser populares… hasta que alguien dijo: «Oye, ¿serán efectivas si las hacemos de metal?».

Y así nació la maza, un arma con una cabeza metálica capaz de enfrentarse a las armaduras de la época. Como el metal es más denso que la madera, esto permitió que el objeto se achicara en comparación con garrotes anteriores, alcanzando tamaños inferiores a los 70 centímetros. El mango también es más estilizado, lo cual facilita su manejo sin sacrificar su fortaleza. En ciertos casos, la maza estaba hecha completamente de metal.

Me gustaría añadir que, a pesar de estar hechas de metal, las mazas NO eran ultra pesadas. De hecho, la mayoría eran poco más pesadas que una espada a una mano y mucho más pequeñas, como demuestra esta reconstrucción histórica:

como escribir peleas mazas

¿Ves lo pequeñita que es esa maza que sujeta el caballero en su mano derecha? Con ese tamaño bastaba y sobraba para ir por allí repartiendo mazazos a las cabezas enemigas (la ventaja de ir a caballo, pues, es que eres más alto).

Habrás notado que la maza de la imagen tiene picos. En realidad, no son tanto para atravesar la armadura como para clavarse en ella y asegurar que la energía del golpe sea transferida con eficacia. Sin esas púas, un mazazo podría resbalar… y eso sería un fastidio, ¿no te parece?

La maza era tan eficaz que se hicieron numerosas variantes, como el lucero del alba, el kanabou y el mangual. Esta última es de lo más interesante, pues es un cruce entre maza y una herramienta campesina conocida como mayal. Como la esfera metálica pende de una cadena y el usuario la hace girar, predecir el punto de ataque se hace complicado. Te recomiendo que le eches un vistazo.

En resumen, conviene escribir peleas con porras cuando los combatientes deben improvisar un arma o la lucha se desenvuelve en un momento en el que las armaduras de placas no se han desarrollado todavía. En cambio, si hay armaduras de placas, vas a necesitar una maza.

Peleas con martillos

Al igual que las mazas, los martillos de guerra NO son gigantescos y ultra pesados. De hecho, la mayoría podía usarse a una mano, lo cual dista mucho de las representaciones que vemos en videojuegos y películas. Mira un ejemplo:

escribir peleas martillos

Los martillos usualmente tenían dos lados: el martillo en sí y el pico. Este último permitía hincar el arma en la armadura del contrincante para atravesarla. Algunos martillos especializados, como el pico de cuervo, tenían un filo tan largo que podían alcanzar órganos vitales al enterrarlos. Esta función no viene sin desventajas: ese pico se va a atascar sin importar lo hábil o fuerte que seas. Y, como aprendimos en el apartado de hachas, dejar que tu arma se atasque bien podría ser lo último que hagas.

Es por esto por lo que casi siempre es preferible usar el lado con el martillo. En muchas ocasiones la cabeza del martillo incorporaba una púa pequeña cuya función no era la de atravesar la armadura y punzar al usuario, sino la de hincarse en ella para transferir más energía a la víctima. Usar este lado no evita que el arma se atasque, pero ciertamente esto ocurriría con menos frecuencia que con el pico.

En muchos sentidos, los martillos son idénticos a las mazas. La principal diferencia es que con la maza puedes atacar con cualquier parte de la esfera metálica, mientras que con el martillo solo tienes dos lados. Pese a esto, ambas son armas contundentes muy efectivas contra armaduras rígidas.

En resumen, estos son algunos errores a evitar cuando necesites escribir peleas con mazas y martillos:

  • Decir que son armas muy pesadas. ¡No lo son!
  • Darle a un personaje una maza o un martillo gigantesco.
  • Darle un martillo o una maza a un personaje cuando este no necesita algo así (porque no tiene armadura ni combatirá contra gente con armadura. Mejor dale una espada, que es más versátil, o un cuchillo si lo prefieres).

En cuanto a los garrotes, no olvides que también puedes usarlos. Puede que no sean el arma de elección de la mayoría, pero de igual modo pueden salvarle el pellejo a algún personaje si este se encuentra en una situación crítica y necesita un arma improvisada.

¿Y la narrativa?

Si esta es la primera entrada que lees de esta serie, te habrás dado cuenta de que solo estoy dando datos técnicos sobre las armas; no he dicho nada sobre el arte de escribir peleas. Lo hago porque la documentación viene primero, la escritura va después. Tienes que saber sobre las armas que vas a usar para escribir peleas creíbles. Lo increíble se lo añade la narrativa, que estudiaremos más adelante. Si no quieres perderte nada, suscríbete al feed del blog.

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10 comentarios

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  • Los martillos padecen del mis “prejuicio” que sufre las hachas: “solo los mastodonte la usan”. Tal vez no tengan tanto glamour como las espadas o lanzas pero uno puede romper un par de huesos. Tampoco hay que olvidar que los martillos son herramientas, dudo que un zapatero tenga a su disposición una espada para defenderse de unos ladrones.

    • Cierto. No lo añadí a la entrada porque la mayoría de los grupos en una expedición no tendrían martillos (sería útil para anclar una tienda de campaña, pero para poco más. Para eso puedes usar cualquier roca de cierto tamaño). En cambio, si se trata de un zapatero, un albañil o similar, no hay razón por la que no pueda usar un martillo para defenderse.

  • Gran entrada, como todas las de esta serie, y muy bien documentada.
    Quisiera hacer, eso sí, un par de consideraciones. Efectivamente las mazas fueron populares por ser efectivas contra armaduras, pero también por ser más fáciles de fabricar, y, junto con un escudo que elimine el inconveniente de su menor agilidad, mucho más versátiles: Maza + Rodela, invasión segura. Su popularidad fue tal, que —si no me equivoco, que escribo de memoria— fue símbolo de poder, y origen del cetro.
    Había mazas más pesadas para ser empleada a dos manos, pero tenía las mismas limitaciones que el mandoble respecto a las espadas convencionales. Por cierto, que me encanta «El sitio de San Juan de Acre» de Dominique Papety, donde aparece un cruzado usando esa maza y un sarraceno un pico de cuervo; eso sí, le supongo poco rigor histórico.
    En cuanto al pico de cuervo, requería una técnica especial. Para luchar con él había que clavarlo en el contrincante y NO tirar del arma, sino empujar al enemigo para desengancharlo.
    El lucero del alba se usaba por parte de la caballería o la infantería pesada contra la infantería ligera —vuelvo a hablar de memoria—, por lo que no era habitual los enganches «irresolubles».
    Lo que me llama la atención del magual es lo corta que solía ser la cadena respecto al mango. ¿Por qué? Básicamente para no golpearse uno mismo. Sin embargo, se suele «pintar» con una cadena mucho más larga. E inútil.
    Por último, mencionar las «macanas», armas terribles empleadas con gran habilidad desde el caribe hasta el sur del imperio inca y de las que hay testimonios varios por parte de españoles y portugueses que se enfrentaron a ellas.
    PS.- Esperarás, claro, un comentario jocoso sobre el escroto de mi compañero. Pues siento decepcionarte, pero ha logrado una gran habilidad esquivando, y no hay manera, oyes.

  • En serio, qué gracia tienes para las entradas. A cada cual más interesante. Lo cierto es que si has jugado a rol, sobre todo a Rolemaster, muchas de estas variantes las conoces. A veces es muy complicado imaginar una escena con tantas variables, como son las armas en sí, la experiencia de lospersonajes, el entorno, etc. Y estos artículos ayudan muchísimo. Enhorabuena, y te doy las gracias. Un beso. Noomi.

  • Me faltaron menciones a las mazas/porras de las culturas americanas (del norte o del sur), recuerdo que los indios americanos eran más usuarios de porras con punta de piedra que de tomahawks, aunque quizás me equivoque.
    Grandísima entrada, como nos tienes acostumbrados. ¡Estoy esperando la siguiente entrega de esto!

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