Cómo escribir peleas (in)creíbles: varas y armas de asta

Seguimos con la serie Cómo escribir peleas (in)creíbles. Hasta ahora he hecho mucho énfasis en el peso ligero de la gran mayoría de las armas y en su pequeño tamaño. Ahora bien, no voy a negar que, a veces, tener un arma más larga que la del oponente es una gran ventaja porque la longitud adicional te permite mantenerlo a distancia. Si estás fuera de su alcance, no podrá hacerte daño por más que te mire con rabia. Para eso sirven las varas y las armas de asta. Puede que tu oponente tenga una espada de acero valyrio de un metro de largo, pero si le metes un palazo a la sien con tu lanza de dos metros, nada podrá hacer él (y tú tienes espada nueva. ¡Yupi!). Así que en esta entrada nos vamos a concentrar en armas largas: bo, lanzas, alabardas y demás.

Como siempre, empecemos por la definición. Las armas de asta consisten en un palo largo en cuyo extremo se coloca una moharra. La principal ventaja de estas armas es que son largas, lo cual permite al usuario mantener al enemigo alejado. Uno podría pensar que si el contrincante consigue acercarse demasiado, el arma sería inútil, pero lo cierto es que es muy fácil retraer el palo y agarrarlo cerca de la moharra para usarlo a modo de cuchillo.

Como las varas y las armas de asta están hechas de madera, son también muy ligeras y esto facilita su manejo: es muy fácil cambiar de ángulo y pasar de la defensa a la ofensiva. Además, el material implica que son muy económicas y sencillas de fabricar. En muchos lados la madera sobra. Es por esto por lo que armas como la lanza estaban tan presentes en los ejércitos medievales.

Huelga decir que el diseño no viene sin desventajas. Al ser de madera, no son tan durables como las espadas. Hay que aclarar que tampoco es que sean muy fáciles de romper, pues la madera usada en estas armas suele ser dura y elástica, como la del fresno. Un espadachín no va a cortar una lanza en dos así como así. No obstante, hay que reconocer que la madera puede romperse. He visto dos bo que se han roto en plena práctica por darle muy duro a BOB (si tienes curiosidad, este es BOB. Intimida, pero en realidad es un sujeto callado y sensible). Esos bo eran algo viejos, pero el hecho es que se rompieron, cosa que no habría pasado con una maza metálica, por ejemplo.

Otra desventaja importante es que, en la mayoría de los casos, carecen de protección para las manos. Por lo general, las armas se deslizan cuando entrechocan. Que una espada se deslice hasta tu mano podría causar una herida que te impida continuar el combate. Con suerte, te llamarán Nuevededos después de eso. Si la fortuna no te sonríe ese día, serás Sincabeza.

Por último, hay que tener en cuenta que las armas de asta no son cómodas de llevar. Un personaje puede llevar una espada o un hacha al cinto, pero no podrá hacer lo mismo con una lanza de metro y medio.

Estas son algunas consideraciones a tener en mente a la hora de escribir peleas con armas de asta. Antes de explorarlas, conviene que aprendamos un poco sobre armas más simples. Ya sabes, varas y eso.

Varas: bo, quartestaff y demás

Una vara puede ser muy útil. Puedes usarla para apartar la maleza, como bastón para facilitar una caminata o para golpear gente. Pocos entendían la utilidad de un simple palo mejor que Miyamoto Musashi, quien en una ocasión llegó a enfrentarse a un samurai de renombre conocido como Sasaki Kojiro. A diferencia de otros espadachines de la época, Sasaki portaba una nodachi, una espada más larga de lo común, lo cual suponía un problema porque la mayoría no podía acercársele sin que este los cortara.

Mientras se dirigía al lugar del duelo, Miyamoto tomó un remo y lo talló hasta que tuvo un grosor manejable. ¿Adivina quién le dio un palazo en la sien a Sasaki con el remo? Spoilers: Miyamoto.

Hablando en serio: morir de un palazo debe ser una de las muertes más humillantes para un samurai.

En las artes marciales asiáticas tenemos que se hace mucho énfasis en el manejo de las varas como el bo, un palo de ciento ochenta centímetros de largo. A pesar de que los mismos samurai portaban espadas y otras armas, aprendían técnicas propias del bo porque si portabas una lanza y la punta de esta se caía, ¿qué te quedaba? Pues un bo. Y más te valía saber usarlo.

Aquí te dejo un video de Nakayama Takafumi haciendo un kata de bo. Fíjate en lo rápido y fácil que es cambiar de guardia y el extremo del arma con el que se golpea.

Una vara no tiene que ser algo especializado. El punto de los palos es que los puedes sacar de todos lados. Jackie Chan demuestra este concepto en una escena de la película Shaolin, en la que usa una pala para defenderse (ten en cuenta que la escena es un tanto completamente ridícula. Estamos hablando de Jackie Chan):

El uso de varas no estaba limitado a las artes marciales asiáticas. Los ingleses tenían el quarterstaff, una vara larga hecha de madera dura. En la mayoría de las sociedades antiguas se luchaba con varas, así que no es algo exclusivo. Estamos hablando de palos. Aunque se pueden usar con gran habilidad, nadie inventó los palos. Y es eso lo que los hace tan convenientes: si tu personaje es pastor y tiene un bastón, ya tiene un arma excelente.

Las varas tienen algunas limitaciones. Entre ellas, está su escaso poder de penetración. Un día, a un cavernícola se le ocurrió afilar un palo, y así nació la lanza.

Peleas con lanzas

En su mínima expresión, las lanzas son palos afilados. Y ya, pues. Esto quiere decir que las puedes usar como un bo, con la ventaja añadida de que al punzar vas a crear un agujero en la carne del oponente. Sospecho que en un principio las usábamos para cazar, pues son mucho mejores que los cuchillos para este propósito. A las dos horas de la invención de la lanza, alguien se comió toda la tocineta y un cavernícola se molestó mucho. Así descubrimos que las lanzas son buenas para atravesar gente también.

Para hacer una lanza, basta con un palo largo y una herramienta para afilarlo. Se puede endurecer la punta con fuego, aunque esto no es necesario. A medida que nos hicimos mejores en el manejo de recursos, inventamos la forma de hacer puntas de piedra y moharras de metal. Poco después, comenzamos a usarlas con escudos, una combinación tan efectiva que fue empleada por milenios.como escribir peleas con lanzas

Si agrupamos las lanzas por su uso, obtendremos que existen dos tipos: arrojadizas y no arrojadizas.

Lanzas arrojadizas

Lanzas que se pueden arrojar, por lo que tienden a ser delgadas y ligeras. Se usaban primordialmente para la caza, aunque muchos ejércitos antiguos la usaban también en combate. Un claro ejemplo de esto fueron los romanos.

*Assagai
*Dardo
*Jabalina
*Pilum
*Venablo

Lanzas no arrojadizas

En teoría, es posible arrojar unas cuantas de las lanzas en este grupo, pero este no es su uso principal ni es recomendable. Tienden a ser más pesadas que las lanzas arrojadizas y a tener mayor poder de penetración.

*Partesana
*Pica
*Spetum
*Tepoztopilli

Las lanzas eran muy populares por su bajo coste, ligereza y poder de punción. No obstante, su fortaleza era también su mayor debilidad: solo podían punzar. Algunos intentaron resolver este problema ensanchando la moharra y creando hojas más largas y anchas. Gracias a esto, creamos lanzas especializadas que también eran buenas cortando, como la alabarda.

Otras: alabardas y gujas

Se podría decir que todas las armas de asta hallan su origen en la lanza y representan una solución a la falta de corte de las mismas. Al ver una alabarda, uno podría pensar que es un cruce entre una lanza y un hacha y no estaría equivocado: se ve la influencia de estas dos armas. Otras, como la guja (guandao en China y naginata en Japón), mezclan la longitud de la lanza con el poder de corte de la espada.

El resultado son armas que pueden hacer ambas cosas. Dicho esto, hay que tener en cuenta que al especializar un arma, se debe sacrificar algo más. En este caso, se añade más peso a la moharra para incorporar un filo que corte; conviene entonces incorporar un contrapeso. Todo esto puede ocasionar que el arma no sea tan fácil de manejar por el simple hecho de que es más pesada.

Eso sí, no se puede negar que son más llamativas que una lanza, ¿eh? Y puedes cortar con ellas.

Hay demasiadas variantes de la lanza para enumerarlas aquí. Lo mejor que puedes hacer para tener una mejor idea es adoptar el slogan de Pokemon: Atrápalos a todos. Ve a un museo de armas. Míralas todas. Investiga al respecto. No menosprecies una vara solo porque es un trozo de madera. Recuerda ese viejo proverbios japonés: «un remo mata a un samurai».

Bueno, mentira, me lo inventé yo, pero es verdad que se puede matar a un samurai con un remo.

¿Y la narrativa?

Si esta es la primera entrada que lees de esta serie, te habrás dado cuenta de que solo estoy dando datos técnicos sobre las armas; no he dicho nada sobre el arte de escribir peleas. Lo hago porque la documentación viene primero, la escritura va después. Tienes que saber sobre las armas que vas a usar para escribir peleas creíbles. Lo increíble se lo añade la narrativa, que estudiaremos más adelante. Si no quieres perderte nada, suscríbete al feed del blog.

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9 comentarios

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    • ¡Gracias por comentar! No por nada a la lanza se la llamaba “el arma reina de las batallas”. Era barata y versátil.

      Vi el video, aunque no lo he usado como referencia porque unos compañeros que llevan más tiempo haciendo HEMA me han dicho que está plagado de errores (como el uso de esos escudos cuando el usuario está usando armadura de placas de acero).

  • Una entrada muy interesante, Ana.

    Lo que me parece más curioso es que en Occidente, a partir del s. XVI, las espadas se hacían más pequeñas y ligeras, con la aparición del estoque, la ropera y finalmente el espadín, pero las lanzas seguían un camino inverso y se hacían más grandes, con mucho más acero. Reaparecieron las larguísimas picas, las partesanas y las alabardas con sus complicadas cabezas o incluso el alhspiess, con casi un metro de punta de acero y protección para las manos (y que supongo que se basaba en el hacha de petos).

    Es como si la espada se volviera un arma casi “civil” mientras que la lanza se conservaba para la guerra.

    Encuentro que las lanzas tienen nombres preciosos en español: morosa, chuzo, archa, roncona… Me encantan.

    • Es posible que esto se deba a que la lanza reportaba una buena relación costo-beneficio para la batalla. Un individuo acaudalado podía permitirse una espada, pero entregar espadas a cada miembro del ejército sería un coste brutal. Una lanza no se puede portar con facilidad, pero para una batalla es indispensable.

      ¡Un saludo!

  • Cuando has comentado lo del contrapeso en las lanzas, no he podido dejar de imaginar a los hoplitas.
    Por cierto, en cuanto a lo de pelear a palos, existe en muchos sitios el empleo del «bastón» o «garrote»como arma. —Goya: Duelo a Garrotazos—.
    Por supuesto magnífica y documentadísima entrada. Gracias por compartirla con nosotros.
    PS.- Es raro, pero mi compañero se ha ido a urgencias sin haber practicado. Me tiene amoscado. Ya te contaré.

  • Tenía un poco olvidadas estas entradas pero por fortuna he regresado justo a tiempo de ver que tenías una dedicada a las lanzas. Justo lo que necesitaba.
    Tengo algunos proyectos en mente que incluyen picas y jabalinas por lo que todo lo que has dicho me vendrá bien.
    ¡Gracias!

  • Este post invita a investigar más sobre las lanzas. Por ejemplo, el alcance de las distintas armas arrojadizas, el poder de penetración de cada una frente a distintos tipos de armadura, uso individual vs uso en formaciones/ejército, etc. Aparte, también me ha despertado la curiosidad sobre las lanzas empleadas en los torneos medievales a caballo, que deben de ser de un tipo muy especial. Tampoco he podido evitar pensar en la parte deportiva, y en el particular estilo de lanzamiento de jabalina de Miguel de la Quadra-Salcedo (que muchos hemos recordado hace poco con la noticia de su muerte).

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