Error de escritor #8: escenas vacías

Seguimos con la serie Errores de escritores. Es muy común entre los noveles enamorarnos tanto de la historia y los personajes que permitimos que nuestros dedos vagabundeen por el teclado; sin darnos cuenta, tenemos una novela repleta de escenas vacías.

¿Qué es una escena vacía? Pues una escena que es correcta a nivel estructural, pero que no aporta nada a la novela. No empuja el argumento, no revela nueva información, no añade profundidad a los personajes… En otras palabras, es irrelevante.

Los escritores noveles suelen meter relleno. Si escriben fantasía, pasarán páginas enteras explicando los orígenes de las especies de su mundo fantástico sin que esto sea necesario para el disfrute de la obra; los que se dedican a la novela romántica gastarán capítulos haciendo que su protagonista se siente en un café mirando la lluvia caer a través de la ventana cristalina; en cuanto a los de novela negra, describirán absolutamente todos los detalles de una habitación… aunque no haya ningún cadáver en ella y ninguno de esos objetos vuelva a aparecer como pistola de Chéjov.

¿Me entiendes? Es un mal hábito que en nada ayuda, porque lo que no saben estos escritores que tanto se esmeran en dar vida a sus mundos es que el lector los ha abandonado al primer párrafo. Con suerte, al segundo.

Que conste que no estoy diciendo que todas las escenas tienen que impulsar el argumento hacia adelante o dejar al lector en vilo, ¿eh? Si bien es cierto que muchas de las escenas vacías que leo tienen diálogos inconsecuentes, un autor experimentado sabrá crear una escena íntima o sacar a relucir algún aspecto importante de sus personajes a través de una conversación casual.

Por ejemplo, supongamos que nuestro protagonista, Julián, sale de su casa y ve a su vecina Clara, una anciana retirada que habla hasta por los codos. Supongamos que Clara le pregunta cómo le va en el trabajo y Julián contesta que lo acaban de ascender, cuando en realidad lo despidieron hace un mes y en ese momento va a una entrevista de trabajo a McDonald’s.

Ahí estamos mostrando a un Julián avergonzado por su situación, a un Julián cuyo orgullo no le permite admitir que podría terminar volteando hamburguesas en un McDonald’s (porque, por alguna razón, para mucha gente ese trabajo es vergonzoso).

Esto sería diferente si Julián y Clara hablaran del clima. ¿Qué le importa al lector el clima? ¿Es relevante para la novela? En tal caso, la escena estaría vacía porque no impulsa la trama hacia adelante, no contribuye a crear una imagen del mundo en la mente del lector ni explora o refuerza una faceta de los personajes. Está de más.

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¿Cómo evitar las escenas vacías?

Una escena vacía puede tener múltiples orígenes. En principio, puede deberse a que el autor no sabe a dónde ir con la historia, por lo que la solución sería planificar la novela. No, ¡no te vayas! Sé que esto de planificar una novela puede sonar aburrido, pero no tiene que serlo. De hecho, lo más probable es que ya lo estés haciendo, solo que no te das cuenta y no has aprendido una técnica que se adapte a tu estilo, por lo que el resultado es caótico.

Si el argumento de tu historia se desvía y vagabundea, prueba planificar la obra. Algunos escritores se contentan con esbozar unos cuantos rasgos generales, mientras que otros se sienten más cómodos elaborando esquemas (o escaletas, como quieras llamarlo). No des por sentado que sabes lo que prefieres si nunca has probado algo diferente.

Otra posibilidad es que estés tan enamorado de tus personajes y de tu mundo que no puedes contenerte. Esperas que el lector se enamore también, así que le das escena tras escena de diálogos y descripciones aunque no contribuyan en nada. La solución es aterrizar y reconocer que, en la mayoría de los casos, menos es más. Si le das al lector demasiada información, se va a aburrir.

Entreteje el argumento con el desarrollo del personaje. Será más poderoso crear un buen conflicto y darle un pantallazo azul a tu protagonista que mostrarla en el café todos los días mientras piensa en la conversación vacía que acaba de tener.

En cuanto a la creación de mundos, admito que pertenezco al bando que prefiere poca descripción. Admiro a escritores como Neil Gaiman y José Antonio Cotrina porque con unas pocas palabras eligen un tono y pintan un mundo vívido en la mente del lector. Por desgracia, hay muchos escritores de fantasía que malgastan páginas explicándome una guerra que ocurrió hace mil años y que nada tiene que ver con la historia actual. Influencia de Tolkien, tal vez, y mal aplicada.

Si ya terminaste tu primer borrador, pues tu enfoque deberá ser distinto porque te tocará corregir, no planificar. En su libro 70 trucos para sacarle brillo a tu novela, Gabriella Campbell recomienda imprimir la obra y marcar los tipos de escenas (acción, informativas, etc.) para medir el ritmo de la misma. Yo diría que este truco también puede usarse para detectar escenas vacías.

*Por cierto, recomiendo mucho ese libro. Apenas cuesta 2,99 euros y tiene un montón de información útil.

Cómo solucionar tus escenas vacías

Tienes que eliminarlas. Destruirlas. Encestarlas. Si tu objetivo es entretener, no lo vas a lograr agregando escenas que entorpecen la lectura. Solo conseguirás que tu historia pase de ser entretenida a insoportable.

Sé que duele borrar capítulos enteros, pero el oficio de escritor no se limita a escribir. También hay que aprender a corregir, a reescribir y, sí, a destruir. Tienes que admitir que no todo lo que escribirás será bueno.

5 comentarios

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  • En la fantasía épica, por alguna razón, reinan los libros enormes, las sagas interminables. Parece haber una ley que diga “cuanto más largo sea el libro, más épico será el final” que mueve a los escritores a llenar páginas y páginas. Me ha pasado, redactar sin que llevara a ningún sitio. Por eso me gusta tanto la saga de Harry Potter. Sí, es muy larga, pero la estructura es genial, siempre avanza, siempre intriga, ocupa lo que tiene que ocupar.

    • Creo que este problema puede ocurrirle a cualquiera, pero los escritores de fantasía somos particularmente propensos. Dicho esto, hay libros que podrán parecer largos, pero no tienen nada de sobra. Si mal no recuerdo, Harry Potter encaja en esta categoría.

  • ¡Hola Ana!

    Estoy muy sorprendido. Descubrí tu blog ayer y tengo que reconocer que me he enamorado. ¡Jejeje!
    Te seguiré de cerca a partir de ahora.

    Un abrazo y gracias :)

    • ¡Hola! Muchas gracias por pasarte por acá. Mi blog está en una relación abierta, así que con gusto corresponderá a tu enamoramiento. ¡Que se diviertan! :-p

  • Concuerco contigo, en mis primeros intentos de novelas mis personajes no paraban de darle a la lengua. Página tras páginas, a veces sucedía algo pero después, los muy cabritos, continuaban hablando. Pero creo que, gracias a largos años escribiendo, he mejorado. Aunque solo sea un poquito. A mi también me cansan todas esas descripciones largas y tediosas de la fantasía que no aportan absolutamente nada. Es bastante mejor ir directo al grano desde la primera página. Por cierto, me encanta ver que alguién también utilicé la pequeña, pero gran frase, de menos es más del maestro Mies Van der Rohe. Aunque el lo utilizó refiriéndose a la arquitectura bien se puede trasladar a cualquier otra arte.

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