Error de escritor #7: prometer una explosión y terminar en chisporroteo

Seguimos con la serie Errores de escritores. Cuando abrimos un libro por primera vez, tomamos el riesgo de que sea una mala novela. Es un hecho que no todas las historias nos parecerán buenas, ya sea por su calidad o por el simple hecho de que no resuenan con nuestra propia experiencia. Muchos de nosotros terminamos todas nuestras lecturas porque tal es nuestra política, con la esperanza de que el argumento mejore durante el transcurso. Si no lo hace, lo aceptamos y lo olvidamos al mes sin dejar rastro de ningún rencor hacia el autor. Sencillamente, estas cosas pasan.

No obstante, ocurre algo muy diferente a nivel emocional cuando un libro nos tiene enganchados, cuando nos ha sacudido el alma, cuando el argumento trepidante nos eleva hacia un clímax mortal… y este no ocurre. La historia termina, se disuelve con un siseo en lugar de la explosión prometida. Ahí es cuando el lector se molesta porque se siente traicionado, y con toda la razón. Quebraste el embrujo del libro con un final decepcionante. Prometiste una explosión y diste un chisporroteo.

Por lo general, este es un problema de estructura. Hay autores que son muy buenos escribiendo un preámbulo vertiginoso que arruinan en las últimas páginas por falta de tiempo, técnica o perspectiva. A continuación, dos errores que llevan a este final tan decepcionante para el lector:

1) Terminar el libro antes de tiempo

Pasa con frecuencia entre los autores noveles. Los más experimentados saben que la historia dura lo que tiene que durar, mientras que a los nuevos les dicen una y otra vez que lo mejor es escribir obras cortas que enganchen rápido. Las mismas editoriales lo hacen porque es más fácil vender un libro de cuatrocientas páginas que uno de setecientas.

Por desgracia, unos cuantos se enfrascan en esta idea y, en un intento de acortar la historia, la mutilan o abortan antes de que alcance su pleno desarrollo. En el mejor de los casos, el resultado es una novela con demasiados cabos sueltos. En el peor, el autor logra emocionar a sus lectores con un preámbulo trepidante, pero por andar con prisas no lo corona con un clímax satisfactorio. La confrontación final, que el lector espera dure unas cuantas páginas, es resumida, evitada o resuelta con un deus ex machina.

¿Por qué es más grave el segundo caso? Porque en el segundo el lector pasa de amarte a odiarte, un cambio que raras veces ha salido bien en la historia de la humanidad. A veces hasta termina en asesinato. No que el lector te vaya a matar, pero mejor curarse en salud.

Esto me recuerda a la saga Crepúsculo. Los personajes pasan todo el cuarto libro preparándose para una confrontación con los Vulturi solo para que al final esta confrontación no ocurriera. Si mal no recuerdo, el libro tenía más de seiscientas páginas —creo que incluso más de setecientas—. Como solo leía la saga porque todo el mundo lo hacía y no conectaba con ninguno de los personajes, el final no me afectó. A mis amigas sí, y mucho. Se sintieron estafadas por haber invertido cientos de páginas anticipando un conflicto que se resolvió en menos de cinco. Esperaban una explosión y obtuvieron una llamita.

2) Terminar el libro en cliffhanger

Esto está relacionado al problema anterior, pero merece su propio apartado. Se denomina cliffhanger a la práctica de dejar al lector al borde del precipicio mediante el uso de alguna herramienta que aumente la tensión justo antes de que termine la escena o el capítulo. El objetivo es generar suficiente intriga para que el lector no pueda resistir la tentación de seguir leyendo. Autores como Dashner usan este recurso muy bien —no me gusta Dashner, pero hay que reconocer que trabaja muy bien el ritmo acelerado—, pues usa capítulos cortos y al final de la mayoría presenta información nueva que impulsa la lectura. Por lo general, es una buena herramienta para mantener la atención del lector.

Sin embargo, hay que reconocer que el cliffhanger es un arma de doble filo. Funciona bien dentro de la narrativa de una novela, de capítulo a capítulo, mas podría ser desastroso si el libro terminara con uno. Supongamos que una novela tiene ya un buen número de páginas y el autor decide terminarla en cliffhanger para retomar el argumento en la siguiente entrega. Mala idea. Si bien las sagas tienden a seguir el mismo argumento a lo largo de su duración, cada entrega tiene su propia subtrama independiente y, por lo tanto, su propio inicio, nudo y desenlace. El cliffhanger tiende a ocurrir durante el clímax y antes del desenlace, por lo que el lector leerá, pasará la página y no podrá dar crédito a sus ojos: ¡el libro se terminó! Se sentirá estafado porque ahora tiene que esperar meses, años, hasta que salga la siguiente entrega para leer la resolución de un conflicto que debió haber terminado en esa misma novela.

¿Es malo terminar un libro con un cliffhanger? No siempre. Lo ideal es resolver el conflicto presentado al inicio de la novela. Esto no te impide hacer una vuelta del tuerca durante el desenlace que dé una pista sobre el conflicto de la siguiente entrega, o presentar alguna situación nueva, pero relevante que incite la curiosidad del lector. Solo hay que reconocer que el cliffhanger NO constituye un clímax satisfactorio dentro del contexto de una novela.

Cómo evitar este error

Cumple tus promesas. Si lograste escribir una historia con un conflicto interesante y la mayoría de los capítulos aumentan la tensión, seguramente tienes la habilidad de escribir un clímax satisfactorio. Tómate el tiempo que sea necesario y experimenta coon las diferentes herramientas: confrontación entre protagonista y antagonista, vuelta de tuerca, puñalada por la espalda, prueba de coraje, prueba de la integridad del protagonista, asesinato, etc., etc., etc. Con un arsenal tan grande, es impensable resolver un conflicto con un deus ex machina o evitarlo. No engañes al lector con un final decepcionante.

15 comentarios

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  • Y no sólo con el final. Si hay algo —muy poco, casi nada— que no me guste de los clásicos hispanos son frases similares a éstas:
    «Y así pasaron la tarde, con éstas y otras discretas pláticas»
    «Aquel ingenio que parecía hecho como de molde»
    Me las acabo de inventar, pero seguro que a todo el mundo le suenan. ¡No me prometas que me vas a explicar algo y me dejes con una frase ambigua y sin concretar! O me cuentas CONCRETAMENTE lo que está sucediendo, o te estás calladito.
    Y si eso es con los grandes, que al final se ve compensado con otras veintiuna mil cuatrocientas dieciséis ventajas, imagínate tú —yo—, escritor novel que apenas aporto con una historia mediocre y con estos errores.
    Concretemos, contando si es preciso en vez de mostrando, pero concretemos. Especialmente al final.
    Y en cuanto al cliffhanger, bueno, ahí están las grandes sagas. Se introduce la trama del siguiente capítulo, pero se TERMINA la del actual después. Ejemplos: Cualquier gran saga. Venga, si insistes, Dune.
    Y ejemplos de cómo seguir invitando a la lectura sin necesidad de dejar cabos sueltos: «Doce casos para Don Isidro Parodi». Claro, volvemos a los grandes.
    Gracias por esta nueva lección «profe» ;). Me ha encantado.

    • Jajaja, sé a lo que te refieres. Voy a tener que leer Dune, porque ya lo has usado de referencia al menos tres veces. No sé por qué, pero últimamente le tengo aversión a los libros largos.

      En cuanto a lo del cliffhanger, ¿hablas de capítulos o de novelas? Porque un cliffhanger de capítulo a capítulo es aceptable. Pero ¿uno de novela a novela? Es más complicado hacerlo. No imposible, solo más complicado. A veces ocurre porque el autor terminó la novela antes de tiempo, no porque haya creado un repunte en la tensión introduciendo una vuelta de tuerca o incluso un nuevo conflicto que será resuelto en la siguiente entrega. El primer caso me parece un error, mientras que el segundo, no.

    • Llevas razón… me gusta «Dune». Pero no es la única. La trilogía original de «La Fundación» —luego hecha heptalogía—, el ciclo «Trilogía de Cat Stevens y Hutch Bessy» —sí, me gusta la pasta del oeste… incluso sin gratinar—, el «Amadís de Gaula», que son cuatro relatos en sucesión, y tantas y tantas otras sagas literarias o fílmicas son capaces de enlazar una novela/película con la siguiente. La condición que me parece percibir como común en todas ellas es que el arco argumental principal termina y se concreta en el final, aunque simultáneamente se establezca uno nuevo, desde meramente insinuado a clara e intencionalmente establecido. Pero siempre resulta obvio que es algo «nuevo» ajeno aunque enlazado al argumento principal.
      ¡¡Cómo me enrollo!! Prometo no incordiar más en este hilo, jeje 😉

  • Estaba seguro que ibas a mencionar a Crepúsculo como el ejemplo perfecto de un libro que promete mucho y cumple poco en el final XD

    De los finales Cliffhanger depende de cómo se usen. Por ejemplo, los finales de videojuegos como ICO y Shadows of the Colossus me parece que son buenos ejemplos de finales “Cliffhanger” pero más que hacer que la fanbase se jale los pelos porque Fumito Ueda no explicó nada, estos finales son parte de la magia de los juegos.

    • Es que era el ejemplo perfecto, no lo pude evitar XD

      Nunca jugué ICO o Shadow of the Colossus porque tuve Nintendo y Xbox, no PlayStation. Por poner otro ejemplo, Bioshock Infinite también terminó en cliffhanger, pero es un tipo diferente al que me refiero en la entrada. Los desarrolladores sí resolvieron el conflicto principal y luego introdujeron una vuelta de tuerca, una incógnita tipo «¿Y si…?». No hay nada malo con terminar una historia en un punto álgido de tensión, si esto tiene sentido. Lo malo es acortar la novela para lograrlo o introducir herramientas baratas como diabolus ex machina y deus ex machina.

  • También están los escritores que hacen de los finales anticlimáticos su trademark, otros prefieren terminar con el fadeout en vez de con un bang. Aunque me parecen estrategias válidas, suele requerir de mucha habilidad. No cualquiera se puede salir con la suya y decir “es que es un final abierto, lo que pasa es que no lo entendiste” o “es que no captas la sutileza de mi prosa, vuelve a leer”. Samuel Beckett renovó el teatro contemporáneo y de paso ganó el Nobel de literatura, entre otras cosas, por su obra Esperando a Godot. Spoiler: Godot nunca aparece (esa es la gracia) aunque los personajes hablen y hablen sobre el tal Godot. Pero no cualquiera es Beckett y ni siquiera creo que a Beckett le saliera todo bien. Hay otros autores, como Peter Handke, que han hecho carrera escribiendo novelas sin trama, pero ese es un tema que podemos tratar después. Otro spoiler: por lo general me parecen insoportables esos libros acerca de, como dice Rothfuss (que tampoco me gusta, lo siento, estoy de antipático), tratan de hombres tomando té, mirando por la ventana y pensando en su madre.

    • Estoy de acuerdo. En la mayoría de los casos, esto refleja flojera y no habilidad; puede lograrse, pero no es algo que se deba tomar a la ligera.

      En lo personal, no disfruto de este tipo de obras. Una cosa es que el autor señale una posibilidad o presente una incógnita nueva al final, pero en lo que a tensión se refiere, una promesa rota suele deberse a la falta de habilidad. Es como intentar barrer la suciedad y esconderla bajo la alfombra, a ver si el lector no lo nota.

  • Uno de mis géneros favoritos es la fantasía y, en muchas ocasiones, una batalla épica es una estupenda forma de cerrar la historia (aunque suele requerir unas páginas más para atar cabos sueltos tras la misma).
    Si la batalla o confrontación final “es resumida” (caso 1, terminar antes de tiempo) decepciona, porque (y volvemos a uno de nuestros mantras) estaremos contando en vez de mostrando. ¿Y cómo mostrar en el caso de una batalla final? El gran Haskoz nos hace unas buenas sugerencias en la revista de marzo de Pluma en Acción, aquí:
    Gracias de nuevo, Ana, por tu trabajo aquí y en Pluma en Acción, es una gozada leer y opinar sobre cosas como esta.

    Vaya, nunca me entusiasmaron los vampiros modernos… con las películas será suficiente entonces.

    • Haskoz hizo un excelente trabajo con ese artículo. El tema de las batallas es uno que me fascina y siempre me planteé escribir al respecto. Me alegra no haberlo hecho. Haskoz lo hizo mejor. Dicho esto, creo que se puede expandir y lo haré en este blog… eventualmente.

      Gracias por pasarte por aquí :)

  • Hacía mucho que no pasaba por aquí. Ya sabes, estoy semanas sin pasar y en un día me leo todas tus entradas. ¡Qué interesantes son los debates que surgen en torno a tus posts! La verdad es que pienso bastante en ellos cuando me siento a escribir. Por ejemplo, (y aunque me vayáis a odiar) creo que soy de esas a las que les encanta entre capítulo y capítulo el cliffhanger. Me encanta llegar al final, tras haberme prometido “este capítulo y me voy a dormir” y no ser capaz de dejar la lectura porque aparece algo con lo que no contaba y que se presume que se resolverá unos páginas más adelante… Y, lo que es peor, estoy usando este recurso (y, de momento, no abusando) en mi intento de novela de fantasía. Sin embargo, estoy de acuerdo con vosotros: si prometes algo, lo cumples. Si no lo haces, es una cagada monumental. ¡Espero no cagarla yo! jeje

    Nos leemos Ana! :)

    • En lo personal, no tengo problema alguno con el cliffhanger. Hay varias obras que me han gustado y que estaban plagadas de ellos. La cosa es cuando el autor acorta la trama (o, por el contrario, intenta alargarla) y no concluye el punto argumental de la novela. Me parece que es una mala técnica.

  • Por suerte esto no me ha pasado mucho con los libros, pero es condenadamente normal en el anime (Parasyte, no sé si amarte o arrojarte por un acantilado). Recuerdo cuando leí Los juegos del hambre, dejando de lado su calidad literaria, el tercer libro prometía una batalla llena de acción y giros inesperados; ¿qué obtuve?: una protagonista drogada cada vez que algo interesante ocurría, un ejercito enemigo inexistente y cero emoción, y el final fue tan absurdo que tuve que procesarlo por unos segundos antes de gritar WTF?!.

    Los finales apresurados a veces también se sienten como si el autor se hubiera aburrido de la historia y escribiera cualquier cosa con tal de terminarla. No siempre es el caso, pero si decides escribir, publicar y cobrar por un libro, por lo menos deberías ponerle empeño hasta el final.

    Y sí, los cliffhangers son complicados, pueden ser muy buenos o terminar muy mal. En realidad casi no me molestan, es divertido cuando eres incapaz de soltar un libro por querer saber qué pasa después, el problema es cuando la novela en sí termina en uno; por eso trato de solo leer sagas ya terminadas, prefiero no arriesgarme. Además, si el siguiente tomo tarda mucho en salir, el efecto del cliffhanger se pierde y la historia ya no despierta el mismo interés que antes.

    • Por Diiiiioooos, es verdad. En el anime es tan frecuente que ya me acostumbré y se me olvidó mencionarlo. Eso y las peleas de cinco episodios en el shonen.

      Tienes razón con eso de que se siente como si el autor se hubiera aburrido de su libro. Lo que ocurre es que muchos superventas están bajo presión no solo por parte de sus fans, sino de los editores también. Algunos firman acuerdos para series de siete libros cuando solo el primero está escrito. No me sorprendería que alguno se aburriera de trabajar con ese modelo.

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