Cómo escribir una escena íntima

No estoy hablando de una escena romántica o erótica. Aunque la intimidad puede estar presente en estas situaciones, abarca un espectro más amplio de la experiencia humana que el simple deseo de meterle mano a esa chica con la has querido tirar desde hace dos años. Puedes desnudarte ante otro y permanecer escudado de otras formas. Me refiero a esa zona especial que reservamos para un grupo selecto de personas en las que confiamos al punto de exhibir nuestras vulnerabilidades: tu pareja, tu amigo de la infancia al que le cuentas todo o esa chica que conociste hace tres semanas pero con la que sientes una conexión inexplicable.

Es relativamente fácil escribir sobre el sexo (a pesar de los muchos fetiches y posibles combinaciones que puedes hacer con los apéndices y agujeros del cuerpo humano) o sobre la amistad. Es fácil decir en lugar de mostrar. Pero ¿desarrollar una conexión entre dos personajes y que el lector la sienta? Es un logro mucho más complicado que poner «Pedro era su mejor amigo, a él le contaba todo». Para conseguir que el lector sienta ese vínculo, sea en una escena romántica o en una simple conversación entre amigos, hay que apelar a su propia necesidad de calor humano.

Aquí les dejo algunos consejos para escribir una escena íntima.

Usa experiencias compartidas

Seguro que te has topado con una de esas personas que, tras dos minutos de conocerte, te ha contado toda la historia de su vida a lo Forrest Gump. ¿A que sí? Lo peor del caso es que estos individuos suelen acercarse a ti en el peor momento: en un ascensor, un taxi, un cuarto cerrado cuya puerta ha desaparecido misteriosamente…

¿Por qué nos sentimos tan incómodos en estas situaciones? Simple: no conocemos a esa persona. Desde niños aprendemos que no es buena idea ir por ahí cotorreando con cualquiera. Por lo tanto, cuando alguien es tan abierto, escuchamos sus historias con suspicacia por el simple hecho de que no sabemos si está siendo franco: ¿querrá distraernos para obrar alguna artimaña, despertar nuestra lástima y pedirnos un favor? Aunque sus intenciones no sean malas, el mero hecho de tener que escuchar el monólogo de un desconocido puede resultar agotador.

Ocurre lo mismo en las novelas. Si tu protagonista está en una fila para comprar el escudo de última generación y el aventurero frente a él se gira para contarle todos los detalles de la infidelidad de su novia de cinco años, el lector se sentirá extrañado (a menos que el aventurero sea también taxista. Un taxista aventurero. ¿O un aventurero taxista?). ¿Por qué este personaje ha decidido entablar conversación con el protagonista? ¿Cuál es el propósito del diálogo?

El lector tiene un deseo contradictorio: busca ser sorprendido, pero, al mismo tiempo, no admite coincidencias en la ficción. Por lo tanto, no aceptará una conversación salida de la nada aunque esta lleve a algún evento importante de la trama; lo percibirá como un mecanismo conveniente para hacer avanzar el argumento, no como una oportunidad que surgió de forma orgánica dentro de las reglas de la obra. Sin embargo, si dos personajes ya tienen una historia y han compartido experiencias. Ya tienen una relación; no son simples extraños.

Volvamos al caso de nuestro protagonista que quiere comprar un escudo y el aventurero: tal vez ya se conozcan; a lo mejor lucharon juntos en una guerra y no se han visto en cinco años, en cuyo caso lo natural sería que se fueran a tomar una cervecita en la posada más cercana; en este contexto, el tema de la infidelidad podría surgir de forma natural. Ya a partir de ahí puedes hacer lo que quieras: enviarlos en una aventura de descubrimiento personal en la que maten muchos monstruos; que el protagonista le confiese a su amigo que siempre le ha gustado y así empiezas un romance; que se emborrachen y tengan sexo y a la mañana siguiente no quieran hablar de ello. Qué sé yo. Las posibilidades son infinitas y van desde aplastar cerebros de monstruos hasta romance.

Lo importante es tener en cuenta que no nos abrimos con cualquiera. A menos que estemos en una situación desesperada (una mujer que huye de una relación abusiva y no le quede más que confiar en el extraño que pasa por ahí, un hombre a punto de cometer suicidio), preferimos lidiar con nuestros propios problemas y que los demás hagan lo mismo. Establece la relación antes de escribir la escena íntima en cuestión. De otro modo, se sentirá falso.

Crea una atmósfera y un preámbulo

Cómo escribir una escena intima
Hay que reconocer que la historia por sí sola no basta. Puedes conocer a alguien desde la infancia y no confiarle tu secreto mejor guardado. Por otro lado, hay personas con las que conectamos muy rápido.

No quiero hablar mucho de mi vida personal, pero en verdad no tengo otro ejemplo a la mano. Conocí a mi mejor amiga cuando yo estaba de intercambio en Japón. Vivíamos en el mismo dormitorio y en ocasiones nos encontrábamos en una habitación que no estaba ocupada. Tenía dos escritorios, así que las dos podíamos estudiar: ella portugués, yo japonés. Así nos ayudábamos mutuamente.

Como a las tres semanas de conocernos, le hice una pregunta sobre un concepto de la cultura japonesa que no terminaba de entender, el honne y el tatemae. Resumiendo mucho, el honne se refiere a los verdaderos pensamientos y deseos de una persona, mientras que el tatemae es lo que uno muestra en público. El honne puede contradecir el consenso establecido por la sociedad, por lo que se mantiene oculto salvo ante amigos muy cercanos y familiares.

Si bien es cierto que en nuestra sociedad usamos estos conceptos, lo hacemos en menor medida. Entender que todos tenemos opiniones distintas es parte de ser adulto. El debate es un método de comunicación aceptable, mientras que en Japón, se evita por beligerante. Como extranjera sin entrenamiento en las sutilezas entre el honne y el tatemae, a veces me sentía como si estuviera caminando sobre cáscaras de huevo con la esperanza de no romperlas.

Ella intentó explicármelo lo mejor que pudo. Para mi sorpresa, al final me dijo que yo no debería preocuparme tanto por esas cosas. A ella no le agradaba ese aspecto de la cultura japonesa, el no poder decir lo que uno piensa por temor a herir u ofender.

—Me gustaría ser más como tú, más honne —me confesó ella de repente—. A veces siento como si no perteneciera aquí.

Me ahorro el resto de la conversación porque es demasiado preciada para mí como para compartirla, pero como ser humano sabrás lo difícil que es hablar de los miedos propios con total franqueza. Ella estaba siendo franca. Lo supe por la forma en que miraba hacia abajo, como avergonzada de su propia debilidad, y la suavidad de su voz al hablar. Esa noche conversamos por horas, a veces de temas inconsecuentes, otras del pasado y nuestros pensamientos mejor guardados.

Fue algo especial. Esas palabras tan simples revelaron un aspecto de ella más profundo que no había visto hasta ese momento y dieron pie a que nuestra relación se profundizara.

Cuando pienso sobre el por qué se dio esa situación, me doy cuenta de que fue una combinación entre el preámbulo y la atmósfera. La conversación en sí ocurrió en una habitación desocupada, sin riesgo de que nadie más nos oyera: era la atmósfera adecuada. Como preámbulo tuvimos esa plática sobre el honne y el tatemae, que surgió de manera natural y terminó siendo algo personal. Sencillamente, nos sentíamos cómodas y la cosa evolucionó a partir de eso.

Cuando intentes crear la atmósfera adecuada para tu escena íntima, piensa en el lugar y la situación que quieras desarrollar en él. No tiene que ser a juro y porque sí entre cuatro paredes y tener velitas aromáticas por todos lados. Solo conviene que sea en un lugar que provea privacidad o la ilusión de la misma. Vale una playa al atardecer, una calle que siempre está desierta o un local de comida rápida vacío.

Ten en cuenta que una escena íntima sin la atmósfera adecuada y un preámbulo tendrá menos impacto o el impacto inadecuado. Imagina que tus personajes están a punto de hacer el amor… en un McDonald’s. No. Oye, que si son universitarios se entiende que no puedan costearse más que churros y hamburguesas, pero al menos tendrán algún lugar apropiado y legal para hacerlo. Mira que sería patético decirle a tu compañero de celda que te metieron en prisión porque lo hiciste sobre la mesa de un McDonald’s.

Usa los sentidos y las emociones

Como escribir una escena intima

Permanecemos más cerca de una persona con la que tenemos un relación íntima que con otros (aunque algunos no entiendan el concepto de espacio personal. Te explico: si extiendo un brazo y puedo tocarte, ESTÁS en mi espacio personal. Te aviso cuando me apetezca invitarte). Del mismo modo, la tocamos más. Hay más contactos casuales, más abrazos, besos y demás muestras de afecto.

Asegúrate de reflejar esta tendencia en el lenguaje no verbal y las respuestas emocionales de tus personajes: no escribas que se sentaron cerca, muéstrame qué tan cerca: ¿se tocaban sus rodillas, su brazos? ¿Estaban espalda contra espalda? Muéstrame las miradas, hazme oír las risitas o sus sollozos.

No me digas que se sentían más cercanos que nunca después de hacer el amor por primera vez. Muéstrame la cabeza de uno reposando sobre el pecho del otro o a los amantes haciendo la cuchara.

En resumen

Considero que una escena erótica y una íntima no tienen por qué ser la misma cosa, pues la intimidad es más que la cercanía física y puede surgir de una variedad de situaciones. Pese a esto, hay una serie de pautas generales a tener en cuenta: es importante que exista una relación antes de la escena íntima; la atmósfera y el preámbulo tienen mucho peso sobre él éxito de una escena de este tipo; los sentidos y las emociones son la guinda sobre el pastel.

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¡Gracias!

5 comentarios

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  • Opino exactamente lo mismo, una escena íntima no solo está presente cuando hay algo erótico detrás, sino cuando los personajes, con cierta conexión especial, revelan cosas sobre sí mismos que en condiciones normales no confesarían. Me lo guardo en mis marcadores por si en un futuro lo necesito ^^

    Saludos.

    • De acuerdo al 100%. Lo curioso es que mientras investigaba el tema, me di cuenta de que ningún artículo comentaba esto. La mayoría mezclaban la escena erótica con la escena íntima, que no siempre vienen de la mano.

  • Me encanta. Y perdón si uso este espacio para presumir, pero leyendo tus consejos (y otros) me doy cuenta de que en la novela que estoy escribiendo hay mucho que arreglar EXCEPTO esto. Puedo decir con orgullo que hay un par de momentos íntimos entre los protagonistas de la historia que, tal como mencionas, no tienen nada que ver con el sexo. #AutoconfianzaRenovada

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