Error #6: diálogos sacados de Don Quijote

El oficio de escritor implica elegir las palabras adecuadas a partir de un repertorio de cientos de miles de vocablos… Espera, ¡no te vayas! Ya sé que lo que digo es de lo más obvio, pero precisamente por eso necesitaba decirlo: los conceptos más obvios suelen ser los más frecuentemente malinterpretados. «Tienes que escribir bonito», nos dicen, y antes de darnos cuenta estamos abusando del diccionario de sinónimos de Word, decantándonos por palabras cultas solo porque son raras o suenan bien. Poco nos importa que su definición no sea la adecuada (ej: un posible sinónimo de papel es papiro, aunque no son lo mismo) porque al fin y al cabo, lo que importa es impresionar al lector con nuestro léxico infinito, ¿no?

No. Que una obra esté plagada de términos rebuscados es malo de por sí y merece una entrada aparte, pero que el fenómeno se extienda al diálogo es un craso error. Podrías terminar con albañiles que lancen piropos como:

—¡Oh señora de la hermosura, esfuerzo y vigor del debilitado corazón mío! Ahora es tiempo que vuelvas los ojos de tu grandeza a este tu cautivo caballero, que tamaña aventura está atendiendo.

Cualquier mujer que haya pasado frente a un edificio en construcción puede atestiguar que ESO. NO. PASA.

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En realidad, esta gente dice cosas como: «Me gustaría que fueses un pollo para meterte el palo por el culo». Así que no me vengas a fregar con un lenguaje bonito.

 

No negaré que me encantan los términos raros. Tan pronto leo a un escritor que usa un montón de palabras cultas me flaquean las rodillas y comienzo a tomar notas como loca en caso de que me resulten útiles algún día. Sin embargo, no admiro a todos esos escritores. La gran mayoría de ellos buscan impresionar al lector con vocablos complicados para el detrimento de la obra; lo hacen por falta de recursos, al igual que el novel que abusa de adjetivos y adverbios. Los escritores que me impresionan lo consiguen gracias a que saben identificar el tono y la música de cada palabra y usarla en consecuencia para componer melodías con diferentes ritmos y tonos.

El buen escritor reconoce que cuando narra en omnisciente puede emplear términos que casi no se usan al hablar. Asimismo, comprende que al ser un diálogo la imitación del habla, es preferible conferirle un tono natural. No usaría el coloquialismo «de seguro» en un párrafo del narrador, pero sería perfectamente aceptable usarlo en un diálogo. Cuando narra, puede escribir oraciones de más de cuarenta palabras, siempre y cuando no entorpezcan la lectura. No ocurre lo mismo en un diálogo, cuando los personajes están hablando y sería imposible recitar tal retahíla.

No me considero una gran maestra de la literatura. Aun así, creo que puedo hablar como lectora. Aquí te dejo unos tips para conseguir que tus diálogos sean naturales:

1. Estudia la vida real

Toma nota de cómo habla la gente a tu alrededor. Presta atención a cómo se expresan las personas según su edad, personalidad, educación y posición social. Podrás extraer construcciones de uso cotidiano que aporten naturalidad a tus diálogos.

Sin embargo, no caigas en el error de emular la vida real con excesiva precisión. En tus observaciones notarás que la gente se expresa con cierta ambigüedad. Dejamos frases al aire porque nuestro oyente puede vernos y entender el mensaje implícito en nuestro lenguaje corporal. No podemos hacer lo mismo al escribir, por lo que es necesario ir más allá. También ten en cuenta que la mayoría de nosotros no habla correctamente según las reglas de la lengua. Si bien puedes emplear una que otra expresión «incorrecta» enriquece el diálogo, abusar de ellas entorpece la lectura, sobretodo hoy en día cuando tu lector puede venir de cualquier parte del mundo.

2. Elige un registro que concuerde con el personaje

Según Wikipedia, «El registro lingüístico es el conjunto de variables contextuales, sociolingüísticas y de otro tipo que condicionan el modo en que una lengua es usada en un contexto concreto». En cristiano, es la forma en que te expresas según tu educación, la situación, el nivel de tu oyente, etc. Un campesino del siglo quince no hablaría igual que una dama noble. La misma dama no se expresaría igual al hablar que al escribir, y las expresiones que usaría con su esposo no serían las misma que las que emplearía con su hijo de cuatro años.

conversacion

Cuando hablas con un médico, no lo haces del mismo modo que cuando conversas con tus amigos.

Sin darnos cuenta, tomamos muchas decisiones cuando iniciamos una conversación. Ajustamos nuestro grado de formalidad, recurrimos al uso de vocabulario culto o coloquial, analizamos el lugar en el cual ocurre la conversación, entre otras. Conviene tener en cuenta estas decisiones al escribir. Si tu personaje es un caballero del siglo dieciocho y ha recibido educación universitaria, que hable como tal. Por el contrario, si es un mendigo sin formación y que no sabe leer, no tiene sentido que se exprese como un duque. Sé que suena bonito, pero no es real.

3. Usa incisos y párrafos de transición

El diálogo es una forma excelente de mostrar al lector cómo piensa un personaje, de permitirle atisbar su personalidad. Muchos escritores ponen especial cuidado en lograr que cada personaje tenga una voz propia, pero muy pocos se preocupan por ilustrar sus movimientos, o lo que piensa mientras habla. Fíjate en el siguiente diálogo:

—Dígame: ¿qué estaba haciendo anoche entre las ocho y las diez?
—Estaba viendo televisión con mi perro.
—¿Qué programa?
—No me acuerdo. Me regalaron una botella de vino en el trabajo. Estaba muy tomada.
—¿Comenzó a tomar a las ocho?
—No. Creo que fue a las nueve más o menos.
—¿Y dice que no oyó nada en el apartamento de su vecina? ¿Ni gritos ni nada?
—No… No oí nada.

Se lee horrible. El error no es a nivel técnico, pero no deja de ser atroz. El diálogo se lee con prisa, por lo que no hay tensión, y al ser un intercambio tan breve no permite al lector conectar con los personajes. Ahora añadamos algo de movimiento.

—Dígame: ¿qué estaba haciendo anoche entre las ocho y las diez?
Sara bajó la mirada. Sabía que el tipo no le iba a creer.
—Estaba viendo televisión con mi perro.
—¿Qué programa?
—No me acuerdo —musitó a la vez que jugaba con un mechón de cabello—. Me regalaron una botella de vino en el trabajo. Estaba muy borracha.
—¿Comenzó a tomar a las ocho?
—Creo… creo que fue a las nueve más o menos.
—¿Y dice que no oyó nada en el apartamento de su vecina? —El oficial se incorporó y plantó ambas manos sobre la mesa. Sara volvió a mirarlo—.  ¿Ni gritos ni nada?
—No… No oí nada.

Mucho mejor, aunque todavía necesita trabajo. Sara baja la mirada, con lo que se forma la sugerencia de que está nerviosa, sugerencia que se convierte en realidad cuando ella se pone a jugar con su pelo. El oficial queda como figura dominante, no solo porque tiene autoridad sino porque al final del diálogo se pone en pie y planta las manos sobre la mesa. Queda claro que no le cree a Sara.

Este diálogo podría haber tenido un tono completamente distinto si hubiera empleado otros gestos. Pude haber esbozado a Sara como una mujer rebelde empleando solo incisos, párrafos de transición y signos de puntuación, sin cambiar una sola palabra del diálogo.

—Dígame: ¿qué estaba haciendo anoche entre las ocho y las diez?
Sara se recostó en la silla y cruzó las piernas. Sabía que el tipo no le iba a creer.
—Estaba viendo televisión con mi perro.
—¿Qué programa?
—No lo recuerdo —farfulló con el mentón alzado—. Me regalaron una botella de vino en el trabajo. Estaba muy borracha.
—¿Comenzó a tomar a las ocho?
—No. Creo que fue a las nueve más o menos.
—¿Y dice que no oyó nada en el apartamento de su vecina? —El oficial se incorporó y plantó ambas manos sobre la mesa—.  ¿Ni gritos ni nada?
—No. —Negó con la cabeza despacio, dos veces, como si estuviera hablándole a un niño—. No oí nada.

Sé que este no es el mejor diálogo que has leído en tu vida. Solo quería ilustrar lo mucho que se puede lograr si se recurre al lenguaje corporal y a unos pocos incisos. Es divertido jugar con recursos así.

Si tienes en cuenta estos tres consejos, podrás conferir una voz a cada personaje y aportar naturalidad a tus diálogos. De nada sirve que tus actores suenen como salidos de la obra de Cervantes cuando estamos en la edad contemporánea. A menos que quieras que tu personaje pase por excéntrico, es preferible recurrir a la naturalidad.

6 comentarios

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  • Yo llego al extremo de decir que es todavía peor escribir una novela ambientada en 1600 donde los personajes tratan de hablar como en el 1600. Primero porque el español viejo del que tenemos noticias no son más que retazos de algo que no podemos reconstruir con fidelidad, a menos que seamos expertos en el tema (y aun así sospecho que quedaría artificialmente culto); segundo, toda narración es hija de su tiempo, no de lectores ya muertos o de gente que nos leerá dentro de doscientos años, de manera que debemos apelar a nuestro propio lenguaje. Así que si una monja del 1500 habla coherentemente como una del 2015 no le veo problemas, todo bien mientras no se ponga a memear mucho.

    También habría que tener cuidado con los incisos. Supongo que será de mal lector, pero yo suelo pasar de ellos cuando me parecen excesivos. Ciertas novelitas se leen igual sin saber que los personajes están jugando con un salero mientras hacen una digresión del clima. Suelo tener poca paciencia cuando la descripción se convierte en irrelevancia.

    • La verdad es que no había considerado eso de escribir una novela ambientada en los 1600 en la cual los personajes hablaran como si en verdad estuvieran en esa época, pero entiendo la consternación. Independientemente del cuidado que le ponga el autor, el resultado será artificial.

      Y por supuesto, los incisos deben usarse con moderación. Todo lector/cinéfilo/otaku odia los fillers.

  • Gracias, muy buena entrada. Ejemplos perfectos, me gustan tus explicaciones claras con ejemplos que dan en el clavo. Voy a revisar los diálogos y la voz de la narración en general teniendo esto en cuenta. Gracias :)

  • No hay nada que me moleste más que un escritor jugando de Cervantes (que de paso la comparación me hizo mucha gracia xD), puede que no noten el error al ser principiantes y no lo vean mal, pero como el 99.99999% del tiempo no conozco al autor simplemente me parece petulante. Creo que ya te conté una mala experiencia con un autor nacional. -.-”

    El tercer punto es parte de lo que más me gusta de los libros y del teatro; cómo con simples gestos se le puede dar una personalidad totalmente distinta a un personaje, y los ejemplos que distes lo muestran perfectamente. Pero concuerdo con Cronos en que un exceso de incisos también se vuelve molesto, pienso que mantener ese equilibrio es lo complicado de ellos, bueno, eso e ilustrar bien lo que se quiere expresar jaja.

    • Lo peor es que cuando uno empieza, en verdad cree que tiene que escribir con palabras raras y expresiones arcaicas, lo cual inevitablemente sale mal. Sí, todavía me acuerdo de esa experiencia que tuviste.

      Pues concuerdo, todo en moderación. Incluso el recurso más valioso puede convertirse en un falla si se usa con excesiva frecuencia.

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