La base del conflicto: la estructura de los tres actos

La estructura es tan importante como el argumento o los personajes. Si la trama no sigue un hilo lógico, el conflicto perderá tensión y el lector podría perderse y abandonar el libro.

Algunos escritores huyen de la palabra estructura porque dicho concepto hace pensar que las historias siguen fórmulas inquebrantables. Si bien es cierto que no existen recetas en la literatura, la mayoría de las novelas siguen un patrón no por falta de originalidad, sino porque el lector necesita que la información sea presentada de forma coherente. Incluso cuando narramos una historia oralmente seguimos estos patrones. Hay quien intenta evadirlos, pero en la mayoría de los casos, termina así:

  • El escritor usa una estructura que desconoce porque es tan natural que no puede evitarlo.
  • Escribe una historia caótica.

Hay excepciones, por supuesto, pero antes de intentar algo nuevo hay que aprender de lo viejo. Por eso, en este apartado voy a exponer sobre la estructura de los tres actos, que vendría siendo la más común de todas.La estructura de los tres actos no es nada nueva. Ha sido usada en el teatro por siglos, y posteriormente se empleó en la literatura y el cine. Lo usan hasta en los buenos comerciales. Hay una razón para ello: funciona. El argumento se desarrolla de forma clara, lo cual facilita su comprensión.Colocado en un gráfico, esta estructura se vería así:

Disculpen la flojera por no traducir el gráfico, pero lo explicaré en detalle. (Fuente)

 

Acto 1: introducción

En este acto, el lector conoce a los personajes y el mundo en el que viven. Aquí se insinúa el problema que será el motor del conflicto a lo largo de la novela; no obstante, los personajes no se sienten motivados a atacarlo aún, ya sea porque no saben que hay un problema o porque se encuentran cómodos con su situación actual.

En este acto debe haber un evento que rompa dicha comodidad o ignorancia: el salto a la acción. Este evento desencadena un aumento en el nivel de tensión que conlleva al clímax del primer acto  y al inicio del segundo acto.

Nota: a veces nos vemos tentados a iniciar una novela con una exposición larga. Por lo general, es una mala idea. El lector puede soportar o incluso disfrutar una exposición más adelante, cuando ya esté enganchado, pero explicar todo ahora solo logrará que cierre el libro y no vuelva a abrirlo más nunca. Actúa primero, explica después. (Si quieres leer un poco más sobre cómo iniciar una novela, échale un vistazo a esta entrada)

Acto 2: desarrollo

Ahora los personajes están en movimiento, intentando resolver el problema que planteaste en el primer acto. Se acabó la espera, ahora solo hay confrontación y peligro. Si le echas un vistazo al gráfico, te darás cuenta de que la tensión sube y baja a lo largo de este acto. La cúspide de cada cima representa una crisis u obstáculo que impide al protagonista alcanzar su objetivo, un giro argumental o información nueva.

Así que para el segundo acto, tu trabajo es plantar minas y lanzar bombas; debes poner en peligro a los personajes para que continúen moviéndose. Cada desafío les dará la oportunidad de avanzar hacia la confrontación final.

Acto 3: desenlace

En este acto hay una confrontación final que marca el punto de tensión más alto. Esta confrontación conlleva a la resolución del problema planteado en el primer y segundo acto. Ojo: la resolución no implica necesariamente que se acabó la historia. Una novela puede terminar en un final abierto para permitir una continuación. Sin embargo, es importante que el lector tenga las respuestas necesarias, o se va a sentir estafado.

Después de la confrontación final, viene un período de “enfriamiento” que permite al lector liberar toda la tensión acumulada y ofrece un vistazo al estado final de los personajes.

No todas las novelas se ven como el gráfico

El gráfico es una generalización: asume que la novela empieza en un punto de tensión bastante bajo y termina igual. Sin embargo, muchas veces la escena de apertura es un gancho que permite al lector anticipar que se le viene un conflicto bien cargado, lo cual genera la necesidad de seguir leyendo.

Del mismo modo, algunos escritores terminan sus novelas de un modo que ata todos los cabos sueltos, pero que emplea las emociones para dejar al lector tenso. Incluso hay quien se atreve a terminar una novela con un cliffhanger, lo cual deja al lector con tanta tensión que podría no sentirse satisfecho.

Así que si tu novela no se ve exactamente como este gráfico, no te preocupes. No hay reglas ni recetas.

¿Y qué ocurre con las sagas?

Siguen el mismo principio. Por lo general, cada entrega lidia con un problema que está relacionado con uno mayor; este segundo problema abarca la totalidad de la saga. Por ejemplo, en la saga La materia oscura, el lector no conoce la raíz del conflicto sino hasta el final de la segunda novela; la primera y casi toda la segunda lidian con un problema que colocó a todos los personajes en la posición indicada para verse envueltos en el conflicto real. Por ende, cada novela sigue la estructura de los tres actos y, a su vez, la saga entera usa la misma estructura (la primera novela sirvió de primer acto; la segunda y gran parte de la tercera fueron el segundo y todo quedó resuelto al final de la tercera).

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