Reseña — El océano al final del camino — Neil Gaiman

Patrick Rothfuss se babea por Gaiman, y yo me babeo por Patrick Rothfuss, así que no es difícil entender cómo llegó esta novela corta a mis manos.

Sinopsis

Hace cuarenta años, cuando nuestro narrador contaba apenas siete, el hombre que alquilaba la habitación sobrante en la casa familiar se suicidó dentro del coche de su padre, un acontecimiento que provocó que antiguos poderes dormidos cobraran vida y que criaturas de más allá de este mundo se liberaran. El horror, la amenaza, se congregan a partir de entonces para destruir a la familia del protagonista.

Su única defensa la constituirán las tres mujeres que viven en la granja desvencijada al final del camino. La más joven de ellas, Lettie, afirma que el estanque es, en realidad, un océano. La mayor dice que recuerda el Big Bang.

Ficha técnica

 

 

Título: El océano al final del camino
ISBN: 9788499186573
Título original: The Ocean at the End of the Lane Encuadernación: tapa blanda con solapas
Autor: Neil Gaiman 236 páginas
Editorial: Roca Editorial Precio: 17,90 euros
Traducción: Mónica Faerna eBook: 7,99 euros

Opinión personal

Para ser honesta, este no es el primer libro de Gaiman que leo. Leí American Gods hace unos meses y, si bien la historia me pareció buena y me la leí de un tirón, tuve que resignarme a aceptar un universo no del todo lógico (cosa que no es mala; algunos autores, como Gaiman, tienen la habilidad de hacer que el lector se desprenda de la realidad) y una historia con un desenlace demasiado simple (cosa que sí es mala). La primera condición se cumple también con El océano al final del camino, pero la segunda no llega a materializarse pese al surrealismo del argumento. Esto logró que disfrutara mucho más El océano al final del camino que American Gods.

La historia en sí trata de un adulto que va rumbo a la recepción del funeral de su padre cuando, en un ataque de melancolía, se desvía y va hacia el área rural en la que pasó su niñez. Su casa ya no está: fue demolida y renovada, no queda nada de ella. Sigue conduciendo y poco a poco va recuperando retazos de su memoria, que no parece la suya porque se siente desligado al niño que solía ser. Es una persona diferente.

Entonces recuerda a una amiga de la infancia y se dirige hacia su granja. Ahí, en un estanque de patos que su amiga solía llamar “el océano”, revive recuerdos que por mucho tiempo había olvidado. Una niña de once años, una mujer menor de cuarenta y una anciana. Un minero muerto. Un ser sobrenatural que hace feliz a la gente (no es tan bueno como parece). Toda una aventura llena de peligro que había olvidado.

Y ahí está la chispa, el corazón de la novela: no es la aventura en sí; se trata de los recuerdos, de esa melancolía que se apodera de nosotros cuando recordamos algo con particular claridad. Esta es la historia de un adulto que vuelve a ser niño y que se ve absorbido por una serie de eventos sobrenaturales que, en su inocencia y condición humana, no es capaz de comprender. Puede que no todos tengamos experiencias con lo sobrenatural, pero sí con cosas que no entendemos, especialmente cuando somos niños. Así que este es un homejane a la inocencia, a la imaginación, a la niñez perdida.

—No sé. ¿Por qué crees que le tiene miedo a algo? Es una adulta, ¿no? Y los adultos y los monstruos no tienen miedo.
—Oh, los monstruos sí que tienen miedo —dijo Lettie—. Por eso son monstruos. Y en cuanto a los adultos… —Dejó de hablar y se frotó su pecosa nariz con un dedo—. Te voy a decir algo muy importante: por dentro, los adultos tampoco parecen adultos. Por fuera son grandes y desconsiderados y siempre parece que saben lo que hacen. Por dentro, siguen siendo exactamente igual que han sido siempre. Como cuando tenían tu edad. La verdad es que los adultos no existen. Ni uno solo, en todo el mundo.

Si tuviera que definir esta novela en una palabra sería: melancólica. Es una sensación que Gaiman sabe transmitir muy bien.

La verdad, fueron muy pocas las cosas que no me gustaron. La imaginación de Gaiman desconcierta, pero no es algo severo. Sí me disgustó el tamaño de fuente que se usó en esta edición: es demasiado grande (pero por supuesto, esto no lo tomaré en cuenta en la calificación final. Solo quería mencionarlo).

 

Calificación final

 

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