¿Se deberían censurar los temas cuestionables en las obras ficticias?

Hace algunas semanas, un usuario del (ahora difunto) foro Fantasía Épica abrió un hilo con la siguiente pregunta: “¿Cuál es el límite de lo publicable?”

Pueden revisar el hilo acá, pero para resumir, el usuario había abierto ese hilo porque le preocupaba que su relato no tuviera la oportunidad de ser publicado porque mezclaba elementos delicados como la pederastia. Hablando claro: es muy probable que las editoriales eviten publicar cosas así por obvias razones. No obstante, ¿debe un escritor evitar escribir sobre estos temas? ¿Deben las autoridades censurar aquellas obras que, según su perspectiva, pudieran atacar la moral del ciudadano común? Un usuario de Fantasía Épica respondió lo siguiente:

La pederastia es algo que únicamente debería ser nombrado para criminalizar y condenar, a aquellos que la practican o defienden. No estoy a favor de que se “relaten” situaciones ficticias de la misma, ya que servirían de carnaza para esos desalmados.

A lo que yo contesté:

A riesgo de que me acusen de apoyar la pederastia, ahí tienes a Lolita, que según tengo entendido exhibe a su personaje de tal forma que unos cuantos lectores sienten compasión en lugar de repulsión. También creo que es precipitado afirmar que las situaciones ficticias podrían servir de tentación o carnaza cuando también está la posibilidad de que sean una forma de liberación. Más bien, me choca cuando la gente se esconde tras algunas circunstancias convenientes para justificar su forma de actuar. Creo que todos aquí hemos leído una que otra violación y no por ello nos hemos convertido en violadores o asumimos que el escritor es un violador.

Lolita, novela narrada desde la
perspectiva de un pederasta

Creo que la escritura debería ser una forma de expresión completamente libre. Seamos honestos: la humanidad ha estado haciéndose daño a sí misma desde mucho antes de que se inventara la primera letra. Sin importar lo mucho que lo intente el escritor, no creo que pueda superar la mismísima realidad. Y si es cierto que la ficción no es más que un reflejo de la realidad, ¿por qué habríamos de callarnos lo realmente feo u ocultarlo con eufemismos?

«¡Pero esos libros podrían influenciar a la gente!», dirán algunos. No se engañen: solo están usando la ficción, lo imaginario, como chivo expiatorio. Pasa exactamente lo mismo cada vez que hay un tiroteo acá en Estados Unidos. Entran las autoridades a la casa del asesino, encuentran una montaña de videojuegos violentos y enseguida se forma una Sampablera. Vienen algunas figuras políticas a decir que los videojuegos están convirtiendo a nuestros niños en asesinos y sus seguidores asienten y aplauden como focas, cuando el verdadero problema es el siguiente:

  • Cualquiera puede comprar un arma en los Estados Unidos. No hay ninguna clase de control ni de evaluación psicológica.
  • Hay una cantidad ingente de vacíos legales que impiden al ciudadano de a pie o a las familias buscar ayuda para una persona que tenga desequilibrios mentales, o al menos alertar de un posible desequilibrio.

Combina estos factores y otros menos relevantes y entenderás por qué hay tiroteos en Estados Unidos. Los videojuegos son tan solo el chivo expiatorio favorito del político de turno.

Volvamos a la literatura. ¿Puede una obra ficticia influenciar a una persona al punto de llevarla a cometer un crimen? Sí, pero solo si esa persona es una bomba de tiempo con graves problemas de disociación, como fue el caso de Mark David Chapman, quien asesinó a John Lennon. Chapman estaba obsesionado con el libro The Catcher in the Rye. Cabe destacar que tras el asesinato de Lennon, se consideró prohibir el libro como si la obra fuera la asesina y Chapman un simple títere, cuando la verdad es que el hombre necesitaba ayuda psiquiátrica.

Ahora bien, ¿quiere esto decir que deberíamos llenar nuestras obras de tabúes para acercarlas a la realidad? Por supuesto que no, eso sería estúpido. El contexto es el que manda. Si el argumento exige que se presente un tema de esta índole, no veo por qué habría de sentirse cohibido el autor. Que decida cómo desea narrarlo, desde qué perspectiva (victimario, víctima o testigo), con qué enfoque. Y claro, que esté preparado para cargar con su cruz si decide publicar.

Admito que de cuando en cuando leo obras con temas cuestionables y, si están bien integrados con el argumento, no puedo sino admirar al autor por tener las pelotas de escribir algo así. Si, por el contrario, son puras escenas que están ahí para causar impacto o alimentar el morbo, dejo el libro. Como dije, lo importante para mí es el argumento y el mérito artístico de cada novela.

Me gustaría terminar esta entrada con los dos primeros párrafos de Lolita, de Vladimir Nabokov, que terminé de leer este fin de semana. Que me jodan si, a pesar de ser controversial por estar narrada desde el punto de vista del pederasta, la novela no tiene mérito artístico:

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.

Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con los pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

8 comentarios

Deja un comentario
  • Excelente como siempre. Sin duda hay muchos escritores que sólo meten morbo a sus libros a manera de gancho, pero hay otros en que de verdad es importante para el argumento. Cada lector deberá juzgarlo, pero con respeto, que escribir un libro no es nada fácil.

    • Exacto, lo a mí me importa es si encaja o no con la historia. Y bueno, siempre habrá gente que crea que no se debe escribir sobre ciertas cosas, pero para mí, no debería existir censura.

  • El primer paso para tener una sociedad de imbéciles amaestrados es controlar el lenguaje. No es que estemos muy lejos de la distopía orwelliana. En la actualidad hay temas que más vale no tratar porque de lo contrario te vuelves un paria en esta sociedad de las buenas intenciones.Vargas Llosa lo ha mencionado en innumerables ocasiones, pero sobre todo en su discurso de aceptación del Nobel dedica un buen tiempo al tema de la censura y sobre cómo las pretensiones totalitarias ponen especial énfasis en el lenguaje, en lo que puede y no decirse, lo que debe y no debe ser mencionado.

    Lolita fue un libro problemático desde el principio y, como Humbert Humbert, fue mandado a los tribunales por hablar de cosas que, de acuerdo con algunos, sería mejor callar. Yo en esto soy radical: no hay tema que no deba tocarse en la literatura y no debe haber limitaciones. Al final todo regresa al viejo debate, ¿qué es más importante, la historia en sí mismas o cómo se cuenta una historia? Lolita es prueba de que lo segundo suele imponerse. Basta con que el escritor haga bien su trabajo, como lo hizo Nabokov.

    El argumento del forista me parece absolutamente endeble, y no es la primera vez que lo veo. Es recurrente en casi todos los debates. No olvidemos que los cuchillos de cocina también sirven para asesinar y que verlos ahí, tan afilados y hermosos, puede tentar a un psicópata a usarlos. Me imagino que habrá que prohibirlos o cuando menos poner una advertencia de que tales instrumentos pueden causar una enorme inestabilidad social.

    • Por más que intente buscar algo que añadir, no puedo. Has escrito mi opinión exacta en ese comentario y no tengo forma de contestar.

      PD: Por ese último párrafo te haz ganado la internet.

    • Por lo general, cuando alguien se manifiesta de esa manera lo hace desde el dolor de un hecho cercano. No lo justifica pero, en tal caso, lo hace ciertamente comprensible dado la sensibilidad del asunto. Los demás, claramente no.
      En ese sentido es fácil hablar. Creo que si a todos nos juzgaran por lo que pensamos, ninguno estaría libre.
      Buen post. Hace falta que la gente abra la cabeza y pueda leer algo semejante sin atentar contra el escritor.

    • Eso no se me había ocurrido, a decir verdad, pero en ese caso, sería comprensible la reacción (aunque como dices, no sería justificación para tomar esa actitud).

      Y menos mal que desearle mal a la gente no es un crimen. Ya me habrían mandado 100 veces a la silla eléctrica.

  • Yo entiendo que hay que diferenciar la ficción de la realidad e igual que hay películas, cómics y videojuegos en los que el punto de vista es el de un asesino, etc… en un libro es perfectamente valido cualquier aspecto.
    Un (mal) ejemplo sería 50 sombras de Gray, en el que se plasma una situación de sumisión y abusos, y a pesar de lo mal escrito que está, es un best seller.

  • Si no se pudiera escribir sobre pederastia, seria imposible escribir sobre la antigua Grecía o Roma.
    Creo que uno de los libros mas interesantes sobre este tema es EL MUCHACHO PERSA, de Mary Renault.
    He descubierto tu blog hace muy poco, gracias a tus libros, y lo estoy leyendo desde el principio.
    No soy escritor pero me parece muy interesante y muy bien escrito.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar etiquetas y atributos HTML : <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Copyright © 2016 Ana Katzen.