Cómo expresar emociones a través de la escritura (sin caer en clichés) parte II

En la entrada anterior, exploramos las diferentes formas en las que se manifiestan las emociones. Y ahora que sabes que dispones de un auténtico arsenal, puedes caer en el error de usarlo todo. Y ahora que sabes que puedes cometer esa imprudencia, puede que te veas tentado a limitarte cuando no es necesario.

El segundo problema consiste justamente en cómo alcanzar el equilibro emotivo en una escena. Si se describe muy poco, la escena nos queda corta y el lector mostrará la misma reacción que una roca muy impresionable. Por otro lado, si mezclamos demasiados efectos y los exageramos, la escena nos queda melodramática y al lector le dará un dolor de cabeza de tanto poner los ojos en blanco.

Así que en esta entrada evaluaremos cómo alcanzar un equilibro. Para ello, debemos estudiar dos cosas: la progresión y la intensidad.

La progresión se refiere a la forma en que una emoción sucede a otra. Las emociones raras veces vienen solas; usualmente andan acompañadas y, además, siguen una progresión relativamente lógica y predecible.

Por ejemplo, si abres la puerta de tu cuarto y encuentras a tu pareja con tu amigo de toda la vida (hablamos de una situación en la que ambos estén desnudos y muy, muy cerca), no reaccionas con ira de buenas a primera. Al ser esta una traición bastante grave y algo que te llegó de sorpresa, lo más probable es que haya un breve espacio de shock (ves la escena, pero no la entiendes), que luego pasa a ser incredulidad (ves la escena y la comprendes, pero no lo puedes creer), que transmuta a dolor e ira.

¿Y qué hay de la intensidad? Esta situación amerita una reacción sumamente fuerte. Hay gente que ha matado por esto. No temas vaciar tu arsenal: acusaciones lanzadas a gritos, llantos y lamentos, golpes, objetos lanzados por los aires.

Veamos otro ejemplo práctico. Lee la siguiente escena:

—Me temo que no está calificado para el trabajo —dijo el señor Álvarez con mucha tristeza.
—¿No estoy calificado? —repitió Ángel, desconcertado—. Pero si cuando hice la pasantía me dijo que nunca había visto a nadie trabajar tan duro.
—Eso fue hace años…
—Siete meses. Y me gradué cum laude.
—Sí. Lamentablemente, ya encontramos a alguien más calificado.
—¿Quién? —exigió Ángel, poniéndose furioso. De inmediato pensó en José, ese niñito malcriado hijo de un pez gordo en la compañía—. Es José, ¿verdad? Claro que es José.
—Puede que en un futuro…
No esperó a que terminara. Se levantó y se fue de ahí, más furioso de lo que había estado en su vida.

Hay un problema bastante obvio: estamos diciendo en lugar de mostrando. A menos que el ritmo y el contexto exijan lo contrario, las emociones deben mostrarse. Además, nos estamos quedando cortos. Podríamos reescribir la escena así:

—Me temo que no está calificado para el trabajo —dijo el señor Álvarez con una sonrisa tan pragmática como incómoda. Ángel pestañeó.
—¿No estoy calificado? —repitió sin estar seguro de haber oído bien. «Será una broma. En dos segundos se va a reír y se burlará de mi cara», pensó. Pero aquello no ocurrió pasados, dos, cinco, diez segundos. Iba en serio—. Cuando hice la pasantía, me dijo que nunca había visto a nadie trabajar tan duro.
—Eso fue hace años…
—Siete meses —le interrumpió Ángel con los puños apretados sobre las rodillas.¿Les había trabajado gratis, se había quedado hasta tarde todos los días sin quejarse, había dejado que lo mandaran de arriba abajo como un perro bien entrenado para que después viniera ese cabrón a decirle que habían encontrado a alguien más calificado? «Cálmate», se dijo, aflojando los puños. Añadió con voz modulada—: Me gradué cum laude.
—Sí. —Álvarez no notó que las sienes de Ángel palpitaban y que se estaba poniendo rojo de rabia. Estaba demasiado ocupado jugueteando con su lapicero—. Lamentablemente, encontramos a alguien más calificado.
—¡¿Quién?! —rugió Ángel, echándose para adelante y tumbando una montaña de papeles al plantar las manos crispadas sobre el escritorio. En la cara perpleja de Álvarez estaba dibujada la respuesta—. Es José, ¿verdad? Claro que es José. Eso es lo que hacen ustedes. Les prometen a sus pasantes que tendrán un trabajo cuando se gradúen si se parten el lomo gratis y, cuando vuelven, los mandan a la mierda y le dan el puesto a enchufados que apenas saben sumar.
—Puede que en un futuro…
Ángel se levantó con tanta brusquedad que las patas de la silla arañaron el suelo con un quejido metálico. Con los ojos fijos en los de Álvarez, susurró:
—Tiene razón. No estoy calificado para este trabajo. No tengo enchufes, solo mérito propio.
Agarró su maletín y salió de ahí dando un portazo.

Sin lugar a dudas, se pueden hacer mejoras a esta segunda escena, pero no me parece melodramática ni tampoco se queda corta. La situación de Ángel es una con la que casi cualquiera puede conectar y se entiende que esté furioso e indignado. Como escritores tenemos la oportunidad de ensalzar esta escena para crear una experiencia gratificante a nivel emocional.

Ahora bien, ya evaluamos situaciones que ameritan reacciones fuertes. ¿Qué podemos hacer con escenas que requieran menos intensidad? Lee esa escena y piensa si es verosímil que alguien reaccione de ese modo. Si la cosa se te hace muy parecida a una telenovela, lo más probable es que sea melodramática. Recorta. Limítate a reacciones fisiológicas más sutiles. No pongas a alguien a sudar frío porque se le derramó el café (a menos que sea sobre la computadora que contiene todos los archivos importantes de la compañía).

En caso de duda, pide a alguien más que te de su opinión.

Ejercicios

Escoge una situación de la siguiente lista y escribe una escena. Si quieres, pégala en los comentarios.

  • Te ganas una beca de la que dependía tu primer año de estudios en la universidad.
  • Tu mejor amigo se muda a otro país.
  • Te asaltan.
  • Después de una noche de fiesta, despiertas en cama de un desconocido.
  • Consigues tu primer trabajo después de graduarte, que además es en tu campo.
  • Lanzas una bomba fétida en el salón y hay peligro de que te descubran.
  • La persona que te gusta te pide una cita.
  • Te encuentras con un amigo al que no habías visto hace tiempo.
  • Aparece Slenderman.
  • Estás embarazada (o tu novia/esposa está embarazada).

10 comentarios

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  • Muy interesante la entrada, tienes toda la razón respecto a la progresión, cuando escribía jamás lo había pensado de esa manera, siempre iba de un extremo al otro.
    Y bueno, hice una escena tratando de usar los recursos que habías dado, elegí la de que despiertas después de una noche de fiesta en la cama de un desconocido:

    ''Lo primero que sentí al recuperar la conciencia fue esa sequedad de boca, causada por las botellas que había ingerido en la noche, acompañado de un leve mareo. Torpemente me pasé una mano por el rostro, intentando despabilarme. Proferí un sonoro bostezo y luego de unos segundos, un gruñido le respondió.
    Abrí los ojos de repente, con el corazón palpitando a mucha velocidad. Miré a mi alrededor, mientras forzaba la vista para enfocar los detalles de una habitación completamente desconocida para mí; altos techos, pisos y paredes de alguna clase de mármol caro e inmobiliario de valiosa madera lustrada.
    Sentí un roce a la altura de mi codo y me volteé, aturdida, mientras las suaves fibras de una sábana de seda me acariciaban. A mi lado, completamente desnudo, había un hombre dormido. Su pecho desnudo estaba contorneado por trazos, casi esculpidos, unos cabellos oscuros le caían, tapándome la visión de su cara. Fruncí el seño, porque mi mente se encontraba completamente en blanco, admirando al hombre que tenía al lado mío.
    Me deslicé fuera de la cama, mientras mi cabeza palpitaba con un leve dolor, posiblemente a causa de la bebida que seguía en mi sistema. Al instante de cuando mi pie tocó el frío piso de mármol, se me crisparon los pelos de todo el cuerpo, haciendo que volviera a recostarme. Noté que tan solo tenía mi ropa interior.
    -Buenos días, princesa-murmuró una voz grave a mi lado. El hombre, o más bien muchacho, se había levantado y ahora sus ojos miel impactaban con los míos, haciendo que me ruborizara. “

    • ¡Hola EmPotter!

      Más que sorprendida, la chica parece hasta feliz de encontrarse en esa situación. Se queda admirando al hombre con el se acostó . Aunque apuesto, es un desconocido, y con una laguna en la memoria hay muchas cosas por las que podría estar preocupada. Sobretodo porque el tipo recuerda, lo cual implica violación (al estar ella inconsciente y él consciente) y todavía no sabe si usaron protección.

      A menos que esté acostumbrada a despertar con extraños, esa calma no resulta natural. Me parece que te quedaste corta con la segunda mitad. No temas añadir emociones más bruscas; una vez se libere y obtenga respuestas a las preguntas que seguramente tiene en la cabeza, entonces sí, puede regresar a la calma.

      ¡Saludos!

  • Bueno aquí vamos,

    Llegué esa mañana fría de febrero al aeropuerto recordando todas las veces que había humedecido su hombro con mis lagrimas y ella el mío con las suyas; una sensación de vacío en el estómago me invadía mientras caminaba lentamente hasta la sala de espera. Al llegar, estaban todos presentes con sus caras de expectación haciendo un circulo a su alrededor mientras ella con los ojos enrojecidos y la voz temblorosa pasaba de unos brazos a otros evadiendo sus propias maletas. Al verme llegar, en algunos se dibujó una sonrisa, mientras otros agachaban la mirada o fruncían el ceño. Ella se me acercó, nos miramos en silencio por un momento y nos tendimos la mano en ese juego perverso que teníamos a veces en el que cada uno pretendía parecer más fuerte que el otro.

    – ¿Qué podría decirte? -Le pregunté con un nudo en la garganta tratando de que no se me quebrara la voz-

    Ella se limitó a sonreír y a mover la cabeza de un lado a otro mientras agachaba la mirada.

    – Vos ya lo sabés todo -Insistí mientras la halaba a mis brazos y la oprimía contra mí como si no quisiera soltarle-

    No sé cuanto tiempo pasamos así, pero de repente una voz lejana y comercial que anunciaba la salida de un vuelo a Brasil interrumpió nuestro abrazo. Ella simplemente se apartó de mí con un beso en la mejilla y me dijo:

    – Cuídate tonto, ya nos volveremos a ver; por ahora debo abordar ese avión.

  • ¡Muchas gracias por los consejos! Me fueron de mucha utilidad, además de que fueron muy interesantes 😉

    PD: No me animo mucho a escribir sobre la escena por la pena que me lleva~ Quizás algún día, cuando me sienta más cómodo, te la mande y me das tu opinión :)

  • Una suave melodía me sacó de mi sueño, lleve mi mano a mi rostro para frotar mis ojos y ver con claridad. La musica era cada vez mas insistente, abrí mis ojos con pesadez y busque mi teléfono en la mesa de noche que había a mi lado. Ni siquiera me molesto en ver donde estoy, de seguro que es la casaMinaMika. Solo ella puede roncar tan fuerte.
    -¿quien osa interrumpir el sueño de la gran y poderosa yo?
    Digo mientras suelto un bostezo, quienquiera que fuera no merecía una tarjeta de navidad este año.
    Una voz chillona me empezó a gritar del otro lado de la linea, alejo instintivamente el teléfono de mi oreja hasta que la voz de normaliza.
    -Diga? – suelto luego de unos segundos, aun con el teléfono lejos de mi oído, solo por precaución.
    -Por dios Peyton! Me tenias con el corazón el la boca! Tu madre llamo y pregunto por ti y no sabia que decirle y… Y… ¿Dios mio estas bien? Pensé que te habían secuestrado o abducido los aliens o… O… Joder mujer porque no me contestas? – La voz de Mikeyla chillaba desde el teléfono mientras yo sentí como un sudor frío recorría mi espalda, si no esta ella quien roncaba a mi lado ¿quien era? Volteé lentamente mientras sentía como mi cuerpo se tensaba, sentí que mi respiración se cortaba al confirmar lo que tanto me temía, Dalier Allwine estaba ahí, sin ropa, al igual que yo. El teléfono cayó de mis manos y solté un grito ahogado.
    El empezó a despabilarse y me tape lo mas que pude con las sabanas, recogí rápidamente mi celular y pude oír los chillidos de mi mejor amiga,
    – Mika! Callate de una vez! Susurré, No vuelvo a tomar alcohol en mi vida!
    -Peyton, que demonios hiciste?- gritó Mikeyla.
    -Luego te llamo- dije como pude y corte la llamada con nerviosismo, una risa masculina se hizo oír sin mas.
    Tragame tierra, esto no podía ser mas embarazoso

  • Hola!
    Quería darte las gracias por haber publicado un artículo tan interesante. Creo que todo escritor se ha encontrado alguna vez en una tesitura similar, y no ha sabido si se estaba quedando corto o se estaba pasando de dramático. A mí usualmente me pasaba lo segundo, y aunque en las revisiones siempre intento moderar lo que en un principio escribí, pienso que se puede mejorar hasta que salga natural.
    Voy a intentar hacer el ejercicio. Así que allá va:

    “Cuando abrí los ojos, lo primero en lo que pensé fue el examen de biología que tenía dentro de dos días. Había estado una semana estudiando intensivamente los ocho temas que el maldito profesor Steven nos había metido en el trimestral injustamente.
    Sin embargo, al enfocar la mirada y advertir en que la decoración de aquella habitación o el color de las paredes no me resultaba nada familiar, fruncí el ceño, confundida.
    Fue más o menos entonces cuando recobré retazos de una conversación con mi mejor amiga Beca.
    – Tienes que salir, Tara. No puedes estar todo el día encerrada estudiando. ¡Es sábado! Mañana podrás volver a estudiar si quieres, pero está noche te vienes conmigo como que me llamo Beca.
    – ¡Pero son ocho temas! Y si salgo contigo está noche, mañana tendré demasiada jaqueca como para ponerme a estudiar.
    Ella puso los ojos en blanco ante mi excusa.
    – Pues no bebas.
    Hice una mueca.
    ¿Salir de juerga y no beber? ¿Dónde estaría la diversión si iba sobria?
    Entonces una idea peregrina me vino a la mente, y no pude evitar entornar la mirada ante la sospecha.
    – A ver si lo adivino… ¿Le has dicho a tu madre que te haré de canguro?
    Beca sonrió traviesamente al verse descubierta.
    – Ella sigue pensando que eres una dulce florecilla. Siempre que le digo que saldré contigo se despreocupa. No sabe que usualmente eres tú la que pierde la cabeza y se pone como una cuba.
    Bufé, ceñuda.
    – Si salgo, no voy a hacerte de niñera- le advertí.
    Ella enseguida se echó a reír.
    – ¿Eso es que al final vienes?
    Me llevé una mano a la cabeza. Me palpitaban las sienes como si me estuviesen taladrando el cerebro, y mis ojos legañosos parecían resistirse a la luz que entraba por aquellas ventanas desconocidas. Tenía la boca seca y pastosa, y sentía la piel de la cara algo caliente y tirante.
    Sí, sin duda debía de haberme vuelto a pasar empinando el codo, porque apenas recordaba nada.
    Me incorporé en la cama lentamente, y enseguida me alarmé al sentir la suavidad del edredón que me cubría en mi piel desnuda.
    Espera… ¿Desnuda?
    Abrí los ojos como platos, y miré hacia abajo. El edredón se me había deslizado hasta la cintura y mis pechos habían quedado a la vista.
    Conmocionada, aparté un poco más el edredón y descubrí que no llevaba nada. Absolutamente nada.
    Un movimiento en la periferia de mi visión me hizo dar un brinco, y enseguida me subí el edredón hasta la barbilla antes de apartarme, con tan mala pata, que acabé cayéndome al suelo.
    Mi corazón, cuyo latido parecía haberse detenido una centésima de segundo, había recobrado el vuelo con un ritmo acelerado. Me sentía mareada, pero totalmente despabilada.
    No, aquello no era posible. Tenía que ser una broma de muy mal gusto. Yo jamás habría hecho aquello. Jamás. Nunca me había acostado con nadie, así que a menos que fuese Beca la que había estado durmiendo conmigo en aquella cama desconocida, en aquel cuarto de quién sabe quién, tenía un gran problema.
    Con los ojos anegados en lágrimas me asomé por encima de la cama, y me fijé en una ancha y morena espalda de hombre. Tenía la almohada sobre la cabeza, y la mitad de sus nalgas blancas, estaban expuestas cuando el cobertor se deslizó ante mi agarre.
    Jadeé ante la conmoción, y con el corazón a mil, me puse en pie de forma temblorosa.
    “No puede ser”, pensé. “¡No puedes haberte acostado con este tío sin más, Tara!”
    ¿Por qué no recordaba nada?
    Volví a sacudir la cabeza.
    “Es imposible”, se repetía en mi cabeza, como una especie de mantra.
    Jamás le había dado luz verde a nadie, ni siquiera yendo borracha. Había tenido esa idea firme en mi mente porque deseaba que mi primera vez fuese con alguien que realmente me quisiera. Siempre la había imaginado como algo especial, el voto de confianza que esperaba darle algún día al chico de mis sueños. Pero esto… “Esto” no podía estar pasándome a mí.
    Sacudí la cabeza, sin dejar de sollozar, e incapaz de contener el llanto, me quedé ahí paralizada, aferrando el edredón contra mi cuerpo desnudo mientras se me caía el mundo encima.”

    • Hola Saida. Muchas gracias por pasarte por acá y disculpa lo tardío de mi respuesta. Diría que sí, la escena está un poco dramática. Creo que se debe a dos motivos. El primero, el uso de vocabulario. Por ejemplo, en esta oración, hay adverbios y adjetivos que se pueden obviar o modificar: «Cuando abrí los ojos, lo primero en lo que pensé fue el examen de biología que tenía dentro de dos días. Había estado una semana estudiando intensivamente los ocho temas que el maldito profesor Steven nos había metido en el trimestral injustamente». Intensivamente e injustamente se pueden eliminar de plano. Maldito se podría dejar, quizás.

      Por otro lado, pasan muchas cosas en esta escena. La protagonista despierta, tiene un flashback y luego descubre que está desnuda. Si eliminases el flashback, creo que la escena tendría más coherencia y, al mismo tiempo, el impacto emocional sería el adecuado.

      Esta es mi humilde opinión. ¡Saludos!

  • Voy a probar con el Asalto.

    Para cuándo Claudia acabó con la última clienta de la jornada el reloj de su móvil marcaba las 20.45, y cuándo reparó en ello no pudo evitar suspirar ruidosamente de puro agotamiento físico y psicológico.
    No era para menos, ya que junto a su ayudante-una joven recién salida de la academia de peluquería que si bien era trabajadora todavía no dominaba a la perfección la profesión- habían acometido la titánica labor de atender a la novia, madrina e invitadas de nada menos que dos bodas sin apenas un breve respiro entre clienta y clienta. Era ahora, al otorgarle algo de solaz, cuándo todo su cuerpo se quejaba en forma de calambres y toda clase de molestias en las cervicales y los hombros; generándole la sensación de tener chicles usados y elásticos demasiado distendidos en lugar músculos y tendones.
    Mientras cerraba el salón de belleza, se permitió asi misma fantasear con una buena cena y un largo baño caliente. ” Con aceite esencial de lavanda” pensó. “¡Gracias a Díos que mañana es domingo!”
    Después de aquella jornada infernal lo único que quería era dormir hasta la hora del almuerzo.
    Claudia giró una última vez la llave, e incorporándose, comprovó que la verja metálica estaba bien cerrada y perfectamente inamovible.
    En ese mismo momento unos pasos pesados resonaron en la quietud de la temprana noche de septiembre, haciéndo crugir con fuerza la gravilla del suelo. Lo que le faltaba: Seguramente Doña Martina había venido a recuperar su carisimo champú de una reconocida marca francesa, el cual llevaba un par de días debajo del mostrador de recepción, esperándo a que su dueña volviese a buscarlo.
    Pero era muy tarde, y estaba muy cansada, y realmente no se sentía con fuerzas para ser simpática y escuchar la incesante cháchara de su anciana clienta, así que se dispuso a darle alguna educada respuesta, cualquiera que no fuera ” Estas no son horas para venir a por una maldita botella de champú”.
    Sin embargo, la figura que descubrió al volverse no tenía nada que ver con la de la regordeta Doña Martina.
    Vestía una amplia sudadera negra con el logotipo de una conocida marca semiborrado sobre el pecho, unos pantalones vaqueros anchos y mugrientos y unas zapatillas de deporte de un color neón que ofendía a la vista. No era demasiado alto ni tampoco parecía especialmente fuerte, pero se dirigía velozmente hacia ella…
    “¿Qué demonios…?”
    Entonces lo vió, el centelleo plateado a la luz mortecina de las farolas, brillando en su mano derecha y su corazón comenzó a latir con violencia. En ese mismo momento, todo atisbo de pensamiento racional se extinguió como un soplido la llama de una vela, y un poderoso coctel de adrenalina e instintos tomo el control de su ser, y de entre todas las cosas que podría haber hecho escogió correr.
    Desgraciadamente no llegó muy lejos.
    Con un movimiento diestro , una especie de dolorosa llave de artes marciales , el desconocido la arrojó al suelo y la inmovilizó completamente, colocándole la fría y cortante hoja de un enorme cuchillo de caza sobre la garganta, dándole a probar el beso frío del acero contra la piel.
    -Como grites te rajo- Siseó una voz desagradable en su oido- ¿Me has oido, puta?
    Dolía, dolía mucho. Sentíacomo si se le fueran a romper el brazo por la insufrible tensión a la que lo estaba sometiéndo. Su presa era tan implacable que no había forma humana de zafarse y Claudia ahogó un gemido mientras sus ojos se anegaban de lágrimas, tanto de dolor como de pánico.
    ¿Qué era lo que quería?¿Qué iba a hacerle?
    -Por favor- Acertó a farfullar con la garganta reseca- Tengo dinero en el bolso…Y el movil…Lléveselo todo…
    Lejos de aplacarse el maleante rió friamente y algo dentro de ella le dijo que aquella no era la clase de botín que buscaba; que ya no era la primera vez que lo hacía, y que, realmente, disfrutaba con ello.
    Aquella certeza la golpeó como un rayo mientras sentía una pátina de sudor gelido cubriéndo su piel bajo la camisa de franela. La iba a violar, la mataría y se desharíade su cadaver como si fuera basura.
    Se le revolvió el estomago, sus pulmones parecieron congelarse mientras su cerebro elaboraba terribles imagenes de tortura y muerte….

  • ¡Hola!
    La verdad me encanta tu blog, me gusto mucho esta entrada ya que me ayudo a darme cuenta de los errores que cometía a la hora de escribir las escenas, y admito que este siempre es el punto donde siempre me equivoco al momento de escribir,

    Por otro lado quiero intentarlo y hacer le ejercicio. Ya que quiero mejorarlo y corregir lo que tenga que corregir, Por otro lado gracias por tomarte el tiempo de leer, y de darme tu mas sincera opinión.
    Yo probare el asalto.

    Las frías calles estaban casi desiertas, se reflejaba en sus piernas adoloridas y tambaleantes, que se erizaban a contacto con el viento.

    Una sonrisa en su rostro, sus ojos azules llenos de brillo y un rostro sonrojado, era el reflejo de lo que había sucedido esa noche.

    Podía escuchar el discordante sonido de su tacones sobre el suelo, mientras sostenía la correa de su bolso que se deslizaba sobre su hombro.

    Faltaban al menos un par de calles para que pudiera llegar a la entrada del edificio donde vivía.

    “Debí aceptar la propuesta de Luis de llevarme a casa.” Protestaba con torciendo sus labios rojos y el frunciendo el entrecejo.

    Desviando su mirada hacia la avenida, buscando un taxi. Sabía que sería casi imposible encontrar uno a esa hora de la noche.

    De repente, un brazo la tomo por sorpresa del cuello dejando el filo de un cuchillo presionado a su garganta.

    El sonrojado rostro comenzó a perder color hasta quedar sin rastro de él. Sus ojos abiertos como platos, mientras su mente se había quedado paralizada en un acto infructuoso de entender la situación en la que se encontraba,

    Un leve giro de su cabeza, en un movimiento inapropiado, intentaba ver quien era la persona que la había sometido de una manera tan cobarde.

    — ¡No voltees, o aquí mismo mueres! —La fuerte voz de un hombre paralizó su movimiento, su corazón se aceleró al punto de sentir como la sangre corría con fuerza en sus sienes. Las ansias de tragar saliva se detenían con la sensación del frío metal presionando su garganta.
    A pesar de estar cansadas, sus piernas tenían el impulso de salir corriendo, sabiendo que el momento, las circunstancias y sus pies cansados en los tacones no ayudarían demasiado.

    — ¡N-no me hagas nada! —El temblor de su voz, había provocado una casi inaudible súplica con casi todo el volumen de su voz atrapada en su garganta.

    — ¡Harás exactamente lo que te diga! —Las ordenes del ladrón se escuchaban estruendosas, en su oreja izquierda sentía el aliento cálido el cual acariciaba lentamente la erizada piel de su cuello. — ¡Dame el bolso!

    Sus mano temblorosas trataban soltar rápidamente la correa y sacarla de su brazo, el movimiento torpe de sus dedos le dificultaba a soltarlo como debía. Movilizando su brazo logró por fin sacarlo.

    El cuchillo rápidamente se separo de su cuello, y sin soltarlo tomo el bolso, sintiendo como una mano grande toco su espalda empujándola con fuerza hacia el frente.

    Sus pies se movieron un par de pasos hasta que el derecho el tocar con brusquedad el piso torció el tobillo hacia afuera haciéndola perder el equilibrio. Todo su cuerpo cayó con un impacto que recibió su brazo y su pierna con un dolor agudo. Sin control completo en sus manos intento levantarse, únicamente para ver aun hombre con un chándal y la cabeza cubierta por al capucha, correr con rapidez hacia la dirección contraria de donde se encontraba.

    Su respiración agitada, parpadeando y su mente envuelta en la aún vivida sensación del punzante metal en su garganta.

    — ¡Ayuda! ¡Ayúdenme!—El auxilio no era sonoro, hasta que de sus ojos comenzaron llenarse de lágrimas, que se desbordaron por sus mejillas. La voz atorada en su garganta comenzaba a liberarse en una súplica que se quebraba por el llanto. Se sentó en la fría acera, con el rostro empapado el dolor punzante en su tobillo y con el miedo apoderada de ella.

    Sólo podía cubrir su rostro con sus manos, mientras lloraba y suplicaba con todas sus fuerzas.

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