Cómo expresar emociones a través de la escritura (sin caer en clichés) parte I

¿Cuál es el propósito de una novela? ¿Entretener? ¿Enriquecer? ¿Mostrar la habilidad del autor? Puede que una novela tenga todos esos objetivos al mismo tiempo, pero ¿por qué lee una persona? Para tener una experiencia gratificante a nivel emocional. Si haces una lista rápida de los libros que te han causado la mayor impresión a lo largo de tu vida, lo más probable es que tengan una sola cosa en común: te hicieron sentir emoción, sea angustia, alegría, dolor, o todas las anteriores.

Leer es una experiencia altamente emocional. No leemos libros solo porque queremos conocer una nueva historia, sino porque queremos sentir esa historia: queremos conectar con los personajes a un nivel íntimo y acompañarlos en su travesía Por más bueno que sea el argumento, no se sentirá verdadero si en el camino el autor no se toma la molestia de expresar sentimientos acordes a la situación. Libros de esta índole nos dejan con cara de:meh

Mientras que aquellos que nos mueven el suelo, que nos hacen reír, llorar, aferrarnos a las páginas con los dedos temblorosos y tensos a la vez, que nos dejan hechos un desastre con la última línea, con esos ponemos cara de:

Admitámoslo: somos masoquistas. Nos encanta que un libro nos destroce. Nos encanta llegar a esa última página y sentirnos como si hubiéramos perdido a un buen amigo. Leer es como una droga, pero más cara.

Entonces, como escritores tenemos un gran problema. De hecho, tenemos varios.

Primero, escribir es un arte puramente verbal, y es natural asumir que nosotros, como especie con la capacidad de vocalizar pensamientos complejos, dependamos más que todo de la palabra para expresarnos. La realidad es otra: los investigadores han estimado que entre un 60 y 70 por ciento de lo que comunicamos lo hacemos a través de lenguaje corporal. Sin saberlo, somos adeptos leyendo los mensajes que envían los cuerpos de los demás y muchas veces somos capaces de advertir los estados de ánimo de otras personas sin intercambiar una palabra.

Entonces, ¿cómo incorporamos el lenguaje del cuerpo a nuestros escritos? No podemos caer en la tentación de decir cómo se siente un personaje, porque entonces violamos el principio “No lo digas, muéstralo“. No basta con escribir: «Ella lo miró con enfado» porque son palabras vacuas, no expresan nada, además de que es un cliché. De algún modo, hay que mostrar cómo se siente una persona, y eso podemos lograrlo estudiando el efecto de las emociones.

El efecto de las emociones

El cuerpo reacciona de diversas maneras bajo la influencia de las emociones. Algunas respuestas son visibles, otras son internas. Se puede decir que nuestros cuerpos dan tres tipos de reacciones:

  • Físicas: estas son las que los demás ven: gestos y acciones. Por ejemplo, cuando estamos molestos, fruncimos el ceño. Si estamos cabreados de verdad, apretamos los puños, nos tensamos, temblamos. No obstante, sería un error asumir que todos nos expresamos de la misma manera. Compartimos algunas reacciones, pero cada persona es diferente y tendemos a añadir sutilezas a nuestro lenguaje corporal. Hay gente que llora cuando está muy molesta, mientras que hay otros que rechinan los dientes. Imbuye a tus personajes con esas sutilezas. Por ejemplo, en Cazador y presa, Selene nota que Enor está molesta porque esta se cruza de brazos.
  • Internas: estas son las que el personaje en cuestión siente en su propio cuerpo, y solo se dan cuando la emoción es intensa y hasta extrema: ritmo cardíaco acelerado, sudor frío, falta de aire, náusea. Estas reacciones son muy poderosas. Todos podemos identificarnos con ellas, por lo que el lector conectará con el personaje a un nivel más primitivo. Hay que tener cuidado de no usarlas demasiado.
  • Mentales: lo que el personaje piensa bajo la influencia de la emoción en cuestión. Estos lapsos emotivos representan una buena oportunidad para mostrar los procesos mentales del personaje, y si el lector sabe cómo piensa, lo conoce mejor.

¿De qué nos sirve saber esto? Simple: ahora que sabemos cómo se manifiestan las emociones, podemos añadir variedad a nuestros escritos. Basta con analizar qué reacciones dan nuestros cuerpos en distintas circunstancias. Por ejemplo, las siguientes reacciones ocurren cuando una persona está sorprendida (ten en cuenta que la sorpresa puede ser positiva o negativa):

Reacciones físicas

  • Ojos abiertos de par en par
  • Pestañeos rápidos
  • Boca abierta
  • Sobresalto
  • Grito ahogado
  • Sonrisa vacilante
  • Risa súbita y nerviosa
  • La persona se lleva la mano al pecho, la boca o la cabeza
  • Cabeza ladeada
  • Lividez o, por el contrario, sonrojo

Reacciones internas

  • Pulso acelerado
  • Rostro caliente
  • Falta de aire
  • Ligereza
  • Pesadez en el estómago o, por el contrario, ligereza.
  • Desorientación, mareo

Reacciones mentales

  • Vergüenza
  • Pensamientos encontrados, mente en blanco
  • Necesidad de ocultarse.

Podemos incorporar estas reacciones a nuestros escritos, construir frases nuevas y crear escenas más realistas y frescas. Ahora bien, el segundo problema es que ahora que sabemos que tenemos un arsenal de reacciones, podemos vernos tentados a usarlas todas, dando lugar a escenas sobrecargadas. Y ahora que sabes que puedes escribir escenas sobrecargadas, a lo mejor decides usar muy pocas para evitar lo primero.

En la siguiente entrada, descubriremos cómo alcanzar el equilibro en una escena. Al final de esta serie, también daré una lista de libros que me ayudaron mucho a comprender estos conceptos.

9 comentarios

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  • Muchas gracias por esta interesante entrada, como siempre, Ana.
    Ahora estoy empezando a escribir una novela con mis manitos de una escritora novata, y de doce años, y tu blog me está ayudando mucho. Muchas gracias!

  • ¡Eres maravillosa, mujer! Te cuento que desde que empecé a leer tus consejos (OJO: que empecé hace apenas unos segundos, ja ja) me dije a mi mismo que eres increíble aconsejando y cuando veo tu foto de perfil me doy cuenta que te dijr lo mismo en una guía que tienes en Wattpad, ja ja ja

  • Hola Ana! Reviso tu blog después de mucho tiempo! Como siempre tus concejos me ayudan y me muestran el camino para ser mejor escritora. Tengo trece años recién cumplidos y escribo desde que tengo diez, (fanfics everiwere) muchas gracias por compartirnos tus ideas! Te considero mi tutora!
    Un beso
    April-z

    • ¡Hola! Muchas gracias por hacerme saber que este humilde blog te resulta útil. Me parece genial que empieces desde temprano (yo a esa edad me estaba viendo el ombligo).

      ¡Besos!

  • Hola Ana! Muchisímas gracias por estos consejos, seguro me pasaré a leer algunos otros. Me está sirviendo bastante ya que escribo fanfics desde los 11 y ahora con catorce intento escribir una novela, obviamente he mejorado bastante con esos años pero aún así aún me queda mucho por saber.
    Besos!

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