Dale a tu personaje un buen pantallazo azul

Qué difícil es ser escritor. Te pasas noches enteras perdido en ensoñaciones, definiendo la insinuación de una trama alucinante, dándole forma a los que se ven envueltos en ella. El escritor sabe que es crucial que sus personajes sean creíbles (es decir, nada de Mary Sues) para que tomen al lector de la mano y le enseñen esa historia que tanto trabajo le costó moldear, por lo que inevitablemente se encariña más con ellos que con cualquier otro aspecto de la obra. Son como sus hijos.

Y he ahí el problema. Por lo general, un libro necesita tensión para enganchar, cosa que solo se logra mediante el conflicto. Un personaje no solo tiene que tener características verosímiles para resultar atrayente, sino también reaccionar ante la trama como una persona de verdad. Tu trabajo es sacar a los personajes de su zona de confort para que ellos solitos echen a andar por el camino que les vas trazando. No te impidas hacerles algo por temor a lastimarlos. No tienes por qué protegerlos de los peligros que les has preparado porque no son tus hijos. Quítate eso de la cabeza.

Si seguimos la analogía de que el escritor es como un dios, entonces tu trabajo a veces implica ser un dios bien cabrón. Pon a prueba a tus personajes. Aplástalos, de ser necesario. Cuestiona todos sus valores y hazlos pedazos a dentelladas hasta que sufran un pantallazo azul (como en Windows, pero versión literaria) y queden catatónicos por un buen rato (o permanentemente). Dependiendo del tono de la obra, puedes dejarlos ahí tirados o hacerlos resurgir envueltos en gloria.

pantallazo azul
Ahora bien, debemos tener cuidado, porque también está el peligro de hacerlos sufrir sin necesidad. El sufrimiento puro no hace al personaje. De hecho, las Mary Sues usualmente tienen pasados trágicos que sirven de forraje empático, ya sabes, para que el lector piense: “aaaaay, poresita“. Esto más bien resulta chocante; no es lo que quieres.

Lo que necesitas es a una persona, a alguien real que reaccione de forma creíble. Esto se logra trabajando en la base primero, dándole una personalidad definida, valores y aspiraciones. Luego puedes ponerlo a prueba: plantea problemas y deja que decida. Puedes hacerlo de manera progresiva, presentando elecciones cada vez más complicadas a lo largo de la trama, de golpe, o ambas. También es importante saber que no todas las situaciones derivarán en un pantallazo. Este evento solo se produce cuando el estrés llega a un punto insoportable. Recuerda: solo cuando un personaje llega a ese punto, es seguro y natural inducirlo a ese estado.

Aquí está una lista de cosas que usualmente inducen un pantallazo azul, junto con algunos comentarios y advertencias.

  • Muerte de un ser querido: uno de los métodos más antiguos y, por ende, uno de los más trillados. Ten cuidado. Los héroes que ven a sus padres morir a manos de los orcos son bastante comunes. Si vas a matar a alguien, que sea necesario e intenta no caer en clichés.
  • Violación: no tan común en la fantasía, pero usado como recurso empático ad nauseum en muchos géneros. Es particularmente popular en los fanfics, el chick-lit y el romance en general (porque al parecer, a muchas les gusta que una chica “rota” encuentre a su príncipe azul que la “reconstruya”). No lo uses solo para generar lástima porque lo que obtendrás es desprecio. En serio.
  • Traición: muchos héroes pueden soportar el peso del mundo entero sobre los hombros, pero una puñalada por la espalda hace tambalear a cualquiera. El traidor no tiene necesariamente que cambiar de lado, trabajar para el malo o acostarse con la novia del protagonista. Basta con que le de la espalda, le señale algunas de sus faltas o fallos previos, lo abandone en un momento crucial, etc.
  • Tortura física: el dolor es una respuesta derivada de nuestro impulso de supervivencia. Naturalmente, todos le tememos al dolor y evitamos padecerlo. Cuando una persona es torturada, no solo teme al dolor en sí, sino a la misma anticipación del dolor, cosa que tiene un impacto psicológico grave. Es bastante común que las víctimas terminen con condiciones como trastorno de estrés postraumático, depresión, paranoia, entre otras.
  • Tortura psicológica: es posible torturar a alguien sin siquiera tocarle un pelo. Interrogatorios largos, vigilancia continua incluso en el baño, falta de sueño, aislamiento, privación o estimulación excesiva de los sentidos. Todos estos son solo herramientas que pueden humillar y mellar la determinación de cualquiera. Si el que está a cargo de la tortura es un Maestro de ajedrez o un Soberano, puede incluso leer al personaje, llegar a conocerlo y hacerle dudar de sus principios con largos discursos a lo Hannibal Lecter hasta que de con el punto de quiebre.
  • Decisión imposible: a veces, nos encontramos ante auténticas encrucijadas. Obligar a un personaje a tomar una decisión que va en contra de sus principios o que atenta contra algo que quiere resulta en un impacto psicológico importante que también afectará al lector si se ha formado una conexión empática. ¿Tienes a alguien que valore la vida por encima de todo? Sería interesante que se viera obligado a decidir entre matar a un Monstruo en potencia o dejarlo libre. ¿Tu personaje se ve envuelto en un juego político? ¿Qué tal si el antagonista captura a su familia, forzando al personaje a decidir entre mantener el poder por el bien común o permitir que los suyos sean masacrados?
  • Revelación: “No, Luke. YO, soy tu padre” y frases similares suelen conseguir que el personaje atraviese las 5 etapas del duelo (negación, ira, negociación, depresión y aceptación). Y eso que no murió nadie.
  • Fracaso: todos hemos tenido fracasos y nos sentimos identificados cuando un personaje falla. Los fracasos son buenas oportunidades de aprendizaje… si es que el fracaso en cuestión no implica la destrucción del mundo como lo conocemos.

Dependiendo de la severidad y de la personalidad del personaje, habrás creado un pantallazo azul. Los que se encuentran en este estado actúan de maneras diversas. En las etapas iniciales pueden reaccionar en estallidos violentos y arranques de emociones encontradas que luego ceden para dar lugar al dolor, la depresión e, incluso, la catatonia. Los pantallazos azules usualmente son temporales y requieren de ayuda externa para que el personaje consiga “resetear” su sistema.

El punto es: no temas hacer sufrir a tus personajes… pero tampoco los hagas sufrir sin necesidad. El argumento y la personalidad lo decidirán todo. Aprovecha ese pantallazo para hacerlo madurar y aprender de sus errores.<

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