Ejercicio literario #3: la filmadora

Casi todos hemos oído hablar la famosa frase «muéstralo, no lo digas», pero a veces es difícil no caer en la tentación de escribir un simple «María estaba aterrada» porque eso es fácil. Otras veces ni siquiera sabemos que estamos diciendo en lugar de mostrar.
Este ejercicio te ayudará a usar recursos sensoriales y demás detalles para añadir realismo a tus escenas más importantes.

Imagina por un momento que además de escritor, eres un camarógrafo cuya filmadora puede captar pensamientos y los estímulos de los cinco sentidos. No solo eso, tiene un modo especial que le permite grabar una película de un escrito sin necesidad de ambientación o actores, de manera tal que solo tienes que enfocar su lente sobre las páginas y ya tendrás una película (es tecnología de punta y además cuesta una millonada, así que cuidado con soltarla). 
La cosa es que si lo que ve el lente es ambiguo, no puede generar un video de calidad aceptable. El programa no sabe interpretar frases como «Sara y Juan se amaban». Por lo tanto, tu trabajo como escritor es revisar esas expresiones y cambiarlas cuando sea necesario, mostrar en lugar de decir para que la cámara pueda ver lo que está pasando.
Como ejercicio rápido, escoge dos de las siguientes oraciones y haz con ellas escenas que la cámara pueda grabar.
  • María estaba aterrada.
  • Era un día hermoso.
  • Juan caminaba por la calle.
  • No podía creerlo.
  • Los esposos se amaban con locura. 
  • Me tropecé y caí.
No tengas miedo de poner tus mejoras en los comentarios. He aquí mi intento:

  • María estaba aterrada
  • María ahogó un grito al oír el azote de las ramas contra las paredes, un sonido disimulado por el aullido del viento. Cerró los ojos y respiró hondo en un vano intento de serenarse.
    «No hay ningún monstruo ahí afuera», se dijo, recordando las palabras de su papá a la vez que se tapaba hasta la cabeza con la manta. Pero por más que repitió esas palabras, no pudo conciliar el sueño. Muy avanzada la noche, el viento cedió en su furia y se convirtió en un ulular profundo que empujaba las ramas contra la casa. Los brazos del bosque arañaban el concreto como un millar de dedos trocados en zarpas. 

  • Juan caminaba por la calle.
  • Silbando una melodía alegre, Juan se aventuró calle abajo, rumbo a la panadería del centro.
Puedes usar esta cámara cuando creas que a alguna parte le falta sazón. ¡Saludos!

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