Planificación literaria III: la escena

Con los primeros pasos, ya tenemos una historia definida. Tenemos el argumento, los personajes, algo de información de trasfondo. Tenemos también una lista de posibles escenas y quizá una línea cronológica.

Todo bien. Pero antes de ponernos a escribir (o decidirnos a hacer un esquema bien detallado, cuya elaboración explicaré en la siguiente entrada), vale la pena estudiar qué es lo que compone una novela, qué es lo que necesitamos para construirla.

Y la respuesta es: la escena.

Comencemos con una definición. ¿Qué es una escena? Nuestra amiga Wikipedia dice:

“Una escena es una unidad del drama. Una secuela es lo que sigue; una consecuencia. Juntos, la escena y la secuela proveen los bloques de construcción para el argumento de historias cortas, novelas y otras obras de ficción.”

Así que una novela es, en realidad, una serie de escenas que se suceden de manera lógica. ¿Alguna vez has leído una novela que parece… como cortada? Es decir, ¿que salta de un lugar a otro sin transiciones claras ni un punto discernible? No es una buena sensación. Usualmente, el problema es que las escenas no están estructurada de forma correcta o algunas no son necesarias.

Es importante entonces aprender a evaluar las escenas una por una y cómo encajan en el argumento. Algunos se guían por la longitud, pero lo que importa en realidad es la estructura, el valor y la variedad.

Final cliffhanger…

La estructura de las escenas

Así como una novela ha de tener un inicio, un nudo y un desenlace, también ha de ser lo mismo con la escena. Recuerda que la escena es una unidad de la novela. Quizá una escena no sea una historia completa, pero sigue la misma estructura básica que ya conocemos. Seguirla hace que la novela se lea de forma natural, que el lector no se pierda ni se rasque la cabeza pensando “Ok, ¿y qué hago con esto?”

Durante la fase de planificación, es un poco difícil analizar la estructura de tus escenas, pero debes tener esto en cuenta cuando estés escribiendo.

Ten cuidado. No apresures el inicio ni prolongues demasiado la mitad de forma innecesaria. El inicio debe ser contundente para atraer la atención, la mitad debe tener un conflicto (porque las cosas malas casi siempre pasan en la mitad) y los finales deben concluir de forma satisfactoria (no necesariamente de manera definitiva; puede terminar en un cliffhanger).

El valor de las escenas

Una escena debe cumplir un propósito. No se puede poner sólo porque sí, puesto que tenemos un espacio limitado para narrar nuestra historia, por así decirlo. Además, entre más escenas innecesarias tenga un libro, más se deteriora su calidad, pues el argumento no avanza y eso aburre. Hay que ser conciso y eficiente en su uso.

Cuando estés planificando una escena (o antes de escribirla), pregúntate si es realmente necesaria. Una escena es necesaria cuando contribuye a desarrollar la trama y/o los personajes, ofrece información de trasfondo importante, genera o desarrolla un conflicto, entre otros factores. Para mí, mis escenas deben cumplir dos simples requisitos:

  • Desarrollar la trama: ya sea ofreciendo nueva información, plantando una pistola de Chéjov o dándole una vuelta brusca al argumento. Toda escena debe contribuir a desarrollar la historia que se está narrando.
  • Entretener: tiene que ser entretenida de algún modo. Si a mí me aburre escribirla, pues vamos mal.

Si tienes la lista que te pedí que hicieras en la entrada pasada, analiza las escenas. Pregúntate en qué contribuye cada una y pregúntate también si te entusiasma el prospecto de escribirla. Si todas tienen un propósito y los dedos se mueven solos como buscando las teclas, pues todo va viento en popa.

La variedad de las escenas

Imagina tener que comer lo mismo todos los días por el resto de tu vida. Lo más probable es que a las dos semanas ya te quieras matar. Si un equipo de fútbol hace siempre las mismas maniobras y jugadas, nunca van a meter gol; se volverán demasiado predecibles y más bien sufrirán una derrota aplastante.

Lo mismo ocurre con el mundo literario: si las escenas en una novela son todas del mismo tipo, la novela aburre y se vuelve predecible. Se necesitan escenas que hagan de ventana al mundo interno de los personajes y otras a su mundo externo. Se necesitan escenas internas y escenas externas.

Piénsalo de este modo: imagina entrar a un cine a mitad de una película. La mitad tiende a mostrar escenas interesantes, pues corresponde con el nudo, la complicación del conflicto. Aquí es donde llueven balas. Entretenido, pero, ¿realmente te engancha ver esa balacera sin tener ni la más mínima idea de por qué se están disparando siquiera porque te perdiste el inicio? Creo que la mayoría de nosotros diría que no.

¿Cómo lograr el balance perfecto? Depende de ti, del tipo de novela que tengas en la cabeza y de lo que quieras hacer con ella. A lo mejor tu novela necesita más acción externa que reflexión, pero debes tener en cuenta que necesitas de ambos tipos.

Escenas externas


Las escenas principalmente externas son las que tienden a empujar la trama hacia adelante y además son buenas para acelerar el ritmo, puesto que están plagadas de diálogo, acción y drama. Se dan cuando un personaje interactúa con el mundo exterior, algo que tiene que ocurrir a menos que tengas a un hikikomori.

Una escena externa puede ser una batalla épica con jinetes de dragón surcando los cielos, o la mala ruptura de una pareja. Involucran acción y emociones que se suceden de forma rápida.

Las escenas externas también pueden ofrecer un vistazo al interior de un personaje. El diálogo, por ejemplo, es una excelente herramienta para ello. Decir lo que pensamos y la manera en que lo decimos revela mucho de nosotros. A veces decimos cosas que no son ciertas, lo cual revela aún más.

Escenas internas

Las escenas principalmente internas revelan los aspectos de un personaje. Gran parte de nuestras vidas discurre en nuestras cabezas. Cuando sales a la universidad o a trabajar, es inevitable que pienses en cosas y esos pensamientos son únicos. No sólo eso, esos pensamientos generan emociones (¿No te pasa que a veces recuerdas algo muy vergonzoso sin motivo alguno y arrugas la cara, o cuando estás a punto de dormir tu cerebro decide conjurar la imagen de un aparecido junto a tu cama? ¿No? ¿Sólo soy yo?).

Las escenas principalmente internas muestran lo que percibe un personaje (porque a veces lo que importa no es lo que hay, sino cómo se ve). Son escenas de carácter reflexivo, para analizar lo ocurrido desde su perspectiva, o de monólogos internos con gran capacidad de generar emociones. Sirven fundamentalmente para que el lector conozca a un personaje de forma más íntima y simpatice con él (o lo aborrezca y quiera verlo muerto).

Vuelve a la lista de escenas que hiciste y marca cuales son externas y cuales internas. Si te parece que falta algo, puede que tengas que cambiar algunas cosas. Mejor ver eso ahora que en el primer borrador.

Quizá ahora te sientas listo para comenzar a escribir, y si es así adelante. Ya tienes una buena idea de lo que quieres escribir y de los personajes que participarán en la historia. Además, sabes cómo estructurar tus escenas y evaluar su calidad.

A lo mejor, sin embargo, quieres más. Quizá eres uno de esos escritores que se embarcan en una trama sumamente complicadas y no te sientes seguro sin más información. Necesitas organizarte más. En ese caso, te invito a leer la siguiente entrada, donde explicaré qué es un esquema y cómo elaborarlo.

2 comentarios

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  • ¡Me encantó esta entrada! Y concuerdo contigo en que no tiene sentido escribir escenas que no nos resulten entretenidas. ¿Por qué presentarle al lector un escena que ni siquiera nosotros mismos logramos tragarnos? ¡Uno no lee novelas buscando aburrirse!

    ¡Muchas gracias por toda esta información que compartes!

    ^_^!

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