El poder de escribir con los sentidos

Hace un par de meses, mientras revisaba unos relatos que nunca verán la luz del sol porque moriría de vergüenza, me percaté de que algunas de mis descripciones eran innecesariamente largas. Al leer con mayor atención, me di cuenta de que se debía a que usaba muchos detalles visuales en un intento de lograr que la escena fuera más vívida. Por supuesto, era un intento fútil.
Una escena descriptiva no tiene que ser larga como la Biblia para ser efectiva y entretenida (confieso que tiendo a saltarme las descripciones largas porque me aburren). Me puse a leer y estudiar concienzudamente qué provocaba que leyera algunas descripciones y otras no y di con la respuesta: las descripciones que me gustan no usan solo la percepción visual, sino los cinco sentidos.

Eso tiene todo el sentido del mundo. ¿Cómo lograr que mis descripciones fueran vívidas, si no usaba el poder de los cinco sentidos? No percibimos el mundo sólo con los ojos. Cuando vas a ver una película en tu casa y te vas a hacer unas cotufas (palomitas de maíz en otros países), te toca meterlas en el microondas y oír el siseo del aparato y el estallido del maíz mientras el olor del suculento manjar impregna la casa antes de poder saborearlas.

La vida sería aburrida con un sólo sentido. ¿Por qué habría de ser diferente con la literatura? Los detalles sensoriales ayudan a que el lector cree una conexión más íntima con lo que está leyendo.

El oído

 
El oído es nuestro segundo sentido más usado, capaz de orientarnos en el espacio con gran efectividad y producir emociones poderosas; de seguro habrás escuchado música que te ha hecho reír o llorar.
Gracias a nuestro sentido del oído, podemos añadir textura al mundo que percibimos a través de los ojos. No basta con decir el mar estaba bravo ese día. ¿Por qué no mencionar el rugido de las olas y el incesante graznido de las gaviotas? 
El sonido también es una herramienta poderosa para añadir contexto. No es lo mismo describir a un anciano postrado en la cama que decir que oía el tic toc del reloj mientras esperaba la muerte.

El olfato

El olfato nos transporta al pasado: es el sentido con la mayor capacidad de evocar recuerdos, especialmente de la infancia. Galletas en el horno, césped recién cortado, tierra mojada, alcohol, cloaca… todos estos son olores que nos dan información de forma sutil e impactante a la vez.
Nuestro padre llegó entrada la noche, borracho como siempre.
Nuestro padre llegó entrada la noche, con el alcohol en el aliento, como siempre.
Dos formas de decir lo mismo, pero me parece que me gusta más la segunda. La primera me dice que el hombre estaba borracho, mientras la segunda me lo muestra.

El tacto

El tacto es un sentido íntimo. Preferimos estar a cierta distancia el uno del otro y evitar el contacto a menos que nos sintamos cómodos. Es por eso que los buenos amigos tienden a estar cerca cuando hablan, a darse palmadas en la espalda, y otras demostraciones de afecto.
El tacto no está restringido a las personas, por supuesto. Tocamos muchas cosas a lo largo del día, algunas sin pensarlo. Otras veces es algo inconsciente, para establecer una conexión emocional. Cuando me mudé, abrí la puerta de mi habitación y me quedé contemplando el vacío por largo rato mientras acariciaba el marco de la puerta, como despidiéndome.

El gusto

Es poco común poder usar el gusto, pues es nuestro sentido menos usado, pero es igualmente poderoso. El gusto a veces dice mucho de la gente. A algunos les gusta el café negro, mientras que otros lo prefieren con más leche que café, suficiente azúcar para inducir un coma diabético y crema batida encima. También puede evocar recuerdos, como que la torta de chocolate que hacen en la repostería de la esquina sabe igual a la de tu abuela. Usa el sentido del gusto cuando sea natural hacerlo, cuando quieras resaltar las cualidades, buenas o malas, de algún sabor.

Gracias a esto, descubrí que no es necesario añadir infinidad de detalles visuales para dar realismo a una escena. ¡Sólo hace falta escribir con todos los sentidos! Cuando te toque escribir una escena, piensa qué tus otros sentidos y usa eso para meter al lector de lleno en la historia.

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