3 formas de escribir el inicio de una novela

Para un escritor, existe mucha presión al inicio de su jornada, sobre todo a la hora de decidir la forma adecuada de escribir el inicio de una novela. ¿Cómo encapsular en esas primeras páginas los aspectos generales del libro entero que atraigan al lector?

El inicio es, obviamente, lo primero con lo que se topa el lector y es la única oportunidad de engancharlo, de convencerlo de que lea la novela que tiene en las manos. Si lo que lee no le intriga ni le interesa en lo más mínimo, dejará el libro y abandonará la librería cargando otro. Es un hecho innegable.

La presión es doble porque existen muchísimas formas de comenzar un libro, todas válidas, todas efectivas a su manera. Aquí te dejo tres formas de escribir el inicio de una novela:

Prólogo

El prólogo es una herramienta flexible y útil, ya que con él se pueden establecer el tono, el género, el ambiente, era, el protagonista, el villano, etc. Su función como tal es la de introducir al lector al mundo, algún evento que influyó en él o quizá algún otro aspecto importante. El prólogo no tiene porqué ocurrir dentro de la línea temporal de la novela, pero influye en su desenlace. Tiene el potencial de mostrar eventos y personajes que instiguen la trama principal, pero que no están relacionados con el protagonista aún. Un claro ejemplo de esto es el prólogo de Eragon, en el que se presentan tanto al villano principal del primer libro como a una aliada y el catalizador que obliga a Eragon a involucrarse en la guerra más adelante.

El prólogo tiene el poder de enganchar al lector en una escena que no incluya al protagonista, que en este momento posiblemente no esté haciendo nada excesivamente interesante a menos que sea un héroe a lo Indiana Jones. El prólogo es una historia corta antes de que la historia principal tome lugar.

Una aclaratoria: no es recomendable usarlo como vertedero de información, pues interrumpe el ritmo y el tono de la historia. Es como decir «Hey, antes de leer esta historia y entenderla, tienes que saber todo esto…». Ahí violamos el famoso principio «Muéstralo, no lo digas».

In media res

In media res proviene del latín y significa “en la mitad de las cosas”. Se usa esta técnica cuando la novela empieza no por el inicio de la historia, sino en algún punto en el medio, en alguna escena interesante y llena de acción en la que el protagonista se enfrenta a un gran peligro. El resto de la historia se presenta a modo de flashbacks hasta llegar al punto en el que se comenzó la lectura. Un posible ejemplo de esto es Cien años de soledad, así como La torre oscura de Stephen King y Crepúsculo de Meyer.

Un inicio in media res puede ser increíblemente efectivo. Cuando menos, garantiza que la escena inicial sea interesante (¿quién salta al futuro para mostrar algo aburrido?) y puede causar intriga en el lector, quien querrá saber cómo todo terminó en ese embrollo. Es una excelente forma de comenzar una novela con viajes en el tiempo o los misterios del cerebro.

¿Lo malo? Este tipo de inicio está un poco trillado. Ya es relativamente común abrir una novela y leer un inicio similar al de Cien años de soledad, con el protagonista recordando su pasado antes de morir. Es un inicio de mucho cuidado porque la escena debe generar intriga para enganchar al lector e invitarlo a seguir leyendo.

La historia dentro de la historia

Esta es una historia narrada por una persona, quizá el protagonista, quizá alguien más. La historia comienza y termina en un lugar y tiempo diferentes al de la trama principal, la narrada. Un claro ejemplo de esto es Crónica del asesino de reyes de Patrick Rothfuss: Cronista descubre el escondite de Kvothe, el hechicero más poderoso de toda la historia, y éste accede a relatar su pasado desde la infancia y su auge hasta su caída.

Es un tipo de inicio similar a un in media res, con la salvedad de que suele ocurrir mucho después del fin de la historia en lugar de en el medio. Esto permite que se hagan pausas para volver a la actualidad y así dejar que transcurra algo de tiempo en la narrativa, o se hagan aclaraciones.

Una de las mayores desventajas de este tipo de inicio es que el héroe está narrando la historia, por lo que cada vez que arriesgue su vida en un acto heroico, sabemos cómo va a terminar: el tipo está vivo. Además, como la trama principal ya terminó, lo más probable es que nuestro protagonista/narrador esté haciendo algo no muy interesante para el lector. A nadie le llama la atención una escena sobre un anciano sentado en una mecedora sin nada más que hacer. Hay que añadir algo interesante para mantener al lector lo suficientemente enganchado para enterarse de que el hombre era un general que salvó a su reino de una invasión.

Esta desventaja puede reducir la tensión, por lo que es muy importante con este tipo de novelas hacer mucho énfasis en cómo pasó (lo que no sabemos) en lugar de qué pasó (lo que sabemos).

La historia dentro de una historia es, esencialmente, un flashback muy largo.

Como dije, el inicio de una novela es complicado y no hay reglas escritas: hay comienzos buenos y comienzos malos en cada categoría. Considera lo que quieres conseguir con tu novela y la impresión que quieres dejar, así como las oportunidades que ofrece cada tipo antes de elegir uno. Si ya tenías una imagen preconcebida del inicio que querías darle a tu novela, te invito a hacer una tormenta de ideas y pensar en comienzos alternativos de cada tipo.

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