Cómo evitar una Mary Sue Parte V: el camino interior

“El cambio es la única cosa en el universo que no cambia.”—Helmuth Wilhem

Cierra los ojos un momento y vuelve a tu pasado. Revive tus experiencias desde la más temprana infancia,   recuérdate a ti mismo hace cinco, diez, quince, veinte años.

Has cambiado.

No existe persona más inverosímil, más absurda que la que no cambia. De hecho, no existe tal cosa. Entonces, ¿por qué habría de existir personajes que se mueven de aquí allá cumpliendo su rol en la intrincada trama concebida por el escritor, sin exhibir el más mínimo cambio? Lo inmutable es perfecto, aburrido y apesta a Mary Sue a kilómetros.

Enfoquémonos en la realidad por ahora. ¿Alguna vez te has topado con alguien que no quiera absolutamente nada en esta vida? No hablo de las inseguridades ocasionadas por episodios depresivos o crisis de la media edad. Hablo de personas completa e irremisiblemente vacías. Yo, personalmente, nunca me he encontrado a alguien así: siempre queremos algo. Y tenemos que trabajar duro por ello porque, con toda sinceridad, la vida no es justa y nos pone las cosas difíciles.

Extrapolemos esto al plano literario. ¿Leerías una historia con un personaje que no quiere nada, quiere algo superfluo, o apenas tiene que mover un dedo para obtenerlo? ¡Por supuesto que no, nos encantan los conflictos internos! “Y Mary Sue, después de haber sido ultrajada por el Emperador Phoenix, reunió un ejército y derrotó al monarca con suma facilidad usando su rayo de energía multicolor. El Fin.

Nadie lee algo así. Queremos ver al personaje luchar contra obstáculos con todas sus debilidades y fortalezas para obtener eso que quiere, pues es el deseo inalcanzable la causa de todo conflicto. “Quiero algo que no puedo tener. Es imposible. Pero lo quiero.”

Para evitar la ausencia de conflictos internos, nuestros personajes deben:

  • Desear algo: tiene que haber algo en este planeta (o en otros, quién sabe) que este personaje quiera. Puede ser un objeto, fama, venganza, riqueza, amor, hallar su lugar en el mundo, encontrar un propósito, diversión… Sé creativo. Todos queremos algo, pero eso no quiere decir que todos queramos lo mismo.
  • Tener un problema: tiene que haber algo que le impida obtenerlo así no más. Puede ser otra persona,  un objeto, mala suerte, pobreza, exceso de confianza, irreflexividad, una enfermedad, un vicio, arrogancia, una maldición, las volatilidad de la vida que arruina sus más perfectos planes… El cielo es el límite.

Desear algo sin poder obtenerlo es lo que crea un conflicto; es lo que le da realismo al personaje, lo que logra que nosotros como lectores nos identifiquemos más fácilmente con él y lo que consigue ponerlo en movimiento.

Para ilustrar estos dos puntos, revisemos el caso de Frodo. ¿Qué quiere él? Preservar su vida, proteger lo que ama. ¿Cuáles son sus obstáculos? Bueno, aparte de la increíble variedad de criaturas buscando el Anillo Único, está el Anillo en sí, que lo tienta y corrompe. Esta es la fuente del conflicto: quiere proteger lo que ama, pero también quiere el Anillo.

Eso es lo que necesitamos, pero, ¿cómo lo ilustramos? ¿Cómo integramos la trama externa con el camino interno? ¿Cómo generamos la sensación de cambio a través de un deseo casi imposible de cumplir?

Quizá lo más sencillo es imaginar que para un personaje en un libro, hay dos caminos: uno representa la trama externa y otro el camino interior. Estos dos caminos se entrecruzan en varios puntos, cinco en total, que indican cambios internos.

  • El punto inicial: este es nuestro personaje al inicio de la historia, mucho antes de que siquiera piense en meterse en un problema que quizá no le concierne. Es aquí donde lo vemos gozando (o sufriendo) de su vida cotidiana. Puede que tenga un problema y no lo sepa, o puede que sí lo sepa y quiera arreglarlo, pero por ahora no hay motivo lo suficientemente fuerte para hacer tanto esfuerzo.
  • El salto a la acción: el salto a la acción se da súbitamente, ocasionado por una epifanía o evento trascendental que hala al personaje y lo envuelve de lleno en la trama externa. Le hace descubrir que algo anda muy mal y él tiene que hacer algo. Es así como nuestro personaje inicia su jornada para resolver el problema.
  • Escalada: las cosas se complican. La trama actúa contra el personaje para evitar que consiga lo que quiere, presentando obstáculos y pruebas cada vez más difíciles que no hacen más que aumentar la tensión y el conflicto. 
  • El momento de la verdad: Finalmente, llega la última prueba a superar. Nuestro personaje está ante una decisión difícil, casi imposible, o quizá una última batalla y está exhausto. Aquí es donde el lector contiene el aliento, expectante, ansioso por saber si el personaje se alzará victorioso o caerá miserablemente. 
  • Resolución: Este es el fin del libro, esas últimas páginas dedicadas a ilustrar lo que ocurrió después con nuestro personaje, ese final feliz o triste, o quizá amargo y dulce a la vez.
Es más fácil ver estos puntos en perspectiva. Volvamos con Frodo. Al principio de la historia, es un hobbit de la Comarca con una vida rica y normal (punto inicial), que se ve obligado a abandonar su hogar para luchar en una guerra entre el poder y la libertad debido a que posee el Anillo Único (salto a la acción).

A través de la historia, Frodo se enfrenta a diferentes pruebas, desde los ataques de los Jinetes y los Nazgûl, hasta los constantes susurros del Anillo, que tienta a quien lo vea (escalada). Tras una jornada accidentada y escabrosa, arriba al Monte del Destino, y el mundo se detiene, las estrellas observan la decisión que se avecina mientras Sam le implora que deje caer el Anillo… y entonces, Frodo anuncia su decisión: “El Anillo es mío.” (momento de la verdad). La resolución es lo que viene tras el fin de este conflicto, cuando Frodo abandona la Tierra Media.

Con estos pasos, podemos integrar el desarrollo del personaje, o camino interno, con la trama externa. Con lo que hemos desarrollado hasta ahora (personalidad núcleo, historia y atributos naturales) podemos aderezar su jornada, darle más realismo, pero es realmente su deseo y el conflicto que le causa no poder verlo cumplido lo que es el mayor motivo de tensión.

Recuerda, lo que no cambia es perfecto. ¿Quién lee la historia de un personaje perfecto?

Seguiremos la guía con la alineación moral del personaje.

Un comentario

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  • Hola, Ana.

    Primero, decir que hace poco me topé con tu blog vengo leyendo varios artículos de un tirón. Todos muy bien explicados, y con aportes importantísimos para todos los que nos embarcamos en la escritura.

    Sobre éste en particular, quisiera agregar que a veces el choque en el personaje no surge solo de sus deseos conscientes. En el libro El guión, Robert Mckee habla de cómo, en personajes complejos, existe un deseo consciente que por lo general es opuesto al insconsciente.
    Frodo tiene por deseo consciente volver a la vida en la comarca, y el objetivo para ello es destruir el anillo. Pero, inconscientemente, la aventura es justo lo que necesita para salir de su vida corriente, deseando ver el mundo tal como lo hizo Bilbo.

    Creo que el choque entre consciencia e inconsciencia puede llevar a grandes conflictos internos que, bien aprovechados, llegan a poner en juego y hacen tambalear todas las expectativas que se construyen alrededor del personaje. Todo esto, claro, bien fundamentado y sin defraudar al lector.

    ¡Saludos!

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