Cómo evitar una Mary Sue parte IV: atributos naturales

“Nunca en mi vida había visto a una persona cuya apariencia –¿cómo decirlo?—estuviera tan completamente definida por los ojos. Eran los ojos claros de su madre, pero su mirada en cierto modo fija y penetrante era incluso más marcada en el hijo, y tenía aún más fuerza y expresividad… Cuando vino a mi casa y le presenté a mi madre, ella me dijo esa noche, “¡Qué ojos tiene tu amigo!” y recuerdo particularmente que había más miedo que admiración en sus palabras.

Descripción de la Apariencia

La apariencia importa. Es lo primero que percibimos de alguien y, para ser sinceros, todos emitimos juicios basados en dichas percepciones. Asociamos ciertas características con rasgos de la personalidad, como por ejemplo, los asiáticos son genios, los judíos son tacaños, las rubias son tontas, etc. Es fácil caer en estereotipos… pero si nosotros como autores hacemos nuestra tarea y desarrollamos un personaje con personalidad, no hay de qué preocuparse. Podemos hacerlo todo un Adonis o una Afrodita y seguirá sintiéndose real por más que algunos digan que es Mary Sue. Si bien es cierto que una Mary Sue tiende a ser excesivamente hermosa (o apuesto), lo que la define como tal es su carencia de personalidad y el hecho de ser absolutamente perfecta.

Sin embargo, creo que es importante recalcar algo: muchos autores escriben párrafos enteros de descripción por cada personaje que van presentando, para que el lector puede hacerse una imagen vívida en su cabeza. No, no, no. En serio, no. No sólo es aburrido, sino también innecesario. Nosotros como lectores tenemos imaginación. Encima, tenemos nuestros propios gustos con respecto a la belleza. Probablemente sea más fácil imaginar una persona sumamente atractiva con que el autor nos deje unas pistas aquí y allá que con una descripción de dos páginas. ¿Y mencioné que es aburrido leer eso? Para ilustrar mi punto, he aquí una descripción de una Mary Sue (por suerte una parodia, sacada de la Frikipedia):

“Su nombre era Rosalia Alexandra Dadoujunikinimigakusawa. Era medio francesa, medio japonesa, medio italiana y medio rusa. Su piel, blanca como la más fina porcelana, era tersa y extremadamente suave al tacto. Su rostro, de rasgos perfectamente definidos, aún no había perdido toda la redondez infantil, otorgándole así un aspecto dulce y adorable que hacía que la gente hiciera siempre lo que ella deseaba.

Advertencia: Mary Sue

Su cabello era de un color azul turquesa muy brillante, con algunos mechones lilas, reflejos plateados, el flequillo rojo y las puntas verdes. Era muy largo, llegándole casi hasta los tobillos, y caía totalmente liso por su espalda.

Sus dos grandes ojos felinos eran como cristal coloreado, y cambiaban de tonalidad según la luz del sol. Cuando había mucha, se veían violetas. Cuando había menos, de un hermoso tono naranja mandarina. Y, claro está, en caso de que fuera un día soleado y relampagueante, tomaban una tonalidad verde escarlata.

Su rostro era la más viva expresión de la belleza y la perfección. Capaz de eclipsar a la más hermosa obra de arte, nadie era capaz de igualarla en belleza o inteligencia.

Además, poseía un cuerpo que incitaba al pecado: era alta y esbelta, con piernas fuertes y musculosas, además largas, pies pequeños, unas caderas hipnóticas y una cintura plana. Tambié poseía una desarrollada delantera y unos perfectos hombros rectos. Y la ropa que llevaba la favorecía muchísimo. Ella era una de esas chicas a las que todo le quedaba bien.”

Simplemente vomitivo, pero más común de lo que debería ser (sobretodo en el extraño y maravilloso mundo del fanfiction). Se me olvidan las caras de la gente que conozco en la vida real a las dos horas de conocerlas. En un libro no me dura ni cinco minutos (no puedo ser la única… ¿o sí?). La descripción es una herramienta vital que le añade mayor profundidad a la historia, le confiere un realismo tan fantástico como atrayente… cuando se usa de manera efectiva y concisa. Eso quiere decir que nada de párrafos largos describiendo a la peliazul tetona.

En un inicio, yo era una de las que pecaba por exceso de descripción. Era un intento de hacer que mi historia cobrara vida, pero me di cuenta de que sólo añadía más palabras sin peso (así que cuando me toque editar mi libro, la primera parte se va a llevar un buen recorte). No valía de nada hacerlo. En comparación, el párrafo que coloqué al inicio hace una excelente descripción de una única característica que domina cualquier otra. Me atrapó desde la primera palabra, entendí lo que quería expresar el autor. Por cierto, esa descripción fue sacada del diario de August Kubizek. Es sobre Adolf Hitler.

Lo que resulta mucho más agradable es toparse con descripciones concisas como estas; es decir, que el autor haya elegido un par de características clave que en cierto modo hagan alusión a los aspectos que lo definen: un bigote tan recto como una regla, unas uñas largas y bien cuidadas, unos ojos grandes, una barba de tres días, unas cejas expresivas… Las posibilidades son infinitas. Y eso es sólo con la apariencia como tal, cuando se toman en cuenta las percepciones de los otros sentidos, se torna aún más emocionante. ¿Por qué no usar aromas y sonidos? Porque juro que no recuerdo la cara del odioso conserje de mi escuela, pero sí que recuerdo que olía a cloro y grasa rancia mezclados con colonia vencida.

Y todavía hay más posibilidades cuando añadimos movimiento, porque no hay persona que se quede permanentemente en su sitio. Algunos caminan erguidos, otros encorvados, con la cabeza gacha, con los hombros hundidos, con una cojera; algunos enarcan mucho las cejas, otros no; hay gente que vive ladeando la cabeza (es como si viviera confundida), mientras que otros apenas si mueven el cuello; algunos gesticulan mucho, sus manos se mueven de aquí allá como para dar énfasis a sus palabras, e incluso hasta eso puede variar. El lenguaje corporal es tan rico como el verbal, y digno de explorarse. Todos lo entendemos a nivel subconsciente.

Lo que he agarrado por costumbre es observar a la gente, conocida o no. Miro a las personas (discretamente para que no llamen a la policía) e intento encontrar alguna característica que me llame la atención. Una cicatriz, el peinado, exceso de maquillaje, un gesto curioso… Entonces comienzo a escribir en mi libreta. Eso me ha ayudado a desarrollar descripciones más cortas y concisas que provean imágenes duraderas, en lugar del montón de información innecesaria que solía escribir antes.

Otras características deseables

Un gran atractivo sexual no es el único síntoma que exhibe una Mary Sue. Usualmente, una Mary Sue es un personaje idealizado, perfecto, por lo que tendrá otras características que el autor considera deseables. Lo más típico es que las Mary Sue sean inteligentes, determinadas, leales, valientes, creativas, tengan una voz hermosa, sepan tocar cuanto instrumento exista…

En realidad, el número de atributos deseables es sencillamente gigantesco y varía de autor en autor, porque la perfección es algo subjetivo. Es importante preguntarse si dichos atributos son necesarios o si le dan profundidad al personaje. Si hay algo irrelevante, hay que recortar.

Lo que sigue será la entrada que posiblemente trate del tema más importante de todos: el camino interior del personaje y su desarrollo.

5 comentarios

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  • Buenas noches

    Interesante. El de describir o no en detalle a un personaje es un debate recurrente, pero veo que tú y yo coincidimos. Cuando describo físicamente a un personaje, suelo hacer descripciones muy breves. Como por mi forma de narrar, las descripciones suelen ser subjetivas, hablaré del color del pelo, de los ojos, si es más bajo o alto que el personaje a través de cuyos ojos narro, si es guapo o guapa… y poco más. El resto se lo dejo al lector.

    Tomé esa costumbre, precisamente, cuando leía a algunos autores que describían mujeres guapas en función de sus gustos y resultaba que no coincidían con los míos. Así que yo, para evitarlo, digo lo mínimo y lo que al lector debe inspirarle el personaje. Si quiero describir a una chica guapa, o bien describiré cómo los hombres la miran mucho, o bien, en el diálogo interno de algún personaje haré referencia a que es guapa, pero nunca hablaré de su piel tersa, su pelo maravilloso o su figura espléndida. 😉

    Interesante tu blog. Un saludo.

    Juan.

    • Hola Juan. En lo personal, yo no describo tanto porque me aburre. Quizás en otros géneros, como el romance o la erótica, se haga más énfasis en la descripción y se recurra a características que la mayoría encontraría atractivas. Pero en otros géneros no lo amerita; es un malgasto de palabras que solo aburre, así que lo evito. Y sí, es gracioso como todas tienen la piel de porcelana y los cabellos hechos de hebras de oro aunque sean granjeras y se la pasen todos los días bajo un sol inclemente…

  • Muy buena entrada, pero tengo una duda que quisiera consultarte.

    Aquí únicamente hablas de personajes humanos. Mi historia enmarca en la ciencia ficción y, por tanto, muestra a diversos personajes alienígenas con una apariencia y características físicas distintas. ¿Hasta qué punto sería recomendable describir esas características? Sé que es bueno dejar al lector usar su imaginación, pero por otra parte no me gustaría que se hicieran una imagen mental errónea.

    Un saludo.

    Rubén.

    • Hola, Rubén. Para toda regla hay una excepción, y esta guía no pretende imponer ninguna regla, así que ya te imaginarás. A mi parecer, lo básico siempre es mejor, porque como ya he mencionado anteriormente, cien lectores formarán cien imágenes diferentes a partir de la misma descripción. Así que opino que lo mejor es dar algunas características generales y dejar que el lector haga el resto.

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