Cómo Evitar una Mary Sue Parte I: Introducción

“Una idea no tiene valor sin personajes creíbles para implementarla; una trama sin personajes es como una cancha de tenis sin jugadores. El Pato Lucas es a la historia de Buck Rogers lo que Jonh McEnroe era para el tenis. Personalidad. Ese es el tono, el tambor y el flautín. Olvídate de la trama.”

No estoy de acuerdo con Chuck Jones en esta. ¿Quién lee un libro sin trama y le gusta? Pero también se puede preguntar lo opuesto: ¿quién lee un libro sin personajes creíbles con los que podamos empatizar? Por más épica que sea la trama, encontramos difícil (o al menos yo) querer a un protagonista acartonado que de alguna forma mágica termina como el factor que decide el destino del mundo. No, tampoco me importa su novia rubia con un cuerpo del pecado.

El autor podrá hacer uso de un arsenal de herramientas de doble filo para hacer que su personaje aparente tener personalidad, como darle un acento que lo haga destacar, dotarle de gran atractivo físico, colmarlo de inteligencia, imbuirlo de encanto superficial y labia; antes de darse cuenta, termina con un personaje plano bendecido por los dioses: una Mary Sue o un Marty Stu. ¡Y por todos los dioses, ya estamos hartos de las Marisús!

Cabe destacar que el solo hecho de tener a un personaje que es un prodigio que raya en lo divino no lo hace una Mary Sue, aunque lo pone un paso más cerca. La clave está en la personalidad (o más bien, la carencia de ella). También cabe destacar que los personajes planos no son de por sí malos. A ninguno le interesa que la chica que le sirve el café al héroe en el capítulo diez es en realidad una víctima de abuso sexual, además de una superviviente de cáncer de seno que está trabajando para mantener a sus dos hermanos.

Los ogros son como cebollas.

En serio, no nos importa… no es que sea descorazonada, es que simplemente ese personaje es irrelevante para la trama, por lo que es una malgasto de papel e imaginación darle al lector la sensación de que este personaje es importante y otorgarle la oportunidad de simpatizar con ella cuando, en realidad, no debería ser así. Una buena regla general es: entre más importante el personaje, más desarrollo ha de tener. Por lo tanto, el siguiente método que voy a explicar realmente solo aplica a los personajes principales.

Antes de continuar, les advierto que éste es un método largo, pero me ha funcionado bastante bien porque aplica estudios psicológicos de la vida real a la ficción. No fui yo la que inventó esto, sino Jeff Gerke, autor de The First 50 Pages y Plot vs. Character. Gerke propone que un personaje no es real sólo por tener un pasado traumático (típico de las Sues), sino por ser como una cebolla: tiene capas. Entre más capas tenga un personaje, más matices podrá apreciar el lector y más profundo le parecerá.

Como mínimo, un personaje creíble debe tener una personalidad (su núcleo) y una historia (que no necesariamente tiene que ser traumática, dejen de matar familias). Dependiendo de estos factores, el personaje interactuará con el exterior de distintas formas, cambiando su apariencia como reflejo de su personalidad, desarrollando conceptos del bien y el mal, etc.

Empecemos con la personalidad núcleo.

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