Ana Katzen

Consejos para escribir fantasía y reseñas de literatura fantástica

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Cómo piratear libros sin joder a nadie
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Cómo escribir peleas (in)creíbles: porras, mazas y martillos
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Error de escritor #9: igualdad por todos lados
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La salsa marinera y la innovación en la escritura
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Cómo escribir peleas (in)creíbles: hachas

Cómo piratear libros sin joder a nadie

No, no estás leyendo mal ese título. Sí, esta es una entrada sobre cómo piratear libros. ¿Por qué yo, una autora, haría algo así y me arriesgaría a incordiar a todos mis colegas? Por dos motivos:

  1. Porque no hay forma de evitar que la gente piratee. Pese a esto, creo que la mayoría recurre a esta práctica porque en muchas ocasiones es más fácil o porque no tiene conocimiento de cómo perjudican al autor y los beneficios que obtienen las personas que proporcionan enlaces de descarga. Creo que la piratería NO es necesariamente dañina y que se puede realizar de tal modo que beneficie tanto al lector como al autor.
  2. Porque yo misma he pirateado libros, así que sería hipócrita si me uniera al grupo de autores que se oponen a la práctica. Prefiero ofrecer algunas alternativas a la piratería (que existen) y hacer una distinción entre la simple descarga y la descarga con consciencia. Sé que podrá parecer un concepto extraño, pero intentaré explicarlo de la mejor manera posible.

Con esta entrada no busco hacer enemigos, aunque entiendo si mis compañeros escritores se enfurecen conmigo por esto. Todo lo que pido es que mantengamos una discusión civilizada en los comentarios. Y que no insulten a mi madre, que nada tiene que ver.

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Cómo escribir peleas (in)creíbles: porras, mazas y martillos

Seguimos con la serie Cómo escribir peleas (in)creíbles. En la entrada pasada, estudiamos la versatilidad de las hachas y desmentimos algunas nociones erradas. En la entrada de hoy, nos adentraremos en el mundo de unas armas cuyo diseño es similar al de las hachas, pero carecen de filo: porras, mazas y martillos. Ya sabes, armas para machacar gente.

Antes de adentrarnos en las diferencias entre cada tipo, será conveniente que estudiemos sus similitudes. Las porras, las mazas y los martillos son armas de percusión, esto es, no causan daño por corte, sino por impacto. Cabe destacar que, a pesar de esto, no son muy pesadas. Al igual que las espadas, el peso raras veces excede los tres kilogramos. En realidad, la diferencia es que la mayor parte de la masa está concentrada hacia la punta del arma, lo cual le añade fuerza al golpe.

Esto implica que estas armas son excelentes para combatir contra armaduras de todo tipo. Como descubrimos en el apartado de espadas, es imposible cortar una armadura por más afilada que sea la hoja, por lo que el espadachín se ve obligado a dar estocadas en los puntos expuestos o a invertir el agarre para usar la empuñadura como martillo improvisado (mordhau). Claro, si tienes un martillo, no tienes que hacer nada para adaptar tu arma: un buen golpe a los brazos y romperás huesos; si asestas a la cabeza o el pecho, el golpe es letal 9 de cada 10 veces.

Incluso si el oponente lleva armadura de placas de acero, un golpe bien dado a uno de estos puntos sería mortal aunque la armadura no sufra mayores daños. El motivo es que la armadura es rígida y no absorbe la fuerza del golpe. Cierto, por debajo se solía llevar un gambesón, una prenda acolchada que facilitaba el uso de armaduras… pero no es ningún escudo. Piensa en los automóviles de la década de los 60, que estaban hechos de metal rígido, por lo que los que iban dentro quedaban muy mal en caso de accidente. En cambio, los automóviles modernos se deforman así para absorber la fuerza del impacto y evitar daños a los pasajeros.
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Error de escritor #9: igualdad por todos lados

Seguimos con la serie Errores de escritores. Esta vez hablaremos sobre esas obras que tienen igualdad por todos lados aunque no tenga sentido. Esta idea se me ocurrió después de una conversación que tuve con un lector, quien me dijo que le parecían raras algunas percepciones sexistas de Sarket, el protagonista de mis novelas. Conversación editada por spoilers:

—¿Actitudes sexistas?
—Sí. Por ejemplo, su novia es muy poderosa y de todos modos a veces tiene pensamientos sobre la debilidad física de las mujeres y esas cosas. Enor es mejor que él en las peleas y de todos modos no le gusta mucho entrenar con ella porque no le gusta la idea de golpear a una mujer. Esas cosas.

Esa noche pensé largamente al respecto. El sexismo no tiene que ser el desprecio por un sexo; también vale cualquier actitud que refuerce estereotipos y roles de género. Aclarado esto, sí, Sarket es sexista… y tiene sentido que lo sea. Tiene sentido que piense cosas como «Los hombres no lloran» y «A las mujeres hay que tratarlas con delicadeza» porque, a pesar de ser la pareja de una mujer que podría freírlo con la mirada y el aprendiz de otra que a cada rato lo estampa contra el suelo a puñetazos, su crianza en una sociedad basada en los inicios del siglo veinte se ve reflejada en sus actitudes inconscientes. Ni siquiera se atreve a insultar a Selene cuando ella hace una de las suyas:

—¡Selene! —exclamó, esgrimiendo el periódico y rojo de histeria—: ¡¿Te has vuelto lo-lo…?!
Los dientes de Sarket decidieron entonces morder su lengua para que no saliera aquel insulto, pues era un crimen impensable atacar de manera tan directa a una mujer.

¿Sabes qué no tendría sentido? Que Sarket NO fuera sexista. El feminismo es una corriente nueva e incluso en el nuevo milenio seguimos viendo actitudes que refuerzan roles de género obsoletos. A lo largo de la historia el ser humano ha discriminado por razones de lo más absurdas: no fue sino hasta finales del siglo pasado que en muchos países se dejó de criminalizar la homosexualidad; en Estados Unidos hizo falta un movimiento nacional a inicios de los 50 para que se dejaran de segregar las escuelas, los restaurantes y hasta los autobuses por raza y color (un movimiento que se cobró muchas víctimas, por cierto).

Es por esto por lo que tanto sorprende ver personajes que mantienen ideas claramente modernas en obras basadas en épocas anteriores. ¿En verdad crees que una mujer que luche por la igualdad de género en el siglo quince no sería silenciada a los dos días? Y no pienses que todas las mujeres se unirían por esa causa, porque no lo harían. Es más, asistirían dichosas a la quema de esa bruja.

¿No me crees? Permíteme darte un ejemplo extremo que te va a revolver el estómago (en serio, si no puedes leer cosas fuertes, mejor sigue bajando. El texto está en blanco, así que tendrás que seleccionarlo para leerlo.

|¿Sabes lo que es la infibulación? Consiste en eliminar el aparato reproductor femenino externo (clítoris y labios vaginales). Posteriormente se cose lo poco que resta de la vulva y solo se deja un pequeño agujero para permitir el paso de orina y sangre menstrual. El procedimiento se lleva a cabo sin anestesia, en condiciones no higiénicas y, por lo general, antes de que la niña cumpla los 10 años.

Uno podría pensar que los hombres son los principales promovedores de cualquier forma de mutilación femenina. Sin embargo, son las mujeres. La persona que hace el procedimiento usualmente es una anciana. En campañas masivas de información respaldadas por distintas ONGs, han sido las mujeres las que han opuesto mayor resistencia. Cuando distintos países africanos pasaron leyes penalizando la mutilación de una mujer, fueron las niñas las que se cortaron a sí mismas. La víctima puede convertirse en perpetrador.|

¿Y me vas a decir que un persona con ideas radicales para el siglo quince triunfaría… solo porque sí? No. Incluso si hay un iluminado que grita a los cuatro vientos que los negros no son animales, sino seres humanos, los demás rechazarán esa noción por el simple hecho de que no casa con la idea de que los negros son animales, idea arraigada desde la infancia. Esa es la realidad.

Así que aquí te dejo algunos consejos para evitar que tu novela tenga igualdad por todos lados… aunque no tenga sentido.

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La salsa marinera y la innovación en la escritura

Una de las cosas que más me impresionó al llegar a Estados Unidos fue la variedad de productos. No había una sola Coca-Cola, sino cientos de tipos: Coca-Cola de vainilla, Coca-Cola de limón, Coca-Cola de frambuesas… Hay tantas cosas que uno no puede sino preguntarse: ¿Es necesario todo esto? ¿En verdad la gente come Cheetos verde fosforescente con chispitas de cacao hindú dorados al sol de Siberia? Pues sí. Esta diversidad traza un paralelo con el arte en general y hace poco descubrí que hay cosas que la industria de la comida puede enseñarnos sobre la innovación en la escritura. Y en especial, la salsa marinera.

Advertencia: esta entrada contiene párrafos enteros sobre comida y su aplicación a la escritura. No leer con hambre (aunque si lo que tienes es hambre de leer, pues adelante). ¡No me hago responsable por asaltos a supermercados!

Si aceptas estos términos y condiciones, pues adelante:

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Cómo escribir peleas (in)creíbles: hachas

Seguimos con la serie Cómo escribir peleas (in)creíbles. Dada la gran variedad de armas, le pedí a mis seguidores de Twitter que me ayudaran a elegir cuál explorar en esta entrada. Para mi sorpresa, la gente quería hachas. Muchas hachas. En retrospectiva, no debí haberme sorprendido porque este es un blog de fantasía y seguramente ustedes quieren armar a los orcos de una vez para que vayan por ahí arrasando aldeas. ¿Ven cómo los conozco?

A lo que vamos: las hachas son armas tan eficaces que en ciertos periodos de la historia eran incluso más comunes que las espadas. A pesar de la fascinación que tenemos los escritores de fantasía por ellas, las subutilizamos en la mayoría de los casos. Por ejemplo, creamos a un grupo de forajidos cuyo líder es un hombre de espaldas anchísimas que porta un hacha llamada Cortamiembros, porque es que las hachas son muy pesadas y sólo los gigantes pueden llevar una. Todos ignoran el hacha común que usa el grupo para cortar leña… y que casi cualquiera podría levantar. Esto se debe a que los escritores olvidamos que las hachas, como los cuchillos, son herramientas.

Hachas: lo básico

Las hachas son de diseño muy sencillo: una cabeza afilada asegurada a un mango. Antes de que las usáramos para cortar miembros extremidades, las empleábamos para cortar huesos y carne de las presas que cazábamos y madera para alimentar el fuego. No pongo en duda que nos pusimos a pelear con ellas poco después de inventarlas (a lo mejor hasta tres horas después), pero este es su uso primordial.

El poder del corte no proviene del peso de la herramienta en sí. Incluso las hachas de guerra oscilaban entre el medio y los tres kilogramos de peso, lo cual es el mismo rango que las espadas y demuestra que no eran tan pesadas como se cree. La razón por la que un hachazo bien dado es tan poderoso es porque la mayor parte de la masa del arma está concentrada en la cabeza metálica, provocando que al descender el golpe imprima más fuerza. Física simple. Por eso no es buena idea talar árboles con espadas: porque la masa se concentra en la empuñadura.

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